16.3.17

Wilders pierde... pero el ganador 'le comprende', se frena a la ultraderecha a un gran coste: se asume parte de su agenda... y pierde la izquierda, los socialdemócratas pasan del 24% a un residual 6% de los votos

 "(...) los Países Bajos han votado por un gobierno de centro escorado a la derecha y ninguna posible formación progresista podrá hacerse con las riendas.

Sea como fuere, aunque la posibilidad siempre hubiera sido remota, Wilders no gobernará. Ahora bien, había logrado una victoria parcial antes de empezar. La extrema derecha no necesita tocar el poder para influir en las políticas.

 Su programa no ocupaba más de un folio, pero como dice el investigador Maarten van Leeuwen, autor de una polémica tesis sobre los discursos parlamentarios holandeses desde un enfoque lingüístico que le tachaba literalmente de “fascista”, “Wilders ha presentado su opinión como un hecho irrefutable”.

En este sentido, la sociedad de abogados holandesa ya denunció que cuatro de los principales partidos políticos que hoy tienen representación parlamentaria se han comprometido a tomar medidas en materia de inmigración “abiertamente discriminatorias”, ilegales y contrarias a la Constitución.

Wilders gana la batalla cultural

Algunas ideas ultraderechistas han calado en la sociedad holandesa. Así lo reflejaba una estudiante de 23 años, Kelsey Kolerbrander, después de depositar su voto en las urnas. La joven declaraba haber apoyado al Partido Animalista, se desmarcaba de su familia, “que ha votada en masa al PVV” y atacaba a su líder por no tener un plan.

Aunque, sostenía, las personas que vienen a su país deben de adaptarse a los valores holandeses. “En esta cuestión tengo una visión conservadora. No me importaría echarles si fuera necesario”.

Incluso Rutte llegó a hacer suyo el lenguaje wilderiano con un carta abierta para “aclarar lo que es normal y lo que no en nuestro país… Actúe con normalidad o váyase”, que escribió en enero. Por lo tanto, si uno mira el resultado político la derrota se vislumbra irrefutable, pero la larga batalla por las ideas continúa. Se lo dijo el ultraderechista a los periodistas después de votar el miércoles en La Haya: “El genio no volverá a la lámpara y la revolución patriótica tendrá lugar igualmente”.

Lejos de un Ámsterdam que ha estado siempre a la vanguardia del liberalismo, donde el domingo se sucedieron demostraciones en favor de la Unión Europea y el PVV fue el sexto partido, el panorama es distinto: la inmigración y la integración europea son la cuestiones nucleares que quedarán aparcadas por la incapacidad de los partidos tradicionales.

 “¿Y ahora qué? ¿Volverán nuestros políticos a decirnos que nuestro peores mal han sido derrotados?”, se preguntaba Tom, un holandés europeísta de padre canadiense y madre alemana. Y sentenciaba premonitorio: “El estancamiento de nuestro país continuará”.

Sin un horizonte prometedor

La percepción que se respiraba en algunas ciudades era como si un sentimiento recorriera cual neumonía la espina dorsal de los votantes: los partidos hasta hoy hegemónicos parecen carecer de la capacidad, el coraje y la iniciativa para abordar las cuestiones que dividen a su sociedad y ofrecer propuestas tanto alternativas como realistas.

 “No me siento orgulloso de ser holandés”, señalaba un hombre de unos 70 años que llegó al colegio electoral de Leiden en bici y fumando en pipa. No quería ser identificado, aunque señalaba haber votado al candidato ultraderechista porque “estamos hartos de los partidos tradicionales.

 No son capaces de dar respuesta a los problemas”. En este contexto, Wilders se ha alzado con éxito como el iconoclasta de las élites cosmopolitas incrementando en cinco los escaños de su formación. (...)"                    (Ekaitz Cancela, Ansterdam, La Marea, 16/03/17)

"Los resultados electorales en Holanda dejan una cosa clara. Las sociedades más prósperas también son infelices. Desde luego, en términos políticos.  (...)

 Geert Wilders ha obtenido 20 escaños, dos millones de votos y su partido es la tercera fuerza política. Proponiendo, entre otras cosas, sacar a su país del euro. O incluso de la UE: el ‘Nexit’.

Wilders, desde luego, no tenía ninguna probabilidad de gobernar (el cordón sanitario ha funcionado y ningún partido ha querido nunca pactar con el PVV), pero sí que ha enviado una señal a toda Europa. Su derrota es una victoria parcial. 

El primer ministro Rutte ha ganado haciendo un guiño a muchos de los potenciales electores de Wilders, utilizando el conflicto con Erdogan como una catapulta política para demostrar a la opinión pública que también los liberales saben parar los pies a los ‘expansionistas’ otomanos.

