"Trabajaron años para sostener la economía de dos
países. A uno, Estados Unidos, le aportaron mano de obra e impuestos; al
otro, México, le mandaron remesas que mantuvieron a miles de familias y
comunidades. Ahora son migrantes retornados y los dos gobiernos no se
hacen cargo de sus especiales necesidades.
“Son las incongruencias del sistema de Estados Unidos,
que no te da un estatus legal, pero si te da un número para pagar
impuestos cada año”, dijo a IPS la activista por los derechos de los
migrantes, Ana Laura López.
Ella misma fue deportada en septiembre de 2016, después de 16 años viviendo en la ciudad estadounidense de Chicago.
“En cada quincena me descontaban beneficios para el
retiro, que se quedan en una cuenta, en ‘stand by’ (hibernación),
mientras no tengas tu estatus migratorio, pero es muy difícil
conseguirlo”, insiste.
“Yo en México tenía un nivel económico bajo, no tenía
acceso a una visa, por eso me fui de forma ilegal. Me fui solo con
secundaria y acabé la ‘prepa’ (educación media superior) en Estados
Unidos”, cuenta López, de 42 años.
Continúa su relato explicando que “trabajé en el
consulado mexicano, me pagaba una agencia federal, ganaba bien, estaba
cumpliendo mi ‘sueño americano’, me consideraba una ciudadana porque
tengo un récord súperlibre (de faltas o delitos) y aun así, nunca
conseguí el estatus. El peor delito es ser migrante”.
López fue deportada en el mismo avión en el que
viajaría a México, con un boleto comprado por ella. Era un regreso
temporal con el que pretendía regularizar su situación migratoria. Ella
cree que fue por su activismo en favor de los migrantes y de los
trabajadores en Estados Unidos.
En México ha tenido que empezar de cero, con trabajos
en los que gana ocho veces menos que en Estados Unidos, sin seguridad
social, sin pensión, sin salario acumulado, a pesar de que durante 16
años envió quincenalmente a México entre 200 y 300 dólares, como remesa
para ayudar a la economía de su familia.
“Esos recursos que mandamos a México son perdidos,
porque no tenemos acceso a salud ni a vivienda ni a un programa de
retiro, ni siquiera a un crédito”, dice. “Las leyes migratorias son
terriblemente injustas y abusadoras de los derechos laborales”, insiste.
La deportación masiva de inmigrantes indocumentados se intensificó
durante la presidencia del demócrata Barak Obama (2009-2017). Entre 2009
y 2016, fueron deportadas 5,2 millones de personas de ese país y 65 por
ciento de ellas eran mexicanas, según los datos del estadounidense Departamento de Seguridad Nacional. (...)
La mayoría de estos mexicanos deportados tiene una edad que ya no se
considera productiva, no tiene el inglés como lengua principal, su nivel
de escolaridad es bajo, trabaja en servicios y su familia (cónyuge e
hijos) está en Estados Unidos. (...)
Por lo pronto, cada día regresan a México, en promedio, 600 personas.
En Ciudad de México aterrizan cada semana tres aviones
cargados con migrantes deportados, que llegan a un país que ya muchas
veces no reconocen, con una hoja de repatriación.
En el aeropuerto reciben una bolsa de plástico con un
sándwich, un jugo, una fruta, una pasta de dientes, un frasco de champú y
una pastilla de jabón, como paquete de bienvenida del gobierno
mexicano.
Ahí los espera, todos los martes, el colectivo Deportados Unidos en la Lucha
que se creó en enero y que desde mayo abrió un taller de serigrafía en
Ciudad de México para generar autoempleo y tener un espacio para recibir
y alojar a migrantes. Ellos les ayudan a contactar a familiares y a
tener información de trámites como el seguro de desempleo.
López, integrante de ese grupo, piensa que los
programas no están destinados a los trabajadores que regresan después de
mucho tiempo fuera del país, ni a asistir a familias separadas, con
temas como vivienda estable o mecanismos para solicitar pasaportes para
niños a los que se ha separado de sus padres.
Algo tan simple como cambiar dólares por pesos, es
casi imposible si no tienen documentos de identidad o el único que
tienen es la hoja de repatriación. “Si se les niega el primer derecho
que es el de la identidad, porque parece que perdemos la identidad
cuando nos vamos, le estas negando todos los derechos”, insiste." (Daniela Pastrana , IPS, 17/10/17)
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