"(...) Íñigo Errejón ha tratado de desvincular las conclusiones extraídas
del CIS con el rumbo que debe seguir la formación para superar estos
límites, es decir, lo ha alejado del debate interno sobre la hoja de
ruta a adoptar para el nuevo ciclo político que enfrenta a los dos
grandes sectores del partido. Sin embargo, entre sus afines cunde la
sensación de que los resultados de esta encuesta poselectoral refuerzan sus ideas fuerza.
Las
tesis de la mano tendida —al electorado socialista—, más allá de a la
sociedad civil ya movilizada, de parecerse más al conjunto de la
sociedad en lugar de buscar que esta se parezca al partido, de centrar
el discurso en función de las expectativas medias sin buscar una
impugnación más sistémica o de canalizar las demandas en las instituciones y no tanto expresar el descontento en las calles.
En definitiva, el Podemos de la propuesta frente al Podemos de la
protesta o, lo que es lo mismo, el Podemos “de los que faltan” frente al
Podemos “de los que se han quedado por el camino”.
La simbiosis con el electorado desencantado del PSOE, como primer
paso para ocupar el espacio sociológico que Podemos se propuso desde su
nacimiento, tendría un mejor encaje, al menos a corto plazo, con los
presupuestos que defiende el errejonismo, y no son pocos los dirigentes
socialistas que lo han insinuado tanto en público como en privado.
Y es
que el discurso de Pablo Iglesias, más allá del tono duro por el que ha
apostado, de dar miedo a los poderosos, se percibe como más polarizador y
menos orientado a pescar en su caladero:
“Ser transversal no es parecerse al PSOE, sino a la PAH
y a otras organizaciones que se han acercado a nosotros y con las que
estoy orgulloso de caminar juntos", remachaba el secretario general
durante su intervención en la Universidad de Podemos el pasado mes de
septiembre.
La
estrategia promovida por el secretario general se fija más en el largo
plazo. En primer lugar, para asegurar la supervivencia de Podemos, evitando ser una fuerza subalterna al PSOE
y sorteando para ello hipotéticas coaliciones en condiciones de
inferioridad —como ha plasmado en su documento político estratégico la
candidatura liderada por Ramón Espinar en las primarias madrileñas—.
La
enseñanza de Izquierda Unida con el primer Gobierno de Susana Díaz está
detrás de este temor. Asimismo, aspira a una transformación social más
profunda, que evite caer en la moderación tratando de buscar réditos
electorales cortoplacistas.
Actuar como se piensa para no acabar
pensando como se actúa o, según han actualizado esta máxima al contexto
actual: evitar encerrarse en el Parlamento para no perder el contacto con la calle, con los problemas reales de la gente.
Errejón ha querido remarcar que no van "a crecer por los errores de
otros”, ha justificado la ausencia de trasvase de los votantes del PSOE,
que se quedan mayoritariamente en la abstención, porque están "en
shock” después del apoyo de esta formación a Mariano Rajoy en la investidura
y porque todavía “no ven claras las alternativas”.
Es en este punto en
el que sitúa la oportunidad para demostrar, mediante el trabajo y la
experiencia parlamentaria, que Unidos Podemos es la alternativa.
Entiende que una fuerza del cambio “suscite más inquietud”, y de ahí la
tarea de que la unidad popular “no sea juntar siglas ni banderas, sino que la gente confíe” en su proyecto. (...)" (
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