25.1.17

¿Cómo hacer que los gobiernos reduzcan el incremento de las desigualdades que tienden a desatar fuerzas que pueden terminan provocando conflictos importantes?

 "La (muy) desigual distribución de los frutos de la globalización entre los distintos grupos de la población mundial ha provocado un descontento social sin el cual fenómenos políticos como el Brexit o la victoria de Trump son difícilmente explicables.

 Como dice el propio Milanovic en una entrevista publicada recientemente en The New Republic, “¿[hay gente que] piensa realmente que Trump, Brexit, Le Pen, el auge de muchos partidos populistas de derechas en Europa, etc. no tiene nada que ver con la economía?

 ¿Que de repente todos estos nacionalistas y nativistas excéntricos se han unido gracias a los medios de comunicación para derribar el orden establecido?”. El siguiente gráfico ilustra este “auge del votante cabreado”.



Fuente: Marvin Barth (Barclays).

Efectivamente, es probable que esta “política del cabreo” sea un reflejo nítido del trilema de Rodrik, de acuerdo con el cual democracia, soberanía nacional e integración económica global son incompatibles: podemos combinar cualesquiera dos de los tres, pero no tener los tres al mismo tiempo. Con todo y con eso, Milanovic sigue pensando que la globalización es un objetivo deseable porque “reduce los obstáculos entre la población del mundo”.

 Pero entonces, ¿cómo hacer que los gobiernos reduzcan el incremento de las desigualdades que tienden a desatar fuerzas que pueden terminan provocando conflictos importantes? 

En este punto Milanovic mencionó expresamente dos vías.

 La inversión en capital humano, que reduciría el número de “perdedores” de la globalización porque estarían mejor preparados para competir en la escala global, y algo a lo que se refirió como “give people financial assets”, es decir, otorgar un capital a todos los ciudadanos al cumplir la mayoría de edad (para asegurarnos, por ejemplo, de que nadie se queda fuera de la Universidad no porque tenga escasez de capital humano, sino financiero).

 La primera medida aumentaría el capital humano de la gente, la segunda su capital financiero.

Y es que según Milanovic, en un contexto en el que la globalización ha limitado significativamente el ámbito de actuación de los gobiernos en materia de política económica, dirigir la intervención pública no tanto a compensar a los “perdedores” de la globalización sino a dotarles de un capital (humano y financiero) tal que evite que se conviertan en “perdedores” es una orientación de política económica que merece la pena explorar."           (Entrevista a Branko Milanovic, Borja Barragué, Agenda Pública, 09/01/17)