"(...) Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es ‘lo desconocido’. Ahora todo puede ocurrir. ¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña? (...)
Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que
aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos
están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha
perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta
las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos
electorales (entre ellos el brexit).
Los grandes partidos
tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de
formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países
nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España).
El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese
fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010,
una devastadora ola populista, encarnada entonces por el Tea Party.
La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca
prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún
analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia
entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan
heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. (...)
Para muchos electores irritados por lo «politicamente correcto», que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la «palabra libre» de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.
A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que
podríamos llamar la «rebelión de las bases». Mejor que nadie, percibió
la fractura cada vez más amplia entre las elites políticas, económicas,
intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado
conservador, por la otra.
Su discurso violentamente anti-Washington y
anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos poco
cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.
Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un
partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él
mismo se define como un «conservador con sentido común» y su
posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la
derecha de la derecha.
Empresario multimillonario y estrella
archipopular de la telerealidad, Trump no es un antisistema, ni
obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a
los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y
espontáneo. (...)
Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.
1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de
frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al
público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump
suele afirmar: «No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy
compitiendo contra los corruptos medios de comunicación» [1].
En un
tweet reciente, por ejemplo, escribió: «Si los repugnantes y corruptos
medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos
a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%». (...)
2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a
Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que
ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía
globalizada está fallando a cada vez más gente, y recuerda que, en los
últimos 15 años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que
cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados
desaparecieron.
3) Es un ferviente proteccionista. Propone
aumentar las tasas de todos los productos importados. «Vamos a recuperar
el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran
país», suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.
Partidario del brexit,
Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de
sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA,
por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de
Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), y aseguró que,
de alcanzar la Presidencia, sacará al país de él: «El TPP sería un
golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos».
En regiones como el rust belt
del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas
manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este
mensaje de Trump está calando hondo.
4) Así como su rechazo de
los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos
electores republicanos, víctimas de la crisis económica de 2008 o que
tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare
(seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros
líderes republicanos desean suprimir. Tump ha prometido no tocar estos
avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver
los problemas de los «sin techo», reformar la fiscalidad de los
pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73
millones de hogares modestos.
5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds, que ganan fortunas,
y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933,
en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de
inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer
inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se
opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
6) En
política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia
para combatir con eficacia al Daesh. Aunque para ello Washington tenga
que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.
7) Trump estima
que con su enorme deuda soberana, Estados Unidos ya no dispone de los
recursos necesarios para conducir una política extranjera
intervencionista indiscriminada. Ya no puede imponen la paz a cualquier
precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como
consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN:
«No habrá nunca más garantía de una protección automática de los
Estados Unidos para los países de la OTAN».
Todas estas
propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces
nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y
platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el
por qué de su éxito.
En 1980, la inesperada victoria de Ronald
Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta
en un ciclo de 40 años de neoliberalismo y de globalización financiera.
La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo ciclo
geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que
vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le
Pen– es el autoritarismo identitario. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo..." (Ignacio Ramonet , Le Monde Diplomatique, en Rebelión, 10/11/16)
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