"Ya está, ¡decidido! La superclase parece que por fin se ha animado a
pinchar la última burbuja, que ella mismo generó. Quédense con la fecha,
segunda mitad de 2018.
Objetivo inicial, Donald Trump, cuyo gobierno se
comporta y se mueve como un pollo sin cabeza. Se trataría de desactivar
definitivamente a esa mosca cojonera que le salió al establishment. Sin
embargo, la consecuencia final será otra, el inicio de la Segunda Fase
de la Gran Recesión. (...)
La fiesta está garantizada, promete dosis de emoción. Los alquimistas de
la ortodoxia académica nos deleitarán con nuevas dosis de cicuta.
Subirán los tipos de interés, aprovechando que el ciclo de materias
primas y las subidas del precio del petróleo llevarán, allá por mediados
de 2018, la inflación a niveles alrededor del 3%.
Pero estos
taumaturgos son muy aficionados al melodrama. Reclamarán nuevas dosis de
sangre, sudor y lágrimas. Enésima ronda de devaluación salarial. Y
cuando todo se vaya al garete, y los bancos vuelvan a estar en el punto
de mira, actuarán como el “joker” de Batman. Se desternillarán de
nosotros, y nos infligirán nuevas dosis de dolor, mediante otra ronda de
deuda pública destinada a salvar bancos. A cambio, nueva dosis de
austeridad. ¡Qué tropa!
Una conjetura cada día más evidente es la conexión entre el actual
sistema de gobernanza económica, el "neoliberalismo", y aspectos tan
diversos como el populismo, el estancamiento secular y las distintas
inflaciones de activos surgidas desde 1998.
Para la ortodoxia, desde el
lado de la demanda, Occidente solo puede hacer frente al estancamiento
secular con tipos de interés reales negativos. Se trata del sistema
diseñado por las élites económicas y políticas para, en ausencia de
subidas salariales, sostener una expansión artificial de la demanda.
La implementación de una política monetaria excesivamente expansiva
conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas
financieras a cual más grande. Primero, la tecnológica; después, la
inmobiliaria; y, finalmente, la de los balances de los Bancos Centrales.
Este sistema permite, a su vez, la financiación de un gigantesco
proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo a
favor de los más ricos. Pero sabemos que cualquier intento de fuga hacia
delante vía burbujas acabará siendo abortado.
Bajo estas premisas, detrás del actual rebote de
la actividad económica, que se inicia en 2014, solo hay una nueva
burbuja, la tercera desde 1998. Sin embargo, la actual burbuja, fruto de
las conexiones de poder entre las élites políticas y económicas de
turno, gira alrededor de la deuda pública. Se trata de una utilización
torticera y perversa de la política fiscal.
Se ha incrementado la deuda
pública para sanear los desaguisados de la superclase y financiar la
percepción de rentas de determinados colectivos, relevantes
electoralmente. El 1% más rico invierte en política, bien comprando
voluntades o bien controlando medios de comunicación, y estas
inversiones les salen muy rentables.
Pero para mantener el sistema hay
otro 20%-25% de la población que sostiene políticamente a los gobiernos
que con sus políticas favorecen a ese 1%. ¿Por qué? Digámoslo
claramente, se les financia sus rentas con deuda pública.
La Gran
Recesión sirvió de excusa para romper el contrato social, favoreciendo e
incentivando aún más un injusto sistema económico basado en la
especulación y el control de vastos sectores de la economía por
oligopolios, como los bancos, y monopolios como las eléctricas y otros,
así como por un sistema fiscal que castiga a los productores de riqueza y
premia a los que viven del trabajo ajeno y se apropian de la plusvalía
del suelo creada por el progreso social. Desde un punto de vista
generacional ello supone castigar a los jóvenes y premiar a los grupos
más longevos en la pirámide poblacional.
Desactivar burbujas, oficio peligroso
La
Reserva Federal y el Banco Central Europeo saben que nos encontramos en
un escenario de sobrevaloración extrema y hay que empezar a
desinflarla. Por eso ya han decidido un cambio de tono en la política
monetaria.
El ciclo de materias primas y del precio del petróleo les
permitirá ofrecer el relato necesario para su justificación, aunque solo
sea para despistar. El problema es que la inestabilidad financiera es
muy elevada, los bancos sistémicos tremendamente vulnerables, y
cualquier experimento por desinflar la burbuja puede acabar generando
una intensa recesión.
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