"(...) -Además de los desplomes de su cotización en bolsa, los balances
del Deutsche Bank presentan serias dudas. En septiembre de 2016 se
anunció que el Departamento de Justicia estadounidense podría sancionar a
este banco con 14.000 millones de euros, por su actuación durante la
crisis de las subprime.
Las incógnitas también planean sobre el
Commerzbank, segundo banco del país, a lo que se agrega la situación de
las cajas de ahorro y el escándalo del falseamiento de las emisiones de
la Volkswagen. Pero el dedo acusador señala invariablemente a los
países del sur…
Respecto a los bancos, cuanto mayor es su
dimensión más responsabilidad tienen. Y no quiero decir que los bancos
españoles sean totalmente inocentes. Pero la que dirigió las inversiones
especulativas desde Alemania hacia nuestro país, fue precisamente la
banca alemana privada.
Por tanto ellos son los grandes responsables de
nuestra crisis inmobiliaria, los que introdujeron un capital
especulativo que provocó el alza de precios de los productos
inmobiliarios.
Y ello, en un contexto en que los salarios en España
tendían a la baja. Llegaban capitales de todo el mundo, pero sobre todo
alemanes y en menor medida de Francia. Se pensaba que los pisos eran una
inversión segura, y que nunca bajarían los precios.
-¿Tiene el gigante alemán los pies frágiles?
Que tiene los pies de barro es evidente, pero es un gigante, porque el
Deutsche Bank ha acabado utilizando al Banco Central Europeo para su
propósito. Tenemos un BCE que, primero, ha provocado una brutal recesión
con el argumento de que no podía haber déficits presupuestarios;
tampoco podía cubrir con emisión monetaria la deuda de los países más
duramente golpeados por la crisis.
Pero después, cuando las cuentas de
los grandes bancos se mostraron hinchadas, falsificadas, llenas de
agujeros y deudas, el BCE no tuvo ningún problema en emitir miles de
millones de euros para rescatarlos.
Ocurrió con el Deutsche Bank, Dexia y
otros, también los españoles, lo que sucede es que las inversiones
están cruzadas entre ellos. Se trata de bancos que apostaron su dinero
en inversiones que no podían devolverse, y tampoco las podían cubrir con
las exigencias de solidez que impone el mismo sistema bancario.
-¿Qué ocurrió entonces?
Primero, se intentaron cambiar estas exigencias. Hemos visto que los
convenios de Basilea obligaban a los bancos a disponer de un cierto
porcentaje de capital propio. Pero esto se ha ido “relajando”. Más
todavía en Basilea II y Basilea III mediante diferentes trucos, como
permitir contabilizar determinados epígrafes como “capital solvente”,
cuando no lo son.
Y claro, en la medida en que los agujeros bancarios
empezaron a mostrar vías de agua, es decir, no se devolvía el capital en
el tiempo establecido, tuvieron que recurrir a los préstamos del BCE a
tipos de interés prácticamente nulo. (...)" (Entrevista a Ramón Franquesa, Rebelión, 06/10/16)
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