"(...) La BEP dio a conocer datos sobre 51 bancos europeos
que representan el 70% de los activos bancarios del Viejo Continente.
Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) pasó revista a otros
56 establecimientos de la eurozona, sin divulgar los resultados.
La Autoridad Bancaria Europea no se pronunció en cuanto a saber
si cada uno de los bancos sometidos a esos exámenes sería capaz de
resistir una degradación abrupta del entorno económico. Después
del examen no hubo advertencias ni órdenes dirigidas a los bancos donde
se descubrieron problemas. Los datos simplemente fueron transferidos a
las autoridades que supervisan el proceso, el Banco Central Europeo y
las autoridades nacionales. (...)
El hecho de que nadie quiera hablar del fracaso de ciertos bancos
hace pensar que se trata ante todo de una operación destinada a
tranquilizar a los ahorristas y a los diferentes actores económicos.
Las conclusiones, que hablan sobre todo de una sensible mejoría de la
situación en los bancos sometidos a las pruebas, destacan una forma de
pensamiento positivo con la esperanza de que se autorealice, como
un método de autosugestión tendiente a convencer de que los problemas
actuales no son graves (...)
Las pruebas sólo muestran lo que es evidente (fundamentalmente, las dificultades del banco Monte Paschi),
pero, debido a la manera cómo han sido concebidas, resultan más bien
inquietantes. Una fuerte recesión es el tipo de escenario que no puede
preverse. Además, el método utilizado, en aras de poder presentar
resultados aceptables, ignora la naturaleza misma de la realidad
económica, como la conexión y la interdependencia de los diferentes
agentes financieros. (...)
En todo caso, parece que el mensaje no cayó en oídos sordos ya que
la oleada –anterior a las pruebas– de declaraciones sobre el preocupante
estado del sistema bancario se vio sustituida por una especie de
pensamiento positivo que permite, por ejemplo, a la bolsa considerar
favorablemente proposiciones que hasta los mismos protagonistas
consideraban irrealizables, como una fusión entre el Deutsche Bank y la Commerzbank [3], dos establecimientos que mostraron debilidades en las pruebas de resistencia. (...)
De los 51 bancos sometidos a las pruebas de resistencia, 10 –como el español Banco Popular, el irlandés Bank of Ireland, el primer banco de Italia Unicredit y el Deutsche Bank, considerado este último como «el banco más riesgoso del mundo»
por el Fondo Monetario Internacional (FMI) (con 72 000 millones de
dólares de productos derivados en su cartera, lo cual es 20 veces el PNB
de Alemania) [5] presentan puntos frágiles, aunque pasaron los tests.
El Deutsche Bank obtuvo, al igual que el Commerzbank, un ratio CET1 inferior a 8%. Pero en los años 1980, el Banco de Pagos Internacional (BPI [6])
adoptó una regla que los establecimientos bancarios están obligados a
respetar. Según esa regla del BPI, los bancos pueden obtener préstamos
que representen 12,5 veces el monto de sus capitales propios para
financiar sus activos, lo cual corresponde al ratio llamado CET 1, que
debería ser superior al 8%.
Después de las turbulencias de la crisis
financiera de 2008, Alan Greenspan, entonces presidente de la FED
–el banco central estadounidense–, elevó sus exigencias proponiendo un
múltiplo de endeudamiento de sólo 10 [7]. La gran mayoría de los bancos sometidos a los stress test están muy por debajo de esa exigencia. (...)
Esas pruebas también subestimaron los peligros más importantes.
Por ejemplo, los riesgos que representan los derivados se calculan
basándose en la bancarrota del comprador y/o del vendedor, pero en caso
de bancarrota el peligro raramente concierne sólo a esas dos partes sino
que se extiende a toda la cadena [8]. (...)
El Centro de Gestión del Riesgo de la Universidad de Lausana
ha perfeccionado un modelo diferente de evaluación, no basado en los
valores contables sino en los precios de mercado de los activos
bancarios. Sus resultados son mucho más negativos que los anunciados por
la Autoridad Bancaria. Al registrar las pérdidas acumuladas desde
diciembre de 2015, las necesidades de recapitalización de los bancos
estarían, según la Universidad de Lausana, alrededor de los
882 000 millones de euros en junio de 2016 [12].
También hay que ver que, según Diane Pierret, de la Universidad
de Lausana, si se hubiesen aplicado las reglas estadounidenses
de evaluación, igualmente basadas en los valores contables pero
más estrictas, 29 bancos europeos no habrían logrado pasar el test. Sólo
los grandes bancos públicos tendrían que ser recapitalizados con unos
92 000 millones de euros [13]. (...)
El instituto alemán de investigaciones económicas ZEW, que realizó
pruebas de resistencia según este método estadounidense, confirma esos
resultados. Ese instituto estima que
«Los bancos europeos no disponen de fondos suficientes para compensar las pérdidas previsibles en caso de nueva crisis financiera» [14].
El estudio del ZEW indica que las faltas de fondos más importantes se elevan a 19 000 millones de euros, en el caso de la Deutsche Bank, a 13 000 millones, en el caso de la Société Générale, y a 10 000 millones de euros en el caso de BNP Paribas.
Según ese mismo estudio, los 51 establecimientos europeos sometidos a
la prueba necesitarían entre todos un total de 123 000 millones de
euros.
Y no se trata de estudios aislados. Estos estudios son consecuencia
de otras investigaciones que demuestran que el sistema bancario europeo
es más frágil y menos resistente ante un choque importante que
los bancos estadounidenses. (...)
En 2012, las 5 instituciones que más riesgo presentaban eran el Deutsche Bank, el Crédit Agricole, Barclays, el Royal Bank of Scotland y BNP Paribas. El estudio se actualizó en diciembre de 2014 y la clasificación fue similar, con BNP Paribas, el Deutsche Bank, el Crédit Agricole y Barclays en los cuatro primeros lugares y el Royal Bank of Scotland en sexto lugar después de haber dejado el quinto lugar a la Société Générale [15]. (...)
si se utiliza el método de la Universidad de Lausana, si ciframos las
necesidades en capital (cálculo que la Autoridad Bancaria Europea
no hace) en base a los actuales valores de mercado, las cosas resultan
ser todo lo contrario y aparecen entonces a la cabeza de la
clasificación de bancos con problemas 3 establecimientos franceses
–siendo el primero BNP Paribas– con el Deutsche Bank en cuarto lugar.
Por ejemplo, según los cálculos semanales del centro de crisis
helvético, ante una crisis severa –o sea, ante pérdidas de un 40%
en 6 meses en los mercados mundiales de las acciones– las necesidades de
recapitalización de BNP Paribas ascenderían a 93 000 millones de euros [17]. (...)" (El Viejo topo, 1 noviembre, 2016, Jean-Claude Paye)
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