Forges (El País, 02/010/16)
"(...) Los medios de comunicación y los grandes poderes, que son lo mismo, sueñan con un gran gobierno de concentración, igual que entonces, aunque para llevarlo a buen puerto necesitan crear una situación de emergencia.
La situación de emergencia se intenta conseguir con
dos operaciones diferenciadas. La primera es demonizar el cambio
despertando los temores y miedos más profundos. De esta forma, cualquier
posibilidad del cambio real será transmitida como el caos, que no es
otra cosa que lo mismo que era en 1980: democracia real con separación
de poderes.
La segunda operación, la más importante, es crear la
emergencia que justifique un gobierno de concentración o la gran
coalición o como quieran llamarlo. Dado que las elecciones han creado
una situación irresoluble (debido a que el pacto de izquierdas es pactar
con el demonio) y ya sabemos que unas segundas elecciones repetirán con
matices los resultados, es obvio que la situación de bloqueo continuará
después de las siguientes elecciones.
Ese es el plan que nos conducirá a
la emergencia nacional: investidura fallida, nuevas elecciones,
investidura fallida de nuevo y pocos días antes de la convocatoria de
unas terceras elecciones (en otoño), que se plantearían como el abismo,
se habrá creado la situación deseada.
Ante la imposibilidad de
formar gobierno, el peligro de las fuerzas del cambio (cada día más
demonizadas) y el riesgo de caos y hundimiento del país por unas nuevas
elecciones, tanto PSOE, como PP y Cs se verían obligados a aceptar una
Solución Armada.
Esto es, un gobierno de coalición, un gobierno por la
abstención de unos u otros, un gobierno de responsabilidad gestado por
hombres de Estado… Un gobierno, en definitiva, que pinte la fachada de
nuevo sin cambiar nada…
Una vez creada esta situación de
emergencia, el partido que lo tiene más complejo para pactar, como en
los años ochenta, el PSOE, habrá podido justificar ante sus votantes la
decisión que pudiera tomar (apoyo o abstención).
La primera prueba ha
sido el pacto con Cs y se ha saldado con una votación favorable. Si los
fieles socialistas han sido capaces de aceptar ese pacto, son capaces,
con las circunstancias apropiadas creadas, de aceptar cualquier pacto,
PP incluido. Y, muy probablemente, los votantes también.
Por
supuesto, este plan tendrá mil variantes siempre que se cumpla lo que se
pretende: cambiar algo para que no cambie nada. Puede que se ejecute
antes del 2 de mayo por impaciencia de los mercados o encuestas
electorales desfavorables, puede que se incluya a otros partidos, puede
que el presidente no pertenezca a ningún partido y sea una persona de
reconocido prestigio, puede que sea necesario eliminar de la ecuación a
Rajoy o a Sánchez o a ambos, puede que la operación salga mal como
entonces salió mal y surja un Felipe González (¿Susana Díaz?) que por
ambición se preste a hacer lo que le demandan con tal de llegar al
poder… Todo es negociable menos lo que de verdad importa: el dinero y el
poder.
También puede que evitemos que la historia se repita de nuevo…” (Luis Gonzalo Segura, Público, 02/10/16)

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