18.5.17

Pienso en los cuatro hijos de mi vecina Vera: la más pequeña recién cumple 3 y ya ha vivido múltiples pisos e intentos de desahucio en su corta vida

"(...) No obstante, tengo mucho odio en el cuerpo como para desear. Se han ejecutado 7 desahucios en Puente de Vallecas este mes pasado: son 26 los compañeros y las compañeras que tuvieron que vivirlo, 13 de ellos niños y el resto adultos. Y eso es solo lo que se ve: son desahucios de gente organizada, de familias que se empeñan en pelear sus derechos.

Cada uno de ellos es una bofetada a la cara, un poquito más de miedo que se mete en el cuerpo del grupo. Hay más, pero suceden en silencio, y el miedo viene de que en vez de ser cada vez más peleando, se nos trague el silencio.

Empleo una noche matando el miedo y dos días desmadejando los hilos de odio uno por uno. Porque el odio, se encamine adecuadamente o no, sutura el pensamiento al enemigo y ciega el deseo. Y necesito desear. Y también creo que necesitamos hablar de lo que deseamos juntos.

Busco el deseo a contratiempo. Halima tiene su primer lanzamiento en el nuevo piso recuperado el jueves y Vera su tercero el viernes. Pienso en los cuatro hijos de mi vecina Vera: la más pequeña recién cumple 3 y ya ha vivido múltiples pisos e intentos de desahucio en su corta vida. Los dos pisos –y desahucios, igual que todos los ejecutados el mes pasado– son de Bankia, con la que antes negociamos directamente pero ya no.

¿Por qué pasa esto? Porque no se hizo lo que hubo que hacer con Bankia: socializar sus viviendas al socializar las pérdidas. El déficit de memoria a corto plazo del Ayuntamiento se traduce en que deciden comprarle pisos y que Goirigolzarri diga que sí, por supuesto, encantados, les dan los que no se venden y siempre a precios de mercado.

Y así los procuradores vienen por las mañanas levantando sus hombros y diciendo que no habría problema si acudiéramos a los canales adecuados, que ya están resolviéndolo con el Ayuntamiento.

Disculpen, pero una mierda: la riqueza que se nos quita, la que se tapia y se chapa, que se cierra detrás de las puertas de aluminio con tres cerraduras, no ha desaparecido ni ha habido compensación alguna por las injusticias, el dolor y las muertes que ha costado mantenerla fuera del alcance de quienes la necesitan para seguir viviendo.

Dicen que la crisis pasó, pues nos dejó con la normalidad aberrante de la separación entre los que tienen y los que no. Volvieron a las asambleas la vergüenza y las mentiras a la prole: y no, decir que “mamá viene acá porque nos ayudan” no es lo mismo que “nos han estafado y mamá está acá luchando por los derechos que los bancos nos han arrebatado”. Es hora de crear narrativas nuevas para lo que viene.

Y en la tarde del 15 de mayo por fin llego a desear un poquito.

Deseo que la Iniciativa Legislativa Popular para una Ley de Vivienda en la Comunidad de Madrid, que estos días ha pasado del mínimo de las 50.000 firmas, se discuta y se apruebe sin modificaciones, sin intentos de convertirla en un juguete político.

Aparte de proporcionarnos finalmente las bases para exigir un mínimo cumplimiento de los derechos humanos, significaría un enorme alivio. Sería una posibilidad de moverse más allá de la continua urgencia, abrir procesos de análisis del sistema inmobiliario actual (sobre todo desde sus márgenes y el continuo movimiento oscilante de inclusión–exclusión que produce) e iniciativas centradas en los cambios en la gestión del acceso a la vivienda.

De la ILP en adelante, en lo que a las narrativas concierne, deseo que nos volvamos monstruosos. Ojalá nos olvidemos de las tácticas de la visibilización por llanto –que me recuerdan de las que se debaten en el movimiento negro estadounidense como “políticas de respetabilidad”–, de la argumentación basada en haber hecho todo tal y como se esperaba en este sistema, y aún así haber sido estafado.

Es algo que siempre formó parte del relato de este movimiento y tal vez lo pagamos ahora. Pues tengo un deseo que no tiene ni tendrá forma: ser monstruo, parte de un gran mensajero del catástrofe que viene si no cambiamos el rumbo. Dice Ocean Vuong que “ser monstruo es ser una señal híbrida, un faro: un refugio y una admonición a la vez”.

Debe haber sido la ocupación de La Ingobernable lo que el pasado 6 de mayo volvió a despertar en mí el deseo de monstruos. Pese al polvo y el olor a la mierda de las palomas, estoy segura de que nos hará respirar mejor.

Nos dará un refugio dónde encontrarnos para recordar que no somos pocos ni estamos solos en nuestros barrios. Nos dará aire limpio a bocanadas, pulmones llenos para advertir que no vamos a desaparecer ni dejar de hacer ciudad a nuestro modo y en defensa de los derechos de todos. Lo sé porque lo está haciendo desde la primera noche.

Tengo un deseo de ver el futuro del Sindicato de Inquilinos que acaba de nacer como un nuevo tentáculo de la lucha con cuya marginalidad la PAH consiguió romper al poner sobre la mesa que la vivienda formaba el meollo de las ganancias capitalistas contemporáneas.

Desde esta vivienda del barrio de San Diego recuperada a Bankia y luego traspasado a SAREB, siento especial curiosidad por saber cómo puede conjugarse paralelamente la pelea para un alquiler digno de los ya inquilinos y la que busca el acceso a la vivienda de alquiler de quienes habitamos los márgenes.

También tengo muchas ganas –y no solo yo y no solo ganas– de seguir recuperando más de la riqueza robada y buscar que se convierta verdaderamente en un común. Además, ¡qué mejor manera para bajar los precios de mercado! Qué mejor manera de ser un monstruo en el mercado salvaje de la vivienda y responder a la necesidad vital.

“Es el vínculo del deseo a la realidad, y no su fuga en las formas de la representación, el que posee una fuerza revolucionaria”, y con el 15M se hizo fuerte aquel vínculo que siempre está aunque a veces nos cueste ubicarlo y fortalecerlo.

Van 6 años y cada vez hay más representación, así que insisto: juntémonos para desear desde nuestras realidades. Si os parece, lo hablamos en la próxima asamblea, en los próximos Stop Desahucios como el de Halima el jueves a las 9:00 o el de Vera este viernes a las 8:00, manifestación o turno de guardia en La Ingobernable… o lo que viene a ser lo mismo que: hasta pronto." (Lotta M. Pirita Tenhunen (@sydansalama) , miembro de PAH Vallekas, Público, 16/05/17)

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