"(...) en nuestra era de híper-globalización, las grandes
corporaciones no financieras también han surgido como una clase
rentista. Debido a su poder de mercado sustancial y a la fuerza del
lobby, hoy en día participan de manera regular en el tipo de actividades
de búsqueda de rentas que alguna vez eran coto exclusivo de la
industria financiera.
En consecuencia, las grandes firmas no financieras
se han convertido en una fuente generalizada de creciente desigualdad
de ingresos.
Las corporaciones no financieras han ingresado en el
juego de la búsqueda de rentas a través de muchos canales. Han violado
sistemáticamente las leyes de propiedad intelectual para alcanzar un
dominio de mercado, en lugar de proteger las innovaciones genuinas.
Han
saqueado los recursos del sector público a través de esquemas de
privatizaciones de gran escala, y han garantizado subsidios públicos que
rara vez les exigen ofrecer beneficios a los contribuyentes. Y han
llevado a cabo una manipulación del mercado de amplio alcance,
convirtiéndose en cobradores de deuda, utilizando las reventas de
acciones para impulsar la remuneración ejecutiva, entre otras cosas.
Además del mero rango de esquemas de búsqueda de
rentas que funcionan hoy en día, los requerimientos laxos en torno a los
informes corporativos en todo el mundo hacen difícil la tarea de
estimar la magnitud del problema
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés), nuestra
investigación analiza más allá de la economía estadounidense y se
sustenta en una base de datos recientemente confeccionada para empresas
públicas en 56 países desarrollados y en desarrollo.
Utilizamos esos
datos para estimar en qué medida las ganancias de las grandes
corporaciones no financieras excedieron el típico rendimiento de las
utilidades sectoriales anuales desde 1995. Descubrimos que las ganancias
excedentes subieron marcadamente en las dos últimas décadas, del 4% de
las ganancias totales en 1995-2000 al 23% en 2009-2015. Para las 100
firmas principales, ese porcentaje aumentó del 16% al 40%, en promedio.
La misma base de datos de múltiples países también
confirma que la concentración de mercado ha aumentado significativamente
en los últimos veinte años, particularmente entre las 100 firmas
principales. En verdad, las grandes disparidades entre firmas se han
vuelto una característica esencial de la era de búsqueda de rentas
corporativa.
En 2015, las 100 firmas principales tenían una
capitalización de mercado combinada (el valor total de las acciones en
circulación de una compañía) que era 7.000 veces superior a la de las
2.000 firmas del final de la tabla. Hace veinte años, ese múltiplo era
apenas 31.
Para peor, esta tendencia no se ha extendido al
empleo. Entre 1995 y 2015, las 100 empresas principales aumentaron su
capitalización de mercado cuatro veces, pero ni siquiera duplicaron su
porcentaje de empleo.
Esto implica que la concentración de mercado y la
extracción de rentas corporativas se están alimentando mutuamente. El
resultado es un entorno de mercado donde «el ganador se lleva la mayor
parte» que perjudica marcadamente a las empresas nuevas, a la innovación
empresarial y a la creación sostenida de empleos de alta calidad.
Consideremos, por ejemplo, la proliferación de poderes
de protección de patentes de amplio alcance a través de acuerdos
comerciales y de inversión, bilaterales y multilaterales. Esos poderes
han sido extendidos a nuevas actividades que anteriormente no se
consideraban áreas de innovación tecnológica, como las finanzas y los
métodos comerciales.
Como resultado de ello, los gigantes tecnológicos,
en particular, han conseguido un nuevo nivel de captura del regulador,
lo que les permite limitar la libertad de expresión cuando esto favorece
sus intereses, expandirse a mercados que no son de alta tecnología y
dar forma a las agendas emergentes de políticas globales, como la
inclusión financiera y el comercio electrónico.
No es demasiado tarde para controlar la tendencia
hacia el capitalismo rentista. Los factores «endógenos» que contribuyen a
una captura del regulador de amplia escala y a un rentismo corporativo
se pueden abordar a través de una legislación antimonopolio más fuerte,
políticas para empoderar a la mano de obra organizada, revisiones de los
acuerdos comerciales existentes y un mejor monitoreo, a nivel
internacional, de los precios de las transferencias y la evasión
impositiva.
Algunos responsables de políticas ya han comenzado a tomar
medidas en estos frentes. Pero el éxito demandará un esfuerzo más
concertado.
Es hora de obligar a las grandes empresas a que regresen al
negocio de la inversión productiva y la creación de empleos." (Richard Kozul-Wright y Stephanie Blankenburg
, Project Syndicate, en Rebelión, 06/10/17)
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