19.12.16

La pérdida de peso de los salarios en la renta nacional contribuye al estancamiento de la demanda agregada y al estancamiento estructural de las economías

"Existe una realidad casi global que consiste en que las rentas del trabajo cada vez pesan menos en la renta nacional, fruto de dos factores. Por un lado, un progresivo descenso de la ocupación, en parte por los avances tecnológicos y el descenso de la inversión privada, y, por otro lado, la pérdida de poder de negociación de los trabajadores.

 Estos dos elementos han sumido a millones de personas, que otrora se creían que pertenecían a esa entelequia llamada “clase media”, en la pobreza, aunque estén ocupadas. Esta nueva forma de pobreza, que no es fácilmente medible por la metodología un tanto obsoleta y antigua que se utiliza, está fraccionando las sociedades y generando un caldo de cultivo para el nacimiento de nuevas formas de fascismo, disfrazadas de democracia. 

Esta parte de la población, que en muchos casos tampoco tiene cobertura sindical, es la que estaría, por ejemplo, detrás de la victoria de Trump, gracias sin duda al abandono de las clases trabajadoras por parte de las últimas administraciones demócratas, partido que ya no es reconocible como defensor de estos percentiles bajos de renta.   (...)

Las consecuencias macroeconómicas potenciales de un descenso continuo de la participación de la renta del trabajo en la renta nacional pueden ser importantes; entre otras cosas, el efecto restrictivo sobre la renta y el consumo de los hogares puede contribuir al estancamiento de la demanda agregada y socava los incentivos para que las empresas inviertan, debido a la incertidumbre de las futuras fuentes de demanda.

 Es esta insuficiencia de demanda, frente a la miopía de los defensores de la economía de oferta, lo que está produciendo el estancamiento estructural que tienen muchas de las economías analizadas.  (...)

En los países más dañados por la crisis, la participación de los salarios es donde ha descendido más, tato en nivel como en porcentaje. Lidera el proceso Grecia, seguido de Irlanda y España. En el caso española, como también el italiano, las sucesivas reformas han dejado a los asalariados sin poder de negociación y a merced del capital, que ha visto agrandar su parte de la tarta, sin apenas lucha social. 

Este abandono de la lucha hay que entenderlo en el pacto tácito de rentas, a la baja, que los partidos socialdemócratas, como el PSOE y los conservadores, como el PP, han llevado a cabo durante sus respectivos mandatos.

 En resumen, la pérdida de peso de los salarios, medida más relevante que el incremento nominal de la retribución, indica hacia dónde vamos desde los años 90. La progresiva financiarización de la economía, y los sucesivos shocks tecnológicos, han dejado al factor trabajo fuera del escenario central que tuvo desde el final de la II Guerra Mundial.

 Las coaliciones políticas, como las que han practicado las mal llamadas terceras vías, han terminado por hundir a las clases trabajadores prácticamente en todas las economías desarrolladas. Roto el pacto social, la era de un nuevo fascismo encubierto ha empezado a tomar el poder institucional. Y mientras hablando del piso de Escolar."             (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 14/11/16)

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