9.1.17

La prolongación de la política de flexibilidad cuantitativa es un síntoma de la desesperación de la UE ante una situación de estancamiento que se enquista

"(...) La economía europea está fuertemente afectada por una gran crisis de solvencia del sistema bancario. Los epicentros de dicha crisis se sitúan en Italia y Alemania. Comenzando con los casos del Deutsche Bank, Monte Paschi y Unicredit, se pueden sacudir los cimientos de la arquitectura económica de la UE, tan obsesionada en sostener el sistema financiero privado como incapaz de encontrar una solución no lesiva para la mayoría.

En un contexto de bloqueo en el Consejo Europeo, la política económica de la UE y sus Estados miembros está caracterizada por una política fiscal inerte que, a lo sumo, va a verse matizada por las nuevas exigencias de rearme de Europa, ante la retracción del compromiso de EE UU con la OTAN.(...)

A pesar de la previa medicina de caballo, en materia de austeridad y financiarización, la recuperación ha sido muy débil y gran parte de la economía europea apenas ha podido pasar de la recesión a un semi-estancamiento con tendencias deflacionistas. Ahora bien, es cierto que se ha pasado a una fase nueva. (...)

La prolongación de la política de compra de activos y flexibilidad cuantitativa es un síntoma de la desesperación de la UE ante una situación de estancamiento que se enquista. Sin duda, la decisión de hacer descansar la mayor parte de la política económica en la política monetaria, tiene como una de sus causas la dificultad para salir de un síndrome de “semiestandeflación”. 

Aunque hay algunos signos de cambios, aún resulta demasiado débil la modificación de las pautas en la política fiscal y de gasto a escala nacional. Pautas que, sin embargo, siguen bloqueadas a escala del Consejo Europeo que sigue aprobando recortes en el presupuesto europeo, manteniendo el Marco Financiero Plurianual encorsetado en términos de volumen, o inhibiendo cualquier iniciativa de fortalecimiento de la capacidad fiscal en la eurozona. 

Pero, como venimos señalando, la crisis del sistema bancario encierra posiblemente el principal factor explicativo de la intervención sistemática del BCE en los términos en que lo hace. El recurso a la política monetaria ultraexpansiva representa así una huida hacia delante.

Pues bien, el fracaso de Renzi en el pasado referéndum, que contenía detrás una propuesta para centralizar poder y así acometer medidas para la crisis bancaria italiana favorable al establishment, puede haber desencadenado la última pauta del BCE, persistiendo en su política de tipos de interés nominales nulos, lo que entraña contar con una inaudita política de tipos reales negativos.  (...)

Tal y como advierte el economista Sergi Cutillas, el propósito consiste en amortiguar o retrasar los efectos de la crisis bancaria, mientras se decide qué hacer para rescatar a la banca italiana insolvente.(...)

la crisis italiana causaría un fuerte impacto en la banca alemana, también en dificultades, porque es la principal acreedora de la banca italiana, aunque cabe afirmar que, dado el tamaño económico de Italia, la crisis en dicho país contagiaría al resto de la UE. 

Sea como fuere, merece la pena advertir que el nuevo programa del BCE será insuficiente para insuflar los recursos financieros necesarios a los países periféricos, con un sistema financiero en peores condiciones, porque la distribución del programa de compras no se hace en función del tamaño de los problemas, sino del peso económico de cada país, y habrá países que recibirán este estímulo sin necesitarlo y aquellos que lo necesitarán no dispondrán de él. 

La política monetaria del BCE está siendo completamente ineficaz para promover la inversión, dada las bajas tasas de rentabilidad de la economía. En un contexto así, la política monetaria no puede animar por sí sola la inversión. Cabe decir que no se puede llevar más lejos esta política de tipos de interés nominal cero. 

En la práctica, la economía está encerrada en tipos de interés reales negativos (tipo de interés menos la inflación), conduciendo a que el exceso de liquidez se destine a tapar agujeros de insolvencia, pero no a nuevas iniciativas de actividad. Esta política del BCE ocasiona una situación de riesgo moral en favor de beneficios particulares, esto es, grandes corporaciones privadas ligadas a las finanzas y el sistema energético e industrial fosilista, especialmente en los países económicamente pudientes."                   (Daniel Albarracín, Viento Sur, en Economía crítica y crítica de la economía, 21/12/16)