6.11.17

En EE.UU., solo la energía solar da empleo a más personas que el petróleo, el carbón y el gas juntos... cambio climático, empleo, inversión...

"(...) En EE.UU., solo la energía solar da empleo a más personas que el petróleo, el carbón y el gas juntos. Y para el año 2050, según un estudio del profesor Marc Jacobsen de la Universidad de Stanford, una economía global basada en energías renovables y en la eficiencia energética crearía 24 millones de empleos indefinidos y a jornada completa.

Sin embargo, las ventajas de conjunto que ofrece un futuro libre de emisiones de carbono no significa que podamos ignorar las consecuencias para el empleo, y todavía menos para los inversores. Las consecuencias macroeconómicas de la transición no tienen precedentes ni en amplitud ni en calado. Habrá trastornos sociales y, si no se gestionan adecuadamente, la transición saldrá perjudicada, caerá el rendimiento económico y menguará la rentabilidad de las inversiones.

Los inversores son cada vez más conscientes del riesgo que conlleva tener activos hundidos en sus carteras, pero todavía no se han dado cuenta de las consecuencias negativas potenciales que esto tiene para los trabajadores y para las comunidades que dependen de las industrias intensivas en emisiones de carbono, es decir, el riesgo de dejar en la estacada a los trabajadores y a sus comunidades. 

Entre los temas clave que merecen atención están la identificación del lugar y la calidad de los nuevos “trabajos verdes”, así como el modo de  negociar el ritmo y el proceso de cambio de los sectores en declive. No se trata solo de unos pocos programas de reciclaje, sino del destino económico de regiones enteras.

Para los inversores ávidos de rentabilidad, la necesidad de añadir una dimensión social a sus estrategias contra el cambio climático es cada vez más imperiosa y multidimensional.

El primer elemento catalizador reside en el propio Acuerdo de París, que además de hacer un llamamiento para que se desarrollen políticas que aseguren la descarbonización y la resiliencia, también afirma que estas deberían tener en cuenta “los imperativos de una transición justa para los trabajadores”. 

La “transición justa”, defendida desde hace tiempo por el movimiento sindicalista internacional, se ha convertido en el lema de aquellos que reconocen que la descarbonización solo tendrá éxito si respeta a los trabajadores de la industria de combustibles fósiles y canaliza las inversiones hacia la renovación de las regiones que dependen de los sectores con altas emisiones de carbono.

De hecho, la Confederación Internacional de Sindicatos (ITUC, por sus siglas en inglés) ya ha creado un nuevo Centro de Transición Justa. Sabemos que la historia de la desindustrialización a lo largo de los últimos 40 años ha dado como resultado en numerosos lugares del mundo una serie de heridas económicas y sociales prolongadas, y ha contribuido tanto a la pérdida de oportunidades como al estancamiento económico. 

Muchos de estos costes también tienen dimensiones raciales y de género.
Si no se abordan estos problemas, se producirá inevitablemente una reacción violenta. Por ese motivo, si los inversores quieren que se produzca una transición sin complicaciones, es esencial comprender cuáles son las consecuencias sociales.

 El mayor riesgo para los inversores es la llegada de los populistas que niegan el cambio climático utilizando el declive estructural de los sectores con mayores emisiones de carbono para bloquear otras acciones que sirvan para construir una economía no contaminante.   (...)

A esto se añade la constatación de que la desigualdad que causa la mala gestión de las transiciones puede deprimir a largo plazo el potencial económico de los países. De acuerdo con el FMI, la desigualdad “es propensa a reducir el ritmo y la duración del crecimiento”, del cual deriva la rentabilidad de los inversores.  (...)

Asimismo, la importancia de una transición justa no se limita a las economías posindustriales, también hay que pensar que los países emergentes y en vías de desarrollo no solo están entre los mayores productores de combustibles fósiles, sino que a menudo también dependen para su desarrollo económico de los sectores con mayores emisiones de carbono.

 Además, sus sistemas de protección social son muy frágiles y en ellos habitan la gran mayoría de las personas cuyos medios de subsistencia sufren por el impacto cada vez mayor del cambio climático. Todo esto pone de manifiesto la necesidad de adoptar una perspectiva verdaderamente mundial.  (...)

En EE.UU., hace tiempo que los fondos de pensiones elaboraron estrategias para que la “inversión económicamente dirigida” ayude a las economías locales a proporcionar una prosperidad que permita pagar las futuras pensiones prometidas. Uno de los inconvenientes de la globalización es la menor importancia de la localización a la hora de tomar decisiones económicas y financieras. Ahora existe una oportunidad para adoptar un enfoque territorial en la inversión climática.

Esto identificaría y crearía canales de activos verdes a los que podrían tener acceso los inversores en inmobiliaria, infraestructura, capital privado y renta fija. Los proyectos renovables comunitarios ofrecen atractivas formas de combinar la descarbonización, la inversión territorial y la potenciación de las comunidades, tal y como persiguen algunos fondos de pensiones del Reino Unido. El lanzamiento de bolsas de valores sociales también podría ayudar a movilizar financiación de capitales públicos.

Ya existen prometedoras iniciativas emergentes, como por ejemplo el Fondo de Transición Justa de Appalachia, aunque todavía tienen que atraer a las principales carteras de inversores institucionales. Un camino posible sería desarrollar “zonas (piloto) de financiación sostenible”, que se centrarían en lugares altamente necesitados o vulnerables, y que identificarían acciones prácticas que posteriormente se podrían escalar.  (...)

En definitiva, la transición tendrá que ser muchas cosas: eficaz a la hora de alcanzar los objetivos climáticos, gradual en el sentido de minimizar los trastornos y positiva en el sentido de generar oportunidades y beneficios. También tendrá que ser justa.  (...)"                

 (Nick Robins es codirector de la Investigación para concebir un Sistema Financiero Sostenible dentro del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente. Este artículo expresa sus opiniones a título particular. Este artículo se publicó en Esg-Magazine.  , en CTXT, 25/10/17)

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