"(...) En EE.UU., solo la energía solar da empleo a más personas que el
petróleo, el carbón y el gas juntos. Y para el año 2050, según un
estudio del profesor Marc Jacobsen de la Universidad de Stanford, una
economía global basada en energías renovables y en la eficiencia
energética crearía 24 millones de empleos indefinidos y a jornada
completa.
Sin embargo, las ventajas de conjunto que ofrece un futuro
libre de emisiones de carbono no significa que podamos ignorar las
consecuencias para el empleo, y todavía menos para los inversores. Las
consecuencias macroeconómicas de la transición no tienen precedentes ni
en amplitud ni en calado. Habrá trastornos sociales y, si no se
gestionan adecuadamente, la transición saldrá perjudicada, caerá el
rendimiento económico y menguará la rentabilidad de las inversiones.
Los inversores son cada vez más conscientes del riesgo que
conlleva tener activos hundidos en sus carteras, pero todavía no se han
dado cuenta de las consecuencias negativas potenciales que esto tiene
para los trabajadores y para las comunidades que dependen de las
industrias intensivas en emisiones de carbono, es decir, el riesgo de
dejar en la estacada a los trabajadores y a sus comunidades.
Entre los
temas clave que merecen atención están la identificación del lugar y la
calidad de los nuevos “trabajos verdes”, así como el modo de negociar
el ritmo y el proceso de cambio de los sectores en declive. No se trata
solo de unos pocos programas de reciclaje, sino del destino económico de
regiones enteras.
Para los inversores ávidos de rentabilidad, la necesidad de
añadir una dimensión social a sus estrategias contra el cambio
climático es cada vez más imperiosa y multidimensional.
El primer elemento catalizador reside en el propio Acuerdo
de París, que además de hacer un llamamiento para que se desarrollen
políticas que aseguren la descarbonización y la resiliencia, también
afirma que estas deberían tener en cuenta “los imperativos de una
transición justa para los trabajadores”.
La “transición justa”,
defendida desde hace tiempo por el movimiento sindicalista
internacional, se ha convertido en el lema de aquellos que reconocen que
la descarbonización solo tendrá éxito si respeta a los trabajadores de
la industria de combustibles fósiles y canaliza las inversiones hacia la
renovación de las regiones que dependen de los sectores con altas emisiones de carbono.
De hecho, la Confederación Internacional de Sindicatos (ITUC, por sus siglas en inglés) ya ha creado un nuevo Centro de Transición Justa.
Sabemos que la historia de la desindustrialización a lo largo de los
últimos 40 años ha dado como resultado en numerosos lugares del mundo
una serie de heridas económicas y sociales prolongadas, y ha contribuido
tanto a la pérdida de oportunidades como al estancamiento económico.
Muchos de estos costes también tienen dimensiones raciales y de género.
Si no se abordan estos problemas, se producirá
inevitablemente una reacción violenta. Por ese motivo, si los inversores
quieren que se produzca una transición sin complicaciones, es esencial
comprender cuáles son las consecuencias sociales.
El mayor riesgo para los inversores es la llegada de los populistas que
niegan el cambio climático utilizando el declive estructural de los
sectores con mayores emisiones de carbono para bloquear otras acciones
que sirvan para construir una economía no contaminante. (...)
A esto se añade la constatación de que la desigualdad que causa la mala
gestión de las transiciones puede deprimir a largo plazo el potencial
económico de los países. De acuerdo con el FMI, la desigualdad “es
propensa a reducir el ritmo y la duración del crecimiento”, del cual
deriva la rentabilidad de los inversores. (...)
Asimismo, la importancia de una transición justa no se limita a las
economías posindustriales, también hay que pensar que los países
emergentes y en vías de desarrollo no solo están entre los mayores
productores de combustibles fósiles, sino que a menudo también dependen
para su desarrollo económico de los sectores con mayores emisiones de
carbono.
Además, sus sistemas de protección social son muy frágiles y en
ellos habitan la gran mayoría de las personas cuyos medios de
subsistencia sufren por el impacto cada vez mayor del cambio climático.
Todo esto pone de manifiesto la necesidad de adoptar una perspectiva
verdaderamente mundial. (...)
En EE.UU., hace tiempo que los fondos de pensiones
elaboraron estrategias para que la “inversión económicamente dirigida”
ayude a las economías locales a proporcionar una prosperidad que permita
pagar las futuras pensiones prometidas. Uno de los inconvenientes de la
globalización es la menor importancia de la localización a la hora de
tomar decisiones económicas y financieras. Ahora existe una oportunidad
para adoptar un enfoque territorial en la inversión climática.
Esto identificaría y crearía canales de activos verdes a
los que podrían tener acceso los inversores en inmobiliaria,
infraestructura, capital privado y renta fija. Los proyectos renovables
comunitarios ofrecen atractivas formas de combinar la descarbonización,
la inversión territorial y la potenciación de las comunidades, tal y
como persiguen algunos fondos de pensiones del Reino Unido. El
lanzamiento de bolsas de valores sociales también podría ayudar a
movilizar financiación de capitales públicos.
Ya existen prometedoras iniciativas emergentes, como por
ejemplo el Fondo de Transición Justa de Appalachia, aunque todavía
tienen que atraer a las principales carteras de inversores institucionales.
Un camino posible sería desarrollar “zonas (piloto) de financiación
sostenible”, que se centrarían en lugares altamente necesitados o
vulnerables, y que identificarían acciones prácticas que posteriormente
se podrían escalar. (...)
En definitiva, la transición tendrá que ser muchas cosas: eficaz a la
hora de alcanzar los objetivos climáticos, gradual en el sentido de
minimizar los trastornos y positiva en el sentido de generar
oportunidades y beneficios. También tendrá que ser justa. (...)"
(Nick Robins es codirector de la Investigación para
concebir un Sistema Financiero Sostenible dentro del Programa de
Naciones Unidas para el Medioambiente. Este artículo expresa sus
opiniones a título particular. Este artículo se publicó en Esg-Magazine. , en CTXT, 25/10/17)
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