“Spanish are made of talent”. Con este titular, encontramos la
campaña publicitaria de Clear Channel sobre los londinenses y los
rincones de mayor visibilidad de la ciudad: Picadilly Circus, Shoreditch
High Street, Oxford Circus.
Grandes paneles dicen: talento, España,
españoles. No hay posibilidad de negar que apostar por el producto
nacional es un caballo ganador que no solo debe, sino que tiene que ser
exportado. No cabe duda que ha traspasado las fronteras, pero no de la
forma que el marketing nos presenta.
En Londres, las cocinas y las trastiendas están repletas de ese talento made in
Spain. Tienen que saber que de cada cuatro locales a los que pasen en
una ciudad como la capital inglesa, entre bambalinas está ese talento
que se anuncia en letras mayúsculas. Menospreciado.
Vilipendiado.
Luchando por hacerse valer en una tierra que no es la suya y en un
idioma que ha de aprender por falta de oportunidades en su casa, tal que
el español hecho de talento se ve soltado como si estuviera recién
nacido en un mundo que es cruel con aquel que ha tenido que empezar.
Aparecen pues, una serie de caras que muestran con un pequeño párrafo la
hazaña de tales compatriotas. Está bien, siempre y cuando los que
trabajen esparcidos a lo largo y ancho de las arterias londinenses no se
sientan ofendidos.
Porque están, estamos, en las cuadrillas de limpieza
y en fila detrás de las barras, del lado del servicio, sirviendo. Pero
como Dios, somos servidores pero no sirvientes. Y vemos ese cartel, que
primero nos grita ¡Españoles!
Y tras el toque de atención nos dice:
“tenéis talento”. Si vieran la cara de estúpidos que se nos queda,
cuando frente a estas misivas esperamos la sucesión de personas
ejemplares que conforma la generación de talentos de la madre patria.
Esa de la que estamos fuera. De momento.
Mientras, los de este lado de la barra solo podemos mirar. Somos el
hemiciclo mudo. Del otro lado del corral, están todos los que han estado
un año discutiendo y piando en un ruido incesante sin formar gobierno.
Es el patio del colegio de los diputados. Cuando se hace el silencio, o
se haga en un futuro que no dista de un día tal como hoy, solo diremos
una frase: ¿No os da vergüenza?
Desafortunadamente, sabemos la respuesta
de antemano desde este lado del silencio. Ellos no pierden nada en el
parloteo, que es nada más que eso, un cacareo sin fin que sustituye a
las acciones que el trabajo que les corresponde debería ocupar. A todos
aquellos que están en el extranjero o en países que nos dieron
oportunidad cuando el nuestro propio solo discrepaba: os llamo a filas.
Estos caciques deben caer en el silencio en el que tanto tiempo
nosotros hemos tenido que velar. Porque en cualquier moción de censura,
siempre el tiempo es limitado. Se les acaba, señores. Todos los que
estén en el exilio sin razón, miren la pantalla de ese anuncio de nuevo y
con la idea ardiendo de que esas personas con talento no son más que
nosotros, hagan aparición de su voz y rechacen sentarse del lado que
escucha.
Nos toca dejar de ser el hemiciclo mudo. Porque su turno ha
sido hoy, el del mañana es nuestro. Un país no se hace a base de
discrepancias, sino con acciones. A todo aquel que solo vea como opción
de volver unas oposiciones, le digo que no tenemos nada que perder en
alzar nuestra voz ausente por tanto tiempo.
El verdadero talento debe
estar donde le pertenece, más allá de la adversidad que supone estar
lejos de casa y de los nuestros; son ellos la mayor motivación pues, que
nos ha de dar la fuerza para volver y reclamar lo que nos pertenece, no
podemos seguir dejando nuestro pueblo en manos de inútiles. Hay un
tiempo de expiración para echarle la culpa al tercero. Nos toca coger el
turno. Y que se retiren todas esas gallinas, que España tiene talento,
pero en la gente que permanece de pie, no en el hemiciclo sentado." (Fernando Arias, La Marea, 06/11/16)

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