"Existe una realidad casi global que consiste en que las rentas del
trabajo cada vez pesan menos en la renta nacional, fruto de dos
factores. Por un lado, un progresivo descenso de la ocupación, en parte
por los avances tecnológicos y el descenso de la inversión privada, y,
por otro lado, la pérdida de poder de negociación de los trabajadores.
Estos dos elementos han sumido a millones de personas, que otrora se
creían que pertenecían a esa entelequia llamada “clase media”, en la
pobreza, aunque estén ocupadas. Esta nueva forma de pobreza, que no es
fácilmente medible por la metodología un tanto obsoleta y antigua que se
utiliza, está fraccionando las sociedades y generando un caldo de
cultivo para el nacimiento de nuevas formas de fascismo, disfrazadas de
democracia.
Esta parte de la población, que en muchos casos tampoco
tiene cobertura sindical, es la que estaría, por ejemplo, detrás de la
victoria de Trump, gracias sin duda al abandono de las clases
trabajadoras por parte de las últimas administraciones demócratas,
partido que ya no es reconocible como defensor de estos percentiles
bajos de renta. (...)
Las consecuencias macroeconómicas potenciales de un descenso continuo de
la participación de la renta del trabajo en la renta nacional pueden
ser importantes; entre otras cosas, el efecto restrictivo sobre la renta
y el consumo de los hogares puede contribuir al estancamiento de la
demanda agregada y socava los incentivos para que las empresas
inviertan, debido a la incertidumbre de las futuras fuentes de demanda.
Es esta insuficiencia de demanda, frente a la miopía de los defensores
de la economía de oferta, lo que está produciendo el estancamiento
estructural que tienen muchas de las economías analizadas. (...)
En los países más dañados por la crisis, la participación de los
salarios es donde ha descendido más, tato en nivel como en porcentaje.
Lidera el proceso Grecia, seguido de Irlanda y España. En el caso
española, como también el italiano, las sucesivas reformas han dejado a
los asalariados sin poder de negociación y a merced del capital, que ha
visto agrandar su parte de la tarta, sin apenas lucha social.
Este
abandono de la lucha hay que entenderlo en el pacto tácito de rentas, a
la baja, que los partidos socialdemócratas, como el PSOE y los
conservadores, como el PP, han llevado a cabo durante sus respectivos
mandatos.
En resumen, la pérdida de peso de los salarios, medida más relevante que
el incremento nominal de la retribución, indica hacia dónde vamos desde
los años 90. La progresiva financiarización de la economía, y los
sucesivos shocks tecnológicos, han dejado al factor trabajo fuera del
escenario central que tuvo desde el final de la II Guerra Mundial.
Las
coaliciones políticas, como las que han practicado las mal llamadas
terceras vías, han terminado por hundir a las clases trabajadores
prácticamente en todas las economías desarrolladas. Roto el pacto
social, la era de un nuevo fascismo encubierto ha empezado a tomar el
poder institucional. Y mientras hablando del piso de Escolar." (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 14/11/16)
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