"(...) Pregunta: ¿Cómo llega Argentina a la crisis de 2001?
Respuesta: El gobierno de De la Rúa comenzó a tener
inconvenientes que eran previsibles. Tenía un compromiso con la
convertibilidad por 10 años, pero ya había muerto la convertibilidad
[del peso con el dólar], no existía, sólo había que firmar el
certificado de defunción.
La situación fue empeorando, De la Rúa no nos
escuchó y llegó un momento en que hizo eclosión en la calle, en la
gente, y Argentina estuvo al borde de una guerra civil. Unos cinco días
antes del derrumbe la Iglesia nos convoca a De la Rúa, [Raúl] Alfonsín y
a mí y le dijimos que estábamos con él si aceptaba cambiar, porque la
situación era insostenible. Estaba como un boxeador como cuando le pegan
una trompada”.
P. ¿Había riesgo de una guerra civil?
R. Se perfilaba un enfrentamiento, la gente estaba
armada en los techos porque temía que los más humildes los atacaran, una
situación muy convulsionada. Un solo dirigente de mi partido aceptó la
presidencia, Adolfo Rodríguez Saá, uno de los mejores gobernadores de aquella época.
P. ¿Por qué Rodríguez Saá estuvo sólo 5 días en el cargo?
R. Porque a la semana tuvo un ataque de pánico.
Estaba desplegando en Chapadmalal (Mar del Plata) su presupuesto y era
muy verborrágico. De pronto ve en la puerta que había gente haciendo
bochinche (ruido), y vio eso y subió al primer piso donde estaban las
habitaciones, se puso en posición fetal en la cama y dijo “me quieren
matar, me quieren matar”. En la puerta estaban los que trabajaban en los
hoteles que querían hablar con el secretario de Turismo. Pero Rodriguez
Saá se fue.
P. ¿Eso venció su negativa a asumir?
R. Yo no quería asumir, no quería saber nada. Pero
el 31 de diciembre de 2001 estaba en mi casa preparando la mesa para
despedir el año y me llama el doctor [Raúl] Alfonsín. Me dice “Duhalde,
no le puede seguir sacando el culo a la jeringa, va a ser responsable de
una matanza en la Argentina. Piénselo, tómese una hora pero esto no
aguanta más porque se está incendiando el país.
A la hora me vuelve a
llamar y le dije: “No asumo hasta tener tres ministros suyos, porque
esto es un cogobierno”. A las 10.30 de la noche me llama y me da los
nombres de dos ministros, para Defensa y Justicia, y así asumí al otro
día a las 10 de la mañana”.
P. De la Rúa insiste en que fue víctima de un golpe de Estado orquestado por el peronismo…
R. La verdad es que De la Rúa no sabía lo que
pasaba. Yo lo quiero mucho, es un buen hombre, pero no estaba bien. Un
estrés muy prolongado hacía que tomara remedios y no sabía muy bien lo
que pasaba. Tanto es así que cuando él renuncia había 32 muertos
producto de haber declarado un estado de sitio innecesario, Y no dice
una sola palabra sobre ellos. Pasados unos años dijo “porque no sabía”.
P. ¿Cuál era el clima social?
R. Yo no podía llegar a asumir, estaba todo cortado,
con la gente y la policía en la calle. “Que se vayan todos” era el
grito de guerra de la gente. Estuve rodeado, los primeros cuatro meses,
por muchas personas que todas las noches estaba con los bombos, bum,
bum, bum en [la residencia oficial de] Olivos.
En enero le tocaba a
Argentina hacerse cargo de la presidencia del Mercosur y los presidentes
no querían venir porque tenían miedo. Vinieron, pero tuvieron que
quedarse a vivir en Olivos porque no podían salir”.
P. ¿Qué hizo para administrar la crisis?
R. Conformamos un gobierno patriótico con tres
objetivos: mantener el sistema democrático, pacificar el país y cambiar
el modelo económico social que estaba basado en la convertibilidad y eso
hicimos. Poco a poco, al salir de la convertibilidad, empezó a moverse
el sector productivo y ya en julio salimos de cuatro años de recesión.
Terminamos el año con 12 mil millones de superávit y la inflación bajó
al 3% y en los primeros días del otro año el país ya crecía al 7%, hubo
un rebote. Pero el derrumbe no fue sólo estructural sino emocional, la
gente estaba muy mal y hubo que rearmar el tejido social.
P. ¿Cómo resistió la presión de aquellos días?
R. La situación prefiero no recordarla, estaba muy
estresado. Llegué a ver cosas que no existían, en Olivos llegué a ver un
río. Le dije a mi esposa “¿no ves un río?, esos son los peces”. La
gente se pregunta por qué uno no quiere seguir y no entiende que el
esfuerzo es tan grande que corre el riesgo su integridad física y
mental. Te volvés loco.
P. ¿Argentina puede vivir otra crisis como la de 2001?
R.Yo creo que no, quiero creer que no. Además trabajo para que así sea." (El País, 15/12/16)
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