"(...) Mi tesis es muy sencilla, fácil de entender. Ya la conocen. España,
incluida Cataluña, atraviesa una profunda degradación social, económica,
política y moral. Y en río revuelto, ganancia de pescadores.
Los
independentistas sediciosos, con ayuda exterior, han visto su momento de
gloria, y han aprovechado este contexto de enorme debilidad para tratar
de medrar y descomponer nuestra querida España. Ni se lo debemos, ni se
lo podemos permitir.
Por el futuro de todos y cada uno de nuestros
conciudadanos. Por eso, y esta es mi primera idea, debe recaer sobre los
organizadores de este esperpento de referéndum ilegal todo el peso de
la ley. Y cuando digo todo, es todo.
La solución, como segunda idea, pasa por una profunda regeneración de
nuestra querida España. Déjenme extenderme en este argumento. Nuestra
democracia hace años que fue secuestrada por unos pocos. España,
incluida Cataluña, en su actual deriva, es un excelente ejemplo de
Totalitarismo Invertido.
Nuestras élites políticas y económicas,
claramente interconectadas, son, en su inmensa mayoría, profundamente
mediocres, extremadamente egoístas, y carentes de esa ambición sana que
permite avanzar y progresar a un país y a sus gentes. Son “patriotas de
hojalata”. La verdadera libertad es inseparable de esa enorme sed de
justicia necesaria para cambiar el triste devenir de nuestros hijos y
nietos.
En nuestro país, incluida Cataluña, los monopolios, los
oligopolios, los rentistas del suelo, están acabando con los
emprendedores, los productores, los trabajadores, fomentando una
distribución injusta de la renta y riqueza, generando pobreza. ¿Y saben
ustedes quienes están pagando los platos rotos?
Nuestra juventud. España
no es un país para jóvenes, pero, además, bajo la actual
súper-estructura, es un país sin futuro. Echen una ojeada a la pirámide
poblacional, y un vistazo a la situación financiera de las familias, y a
nuestro modelo productivo. Lo vengo avisando hace tiempo. Se está
gestando en nuestro país un conflicto inter-generacional.
Pero esta solución es la misma para España y, como parte de ella, para
Cataluña. Llama poderosamente la atención como los cantos de sirena
independentistas ocultan la dura realidad catalana, exactamente la misma
que la del resto del país. Corrupción, burguesía en declive,
mediocridad, pobreza, desigualdad son rasgos distintivos de la Cataluña
actual.
Todo ello aderezado con una manipulación de la historia difícil
de entender, que en algunos episodios denota rasgos de una idea de
supremacía moral y ética falsa. A los datos y a la realidad me remito.
El nacionalismo burgués catalán ha fracasado. Y de ahí, toda la movida
que han montado. Porque en el fondo se trata de eso. Es exactamente todo
lo contrario de lo sucedido en el País Vasco, que vive un momento
histórico dulce.
He de reconocer que el PNV entendió en la década de los
80 la solución a su proceso de reconversión industrial: más y mejor
industria. Apostó por ello y ganó. Es la única comunidad española que
está jugando en la primera división mundial.
Es un ejemplo que
deberíamos imitar el resto del país. Todo ello aderezado además con unos
niveles de corrupción bajos, en estándares europeos, nada que ver con
la calamidad de los desgobiernos bajo el partido del actual ejecutivo de
Madrid o en la misma Generalitat catalana.
Quienes han actuado como bomberos pirómanos, quienes nos han llevado
hasta aquí, fruto del desgobierno de las últimas décadas, en Cataluña y
en el resto de España, democráticamente, en las urnas, deberían ser
reducidos a cenizas. Pero no se preocupen, no pasará. Por un lado, Rajoy
y el partido que le sustenta son parte del problema.
Azuzaron un
sentimiento anti-catalán por un puñado de votos. Y los rasgos
distintivos de sus gobiernos han sido siempre los mismos: han favorecido
a los rentistas patrios, que actúan a modo de vampiros; han activado y
generado burbujas financieras e inmobiliarias por doquier, endeudando a
nuestro país como nunca en nuestra historia reciente; y han generado un
esquema de dádivas y depravación institucional generalizada.
Por otro
lado, los partidos independentistas catalanes, herederos una burguesía
en declive, que busca como posicionarse de nuevo para seguir medrando.
Son responsables de tensar la cuerda hasta niveles insospechados, pero
no para mejorar la situación de sus conciudadanos, sino para seguir
medrando, alimentando un discurso identitario falso, mientras sus
conciudadanos pasan exactamente por las mismas penurias que el resto de
españoles.
Permítanme terminar con una reflexión final muy
personal sobre la actitud de la izquierda de nuestro país respecto al
tema catalán. Debería haberse posicionado claramente contra el desafío
independentista. El problema de nuestro país es el de una desigualdad
asfixiante, el de una corrupción galopante, el de unas élites rentistas.
El contrato social, si en algún momento existió, se ha roto, y la
izquierda, especialmente la nueva, surgió para restablecerlo, para
tratar de mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos,
para romper con un sistema agotado y finiquitado, no para perder ni un
segundo en veleidades independentistas, profundamente sectarias, sino
supremacistas.
Lo único que espero y deseo es
que la situación, a partir del 2 de octubre, se reconduzca de nuevo; y
que a nadie se le ocurra usar la violencia como un medio para conseguir
sus fines. Pero también exijo contundencia contra quienes se han saltado
la ley, usando a niños y jóvenes en su particular cruzada, de manera
que asuman las consecuencias de sus actos. Y que de una vez por todas
seamos mayorcitos, quien la hace la paga." (Juan Laborda , Vox Populi, 01/10/17)
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