"En estos días en los que el Procés ocupa todo el espacio informativo de los medios de comunicación catalanes y españoles, leo con preocupación noticias en la prensa británica sobre el deterioro de la convivencia en el Reino Unido post-Brexit.
Noticias a las que pongo rostro cuando mis amistades residentes desde
hace años en Gran Bretaña me relatan la humillación a la que están
siendo sometidas en el proceso de solicitud de la nacionalidad británica, la misma que ya venían sufriendo los residentes no comunitarios -a excepción de los ricos- al menos desde 2013.
Obviamente, el Brexit y el Procés
no son iguales, pero comparten relatos separatistas de naturaleza
semejante. Relatos de fantasías, de superioridad, o de agravios en
algunos casos artificialmente construidos. Y también comparten lo poco atractivas que resultan las realidades de las que se quieren separar, la Unión Europea en el caso británico y el Reino de España, en el caso catalán. (...)
De hecho, cuando escucho algunos de los argumentos de los que se sirven
los partidarios de la independencia de Cataluña para convencer a los
catalanes no independentistas de que se unan al Procés,
resuenan en mi cabeza razones muy similares expresadas en otro idioma,
el inglés, y esgrimidas frente a otra institución "opresora", la Unión
Europea. (...)
Entre estos argumentos destacaría tres, semejantes a los ya oídos en el
Reino Unido, y que, como allí, pueden volverse en contra de las mismas
personas que ahora levantan esas banderas, a la vez que convertirse en
caldo de cultivo para el deterioro de la convivencia en una sociedad
fuertemente dividida. (...)
Como el Brexit va por delante del Procés
podemos ver en poco tiempo lo que ha provocado, y lo que nos espera en
España y Cataluña si no se toman medidas que sustituyan los relatos
dominantes, que en la actualidad sólo nos llevan al peor de los
resultados posibles.
El primero
de los argumentos a los que me quiero referir pone en evidencia el
sentimiento de superioridad de quienes buscan la secesión. (...)
No importa que la deriva del gobierno británico en los últimos años de gobierno tory haya sido más neoliberal si cabe que la de la Unión Europea, o que uno de los partidos políticos que lidera el procés en Cataluña, el PDeCat, haya estado involucrado en una trama de corrupción sostenida como la del 3%.
Es fácil simpatizar con la desafección frente a realidades políticas
que seducen poco, como el proyecto neoliberal de la Unión Europea o el
de una España que sigue votando mayoritariamente a un partido
profundamente corrupto. Pero no hay que olvidar que esa desafección se
sustenta, en el caso de los partidarios del Brexit y de la independencia
de Cataluña, en un sentimiento de superioridad, un "nosotros lo haremos bien",
(...) es posible observar la consolidación de un discurso que engarza
perfectamente con los relatos que alimentaron el resultado del Brexit,
cargados todos ellos de sentimientos de superioridad, incluso de
racismo, y de una manifiesta falta de solidaridad. Relatos que pueden
volverse en contra de quienes, sin pertenecer a las élites que los
promovieron y que son, a la postre, quienes se benefician de este estado
de cosas, los apoyaron tácticamente. (...)
El segundo argumento que quería destacar es el que habitualmente se articula como "España/la Unión Europea nos roba".
Al igual que ocurría en el Reino Unido, existe el convencimiento de que
el conjunto de los catalanes aporta más a la hacienda española de lo
que recibe, algo habitual en territorios con rentas superiores a la
media en modelos de bienestar basados en el principio de "a cada uno
según su necesidad y de cada uno según su capacidad".
En un modelo
fiscal como el español, quienes tributan no son los territorios sino las
empresas y las personas físicas y, puesto que se trata de un modelo
fiscal progresivo, es natural que contribuyan más quienes más tienen
.
Apoyar un argumento como el arriba formulado exige llevar a cabo una
pedagogía fiscal antisolidaria.
La lógica de este
argumento se basa en que, una vez estos territorios ricos sean
independientes, podrán decidir sobre todo lo que les atañe y, por tanto,
todos sus recursos y riquezas se quedarán para ellos, lo que podría
redundar incluso en el desarrollo de mejores servicios públicos.
Sin embargo,
lo que reciben los territorios dentro del esquema de la Unión Europea o
de la España de las comunidades va mucho más allá de las transferencias
directas. Hay inversiones vinculadas a políticas sectoriales,
como las de ciencia e innovación, que suelen favorecer a los territorios
ricos y que no suelen ser incluidas en la ficción de las balanzas
fiscales.
Igualmente, en los territorios ricos, más dinámicos desde el
punto de vista económico, las empresas se benefician de las ventajas que
supone el acceso a mercados mayores que los de su propio territorio.
Cataluña no sería lo que es sin haberse beneficiado en el pasado de las
políticas proteccionistas del estado español y de la constitución de un
mercado "nacional" español. (...)
Construir un país sobre el "sálvese
quien pueda" y sobre bases insolidarias llevará necesariamente al
desarrollo de reglas de juego insolidarias, aunque el tercer argumento
que quiero analizar prometa lo contrario.
Este tercer argumento
sugiere que, puesto que gracias al movimiento independentista la
ruptura institucional está más cerca en Cataluña que en el conjunto del
estado español, existe la posibilidad de abrir allí un proceso
constituyente que permitirá redactar una constitución más social y unas
leyes que garanticen la centralidad del bienestar de la población.
Éste es el argumento que esgrimen algunos de los comunes y que hace que
muchos de los que hemos defendido durante años la necesidad de un
proceso constituyente y de una estructura más social para una España
republicana y para Europa nos sintamos algo abandonados en este proceso.
También por parte de muchos británicos de izquierdas que han visto en
las fronteras del estado nación, un espacio más acorde para defender las
políticas anti neoliberales que en entidades supranacionales como la
Unión Europea. (...)
En el contexto neoliberal de privatización de la vida y
de las condiciones de vida donde estamos inmersos, y donde los bocados
que se dan a la democracia capturada por el poder económico son cada vez
mayores, las posibilidades de hacer las cosas de manera distinta, en
una Cataluña que además quiere seguir perteneciendo al club europeo, es
aún limitada.
Por tres motivos fundamentales: la correlación de fuerzas,
que no favorece el cambio, el tamaño relativamente pequeño que tendría
el nuevo estado, y los peajes que tendrán que pagar si quieren seguir
perteneciendo a Europa u optar a pertenecer en el futuro tal y como
prometen las élites del Procés. Un nuevo estado
que, como todos, tendrá que definir quiénes son sus ciudadanos y
ciudadanas, con sus derechos y sus deberes, y que, como todos, dejará a
muchas y muchos excluidos.
El Brexit ha dividido a un
país que hoy sufre más violencia social e institucional, sobre todo
hacia la ciudadanía de origen extranjero, que la que existía antes del
referéndum. En Cataluña, la convivencia ya ha comenzado a deteriorarse.
Y
en el resto de España también ha crecido la catalanofobia.
Independientemente del resultado final del procés,
al que espero que se llegue por vía democrática pactada y con
garantías, creo que es esencial no utilizar argumentos basados en
sentimientos de superioridad y en la insolidaridad hacia los otros, como
creo que tampoco nos llevará a buen puerto el abuso de los estereotipos
de lo que significa ser catalán que hoy alimentan la catalanofobia en
el resto de España.
Todo ello sólo genera división, emponzoña la
convivencia presente y futura y promueve un modelo de sociedad y de
estado puramente neoliberal que, en último término, sólo beneficia a las
élites que, buscando otros fines, han impulsado en gran medida estos
procesos." (Lina Gálvez
, eldiario.es, 24/09/2017)
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