8.11.18

Manuel Castells: en la raíz de la victoria de Bolsonaro, en la de Trump, en la de Salvini... hay algo más que rechazo: hay odio. Odio a los que gobernaban o gobiernan aún. Y odio a los conciudadanos que tienen posiciones distintas...

"(...) La elección mayoritaria de un personaje explícitamente opuesto a la democracia en un país tan decisivo como Brasil marca un giro fundamental en América Latina. En una región del mundo en donde por décadas se luchó por la democracia con sangre, sudor y lágrimas. 

Y en donde ahora corren vientos de odio que amenazan con llevar al poder por votación popular, o ya los llevaron, a quienes niegan esa democracia. Algo habrán hecho los ­demócratas para generar ese rechazo. Pero podría ser demasiado tarde para rectificar. 

Porque en la raíz de la radi­calidad antidemocrática hay algo más que rechazo: hay odio. Odio a los que gobernaban o gobiernan aún. Y odio a los conciudadanos que tienen posiciones distintas. Porque en la medida en que no se confía en las instituciones, ya no hay respeto para la convivencia ni tolerancia para el disentimiento. 

Se rompe el tejido social y la relación es directa, con el líder, apoyado en la fuerza bruta de los aparatos militares y policiales erigidos de nuevo en guardianes de la patria, esta vez por aclamación popular, sin necesidad de golpe. Ya han empezado asesinatos y asaltos a gays, a mujeres, a militantes de izquierda, todo bajo tolerancia policial y militar. (...)

Y no es sólo Brasil. Surgen en el ámbito mundial líderes que se encumbran predicando el odio, seguidos por masas enfervorizadas que vacían sus frustraciones contra el otro. Frecuentemente contra la otra, porque a menudo el odio empieza en el hogar. Un escalofriante ejemplo es lo que está ocurriendo en el país mas poderoso del mundo: Estados Unidos.

 Temeroso de las elecciones legislativas del 6 de noviembre, Trump ya amenazó hace tiempo con que si ganan los demócratas puede haber violencia. Sin precisar el origen, aunque luego insinuó que provendría de los demócratas si ganaban poder. En las arengas de campaña de estos días acusa a los demócratas de haberse convertido en una turba violenta ( mob en inglés). Pobres demócratas, ellos tan modositos.

 La campaña de las mujeres contra la confirmación para el Tribunal Supremo del probable acosador sexual Kavanaugh desencadenó la furia de Trump y sus seguidores más fanáticos. Miren por donde, pocos días después, o sea, esta semana, empiezan a llegarles paquetes bomba a Obama, a los Clinton, al filántropo George Soros, al exfiscal general Eric Holder, a la congresista demócrata Maxine Waters y a la CNN, objeto número uno del odio de Trump.

 El escándalo, sin embargo, es que el presidente, aunque obviamente condenara los explosivos envíos, pidiera moderación “a ambos lados” como si bombas y manifestaciones fuesen lo mismo. Ni siquiera llamó para expresar su solidaridad, acusando a los medios de ser los culpables de instigar odio. Mensaje repercutido por las radios de extrema derecha entre las huestes racistas envalentonadas.

Ese mismo odio se extiende en Europa, contra los refugiados, contra los musulmanes, contra los inmigrantes, contra el extranjero en general, contra las oenegés y contra aquellos que intentan moderar y dialogar. 

Odio estimulado por líderes como Salvini, el hombre fuerte de Italia, o los presidentes de Austria, Hungría y Polonia, por los neonazis de Alternativa por Alemania, o sus compadres de Holanda y Suecia. O por Le Pen, que no ceja en su empeño. Todos ellos jaleados por Steve Bannon, el apóstol del trumpismo ahora aposentado en Bruselas. (...)"                (Manuel Castells, La Vanguardia, 27/10/18)

No hay comentarios: