"(...) Cuenta el ministro cómo transcurrió la reunión del Eurogrupo que tuvo lugar en Bruselas el 12 de marzo de 2012.
En ella se produjo aquella foto en que Jean-Claude Juncker aprieta por
atrás con las dos manos la yugular de De Guindos.
El ministró cuenta que
aquella sesión del Eurogrupo fue “quizá la más dura que recuerdo con
España”. Y, aunque lo calla, también la más humillante para él y para
España. Porque, “el episodio del tigre saltando sobre la pieza al
comienzo de la reunión no era nada en comparación con lo que me esperaba
dentro”.
Lo que le esperaba dentro era “el tira y afloja con la cifra
de déficit”. A pesar de su resistencia a aceptar las cifras de la
Comisión, “volví a casa con un ajuste adicional de 5.000 millones de
euros bajo el brazo porque la Comisión finalmente nos fijó un déficit
público del 5,3% del PIB, medio punto menos que lo que pretendíamos.
Mantuvo el objetivo del 3% para 2013, como finalmente tuvimos que
reflejar en el Programa de Estabilidad que enviamos a Bruselas en abril
de ese año. No era en absoluto creíble, pero daba igual. Era una cuestión casi de autoridad” (la negrita es mía).
Este relato es revelador de cómo se toman las decisiones
sobre el déficit y los recortes en la UE.
Primero, se ve que la fijación
del déficit es un juego hipócrita de mercadeo político, un tira y
afloja, no una decisión basada en criterios técnicos económicos.
Segundo, releva el fetichismo del déficit de la Comisión Europea, que
deja de lado cualquier otra consideración económica (crecimiento),
social (paro, pobreza) o política (populismos). (...)
Y es también ilustrativo el abandono del objetivo de
equilibrio presupuestario a medio plazo por el nuevo gobierno del Reino
Unido después del Brexit.
Dejémonos, por tanto, de fetichismos e hipocresías. ¿Qué sentido tiene exigir a España un nuevo recorte de gasto para este año de 5.500 millones de euros?
¿Por qué lo aceptamos sin cuestionar su oportunidad y sus efectos? En
todo caso, que nos digan cuales serán esos efectos sobre el crecimiento,
el paro, la pobreza, el malestar social y el populismo político. De esa
forma, podremos verificarlo y exigir responsabilidades.
Esta última cuestión, la responsabilidad por los efectos de
las políticas, es importante. Hasta ahora la Comisión Europea actuaba
con total impunidad. Pero un fallo reciente del Tribunal de Justicia de la UE
ha dictaminado que la Comisión Europea y el BCE pueden ser juzgados
como responsables de las consecuencias de sus programas de rescate. Se
acabó la impunidad.
Ahora la ética de las reglas fetichistas e
hipócritas, como las del déficit, ha de ser sustituida por la ética de
las consecuencias. Quizá la judicial sea una vía efectiva para el cambio
de políticas. Volveremos sobre esta cuestión." (Antón Costas, 30/10/16)
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