"Parecía imposible, pero la realidad nos ha
acabado desbordando, por lo menos a mí, debo reconocerlo. El episodio de
este viernes, donde el gobierno de la Generalitat se ha hecho el
harakiri, ha sido la traca final.
¿Cómo ha sido posible tanto
despropósito? ¿Cómo se puede entender que una parte de la ciudadanía
catalana, de manera activa, haya sido copartícipe de un proceso
autodestructivo de semejante calado? Aún no son conscientes de que a
partir de ahora las reglas del juego han cambiado,
de que ya nada podrá ser igual.
La deslealtad institucional, el pasarse
por el forro la legalidad constitucional, pasará factura a todos
aquellos que desde su arcadia imaginaria soñaron con un imposible, la
independencia de Cataluña. Pero además afectará al devenir del resto de
españoles. Si no estamos atentos y empezamos a ser exigentes con
nuestros políticos, nos la querrán meter doblada, por enésima vez.
Durante las últimas semanas, hemos analizado desde distintas aristas le
deriva catalana. Porque no hay nada casual, aquí convergen todos los
problemas que como país nos devoran en nuestro devenir diario.
En primer
lugar, la profunda debilidad y decadencia de España,
reflejada en unas élites zafias, corruptas que van a querer aprovechar
el “regalo” que les ha ofrecido los separatistas sediciosos para
apoltronarse sine die.
El Totalitarismo Invertido
patrio ha encontrado la excusa perfecta para intentar que todo siga
igual. Es necesaria una participación ciudadana activa, crítica, que
evite que nuestro futuro se determine en reuniones “secretas” donde,
bajo la tenue luz de las velas, se repartan componendas.
En segundo lugar la huida hacia adelante de la élite catalana,
política y económica, que cuando percibió que ya no podía medrar, se
echó al monte y optó por la sedición. Ni siquiera fueron capaces de
aguantar y seguir la propia hoja de ruta que algunos les habían marcado,
de una manera muy inteligente, y que no pasaba por declarar ahora la independencia.
Pero cuando soliviantas a una parte de tu pueblo para que desde la
calle presionen, ofreciéndoles un relato, que se lo creen a pies y
puntillas, ya nada se atiene a criterios racionales. Es lo que tiene el
romanticismo, la búsqueda de la arcadia feliz, donde el subjetivismo, la
exaltación irreal de las tradiciones nacionales, regionales, locales e
incluso individuales alcanza cotas inimaginables.
Pero además, y en tercer lugar, hay un trasfondo internacional. A río
revuelto, ganancia de pescadores. Este desmadre patrio sin duda ha sido
aprovechado por ciertos intereses geoestratégicos para debilitar a Europa.
Sigo alucinando con la deriva informativa de dos medios de comunicación, The New York Times y, sobretodo, The Washington Post,
esos mismos que aún no han asimilado el resultado electoral de las
últimas elecciones presidenciales de su país.
Son instrumentos del
Totalitarismo Invertido estadounidense. Desde hace muchos años, con el
inicio de la Gran Recesión, ciertas élites
estadounidenses intentan desestabilizar Europa. Parece mentira, porque
el diseño de la actual Europa fue una creación de los Estados Unidos
tras la 2ª Guerra Mundial.
Pero la degradación de la democracia
norteamericana produce estas cosas. El relato es muy sencillo. Desde
posiciones francesas y alemanas, en su momento, se pretendió un gran
mercado euroasiático, que incluyera a Rusia
e incorporará a la nueva potencia emergente, China. El gran damnificado
serían los Estados Unidos. Y ese temor, aunque ha aflojado, aún sigue
presente, de ahí la necesidad de desestabilizar Europa.
Algunos me han criticado que no haya sido equidistante, que haya sido
duro con los sediciosos, y que apenas haya echado en cara nada al actual
ejecutivo o al Régimen del 78. Creo que
eso es no entender el problema de fondo.
Desde el momento en que los
nacionalistas catalanes dieron un paso más allá de lo legalmente
asumible, el cumplimiento de su hoja de ruta suponía la descomposición
de España. Por lo tanto, desde el primer momento, desde mi análisis,
habría que frenarles con todas las de la ley, porque su objetivo final
simple y llanamente era el más nefasto para el futuro de nuestros hijos y
nietos.
Pero no es óbice para que una vez que el soufflé del “prusés”
empiece a desinflarse, la ciudadanía española comience a ser mayorcita y
asuma las riendas de su futuro. La solución para nuestro país pasa por
un proceso constituyente, de regeneración, donde, frente al
Totalitarismo Invertido, los ciudadanos recuperemos la soberanía
nacional.
Aquellos que aspiren a dirigir la España democrática, incluida
Cataluña, tienen la obligación de someter a la consideración del pueblo
español sus proyectos para refundar el Estado. Frente al Totalitarismo
Invertido y las élites extractivas, el Estado todavía contiene recursos
para el control democrático de la economía y las finanzas de una nación.
Los
problemas que afectan a los ciudadanos tanto en Cataluña como en el
resto de España, derivan de un injusto sistema económico basado en la
especulación y el control de vastos sectores de la economía por
oligopolios, como los bancos, y monopolios como las eléctricas y otros,
así como por un sistema fiscal que castiga a los productores de riqueza y
premia a los que viven del trabajo ajeno y se apropian de la plusvalía
del suelo creada por el progreso social, violando la letra y el espíritu
de nuestra Constitución.
La única forma de
mejorar la situación de los que viven de su trabajo, tanto en Cataluña
como en el resto de España, es modificando este sistema. Pongámonos
manos a la obra. Ya hemos malgastando excesivo tiempo y energías, sin
atacar la verdadera raíz de los problemas." (
Juan Laborda , Vox Populi, 29/10/17)
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