"Los
primeros actos de la nueva y flamante República de Catalunya han sido
una comparecencia grabada de su presidente mientras se estaba tomando
unos vinos en un bar de Girona y una foto en Instagram del Palau de la
Generalitat dando los buenos días a sus súbditos haciendo creer que
estaba trabajando y desafiando el 155 mientras huía en coche camino de
Marsella.
La edificación ilusoria del nuevo estado imaginario transcurre
con normalidad. La república es un constructo mental que se logra pensando fuerte. Cerrando los ojos y deseándolo con ganas, una broma de autoayuda, coaching indepe
que ignora a las personas que creen firmemente en la constitución de
una república en Catalunya como fin para lograr que su vida cambie de
forma pragmática.
La
república ilusoria de Catalunya ha ignorado la implementación de lo
tangible para construir una fantasía posmoderna en la que el primer fin
de semana revolucionario se van al gimnasio o a que les sirvan copas.
Los mensajes de Òmnium definen el estrato al que pertenecen sus
dirigentes y la lejanía con la realidad social de un pueblo como el
catalán que tiene, como el resto de España, grandes problemas
estructurales que no le permiten tomarse la proclamación de una
república como un mero divertimento consumista.
La opresión y la
carencia, si algo tienen, es que no son eludibles por medio del deseo.
Es algo brutal, sórdido y asfixiante. No les permite abstraerse de su
situación para irse a celebrar una ensoñación que no cambiará en nada su
trance vital.
La ilusión
es la antítesis de la concreción. No existe revolución, república, ni
estado, sin la aplicación práctica de sus proclamas. (...)
“Tenemos un mandato heroico surgido del 1 de octubre”,
decía Gabriel Rufián para justificar la proclamación de su DUI. Una
épica que perdió el brillo en cuanto los diputados optaron por votar en
secreto para eludir su responsabilidad penal.
Uno de los diputados que
votó ocultando su decisión fue Bernat Salellas (CUP), que días antes
exigía que los funcionarios debían ser los que impidieran la aplicación
del artículo 155. Eludir su responsabilidad para construir un espejismo
republicano y dejar a los funcionarios que asuman de forma concreta la
construcción real de una nueva organización social.
Que la gente se
juegue el pan, en vez de construir una república, de verdad, que se lo
proporcione. Los que durante los últimos días pedían a los ciudadanos
que desobedecieran los mandatos del Estado para defender la república
han empezado a obedecer el mandato del artículo 155 en cuanto han
perdido el control de los Mossos.
El pueblo que se jugó el tipo para
votar el 1 de octubre ha visto como los que le abocaron a esa situación
votaron cobardemente en secreto o han huido a Bélgica al amparo de la
oferta de un neofascista como Theo Francken. (...)
Fredy
Pearlman escribía sobre los materiales de construcción de las
revoluciones, los herrajes sobre los que articular una amalgama que
consolide una mayoría hegemónica. En ocasiones, las revoluciones se
construían por el peso de la opresión, los trabajadores eran conscientes
de su situación y servía como elemento subjetivo para crear el
movimiento emancipador. Las más de las veces el armazón era
proporcionado por las vigas del nacionalismo.
Según Pearlman, “el
nacionalismo les ofrece algo concreto, algo verificado y comprobado y
que se sabe que funciona. No hay ningún motivo terrenal para que los
descendientes de los perseguidos sigan siendo perseguidos cuando el
nacionalismo les ofrece la perspectiva de convertirse en perseguidores”.
La apelación al heroísmo de Gabriel Rufián es
un ejemplo que sirve para comprender cómo se construye un lenguaje
emocional nacionalista que edifica un sentimiento identitario, que
siempre evoluciona en excluyente. El filólogo Viktor Klemperer sostenía
que “el lenguaje saca a la luz aquello que una persona quiere ocultar de
forma deliberada, ante otros o ante sí mismo, y aquello que lleva
dentro incoscientemente”.
Es precisamente por eso que Gabriel Rufián no
sabe a lo que apela cuando habla de “mandato heroico”, simplemente
reproduce elementos aprendidos de nacionalismos históricos y los repite
sin ser consciente de lo que representan.
El propio Klemperer en su
magna obra LTI: La lengua del Tercer Reich, en
la que analiza el lenguaje utilizado para la construcción y manipulación
del nazismo, explica en su capítulo primero los resortes activados
cuando se apela al heroísmo en un contexto emocional de símbolos
indentitarios: “…y de repente, de forma inevitable, alguien se refería a
un comportamiento heroico o a una resistencia heroica.
En el preciso
instante en que este concepto entraba mínimamente en juego, la claridad
desaparecía y volvíamos a meternos de lleno en los nubarrones…”. No hay
que atribuir a Gabriel Rufián maldad alguna en el uso de estos
conceptos, Víktor Klemperer lo dejaba claro, la mayoría de las veces se
corresponde a usos heredados del lenguaje motivados por la ignorancia de
sus efectos. Lo que, quizás, sea más peligroso. (...)
Quien quiere hacer comprender el verdadero lugar en el mundo de un desposeído no le intenta emocionar con falsas ilusiones, sino que le muestra la realidad con la crudeza que tiene. La república ilusoria de Catalunya es una performance burguesa desenmascarada con ojos de extrañamiento.
No debería
extrañar a nadie que la algarada independentista sea una engañifa de
las élites para detentar capital, la sustitución de unas estructuras
oligárquicas por otras. (...)
Menos escándalo cuando se pone frente al espejo a la revolución de las sonrisas. Por supuesto que existen en el movimiento independentista multitud de personas que son clase obrera, gente precaria, con muchas dificultades y que cree firmementente en la república catalana.
Son los más, pero los de menos voz. Siempre son los
que se unen con mayor emoción a cualquier opción que les promete un
cambio material sustancial. Porque les va la vida en ello. Aguántenles
la mirada cuando la ilusión se desvanezca." (Antonio Maestre , La Marea, 30/10/17)
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