Lo preocupante de los resultados, aunque podía haber sido peor, es, precisamente, que los partidos que gobiernan Europa ‘compren’ la mercancía Wilders, es decir, hagan guiños a soluciones populistas para no perder votos, lo que provocaría tensiones entre culturas impensables hace pocos años. 

Y no parece descabellado pensar que la propuesta del núcleo duro de la UE de avanzar en una Europa a múltiples velocidades (es absurdo pensar que solo habrá dos) va en esa dirección.

No es, desde luego, el único caso, pero sí es significativo el ejemplo holandés, porque los Países Bajos, con su educación calvinista y sus elevados niveles de tolerancia, han constituido históricamente una de las sociedades más abiertas y liberales de Europa. Algo que ha manejado el propio Wilders en la campaña —frente al machista Trump— con su defensa de los derechos de los homosexuales y de las mujeres.

Un silogismo eficaz

De hecho, aquí está la paradoja, muchos han votado a Wilders, precisamente, porque ha sido capaz de construir un silogismo políticamente eficaz: inmigración e islamismo son sinónimo de fanatismo y terrorismo, y, por lo tanto, para evitarlos hay que votar al Partido por la Libertad (PVV por sus siglas en holandés). 

Es decir, la mejor defensa del holandés medio, según ese silogismo, es un buen ataque al extranjero. En particular, el islam.

Para construir su falacia, Wilders ha contado con unas circunstancias excepcionales. Holanda ha sido gobernada desde 2012 por una gran coalición entre los liberales y los socialdemócratas, 80 escaños de 150 en la Cámara de Representantes, lo que ha dejado un enorme espacio político a los numerosos partidos de la oposición. 

En particular, al populismo, que basa su estrategia, precisamente, en presentarse a la ‘gente’ como fuera del sistema político, y cuya fuerza real no la acaban de medir bien las encuestas. Wilders, de hecho, ha perdido frente a las expectativas de voto que le daban los sondeos, pero la realidad es que ha ganado apoyos pese a ser un apestado de la política holandesa.

Ese espacio que ha perdido la coalición gobernante hasta hoy (40 escaños), sin embargo, no lo han ocupado grandes partidos. Lo que ha sucedido en Holanda este miércoles refleja una tendencia a la fragmentación electoral que solo ha comenzado a recorrer Europa.  (...)

Hoy los holandeses defienden sus derechos —como en el futuro sucederá en otros países— mediante partidos que son en realidad grupos de presión, como la formación que defiende a los mayores de 50 años. O los ecologistas. O los antirracistas… Lo demuestra que en un Parlamento con 150 escaños acogerá 12 grupos políticos. El mundo, definitivamente, se ha hecho más pequeño."          (Carlos Sánchez, El Confidencial, 16/03/17)

"(...)  La ultraderecha queda en segundo lugar del podio, con los cristianodemócratas de la CDA y los liberales de D66 pisándole los talones, ambos con 19 diputados. 

Mientras, los Verdes han logrado un avance histórico, pasando de cuatro a 14 diputados.

“Nos habíamos fijado vencer al populismo y lo hemos conseguido. Estoy convencido que Francia y Alemania seguirán el mismo camino que ha tomado los Países Bajos”, ha añadido la ministra de defensa Jeanine Hennis-Plasschaert.

Los números de Rutte han mejorado especialmente durante la última semana gracias a la crisis diplomática con Turquía. A pesar de que Wilders trató de capitalizar el choque con Ankara agudizando su mensaje 

 islamófobo, la contundente respuesta del líder liberalconservador prohibiendo a los ministros turcos hacer campaña para el referéndum que puede otorgar más poderes al presidente Recep Tayyip Erdogan ha gustado a los neerlandeses y eso se ha traducido en las urnas.

HUNDIMIENTO SOCIALDEMÓCRATA

Mucho más severos han sido los resultados con los laboristas del PvdA, que tras formar parte de la coalición de gobierno con el VVD ha sufrido un intenso desgaste. Así, el partido en el que milita el expresidente del Eurogrupo Jeroen Dijsselbloem ha vivido su propia ‘pasokización’ y se ha desplomado, pasando del 24,8% del 2012 que les permitió gobernar a un paupérrimo 6%, el peor resultado de esta histórica formación neerlandesa.

Esa debacle de la izquierda hegemónica, un fenómeno cada vez más habitual en el continente, lo han capitalizado otras formaciones de distinto perfil como la CDA (8,5% al 12,7%) y D66 (del 8% al 12,7%) pero sobretodo los verdes. Los ecosocialistas del treintañero Jesse Klaver, a quien comparan con el premier canadiense Justin Trudeau, son la gran sensación de estas elecciones y se convierten en el partido que más rápido crece en todo el arco político neerlandés, pasando de un residual 2,3% en 2012 a un histórico 11% que les pone en las quinielas para formar parte del nuevo gobierno."    (Carles Planas Bou, El Peródico, 16/03/17)