"El 2019 arrancó con un degoteo de expedientes de
regulación de empleo en algunos de los buques insignia de la economía
española. Caixabank, Dia, Santander, Vodafone;
Con el fantasma de una desaceleración mundial acechante, la cifra
anunciada de despidos solo en estas cuatro compañías, a falta de
confirmarse la propuesta inicial de la entidad presidida por Ana Botín y
de cerrarse el resto, podría superar las 8.000 personas.
Estos 8.000 empleos extinguidos representan casi la
mitad del número de trabajadores despedidos mediante un expediente de
regulación de empleo en el 2018. (...)
Marta, nombre ficticio para preservar su anonimato, puede ser una de las afectadas en el ERE de Vodafone,
que pese a cerrar el 2018 con beneficios, acaba de pactar con los
sindicatos un despido colectivo de 1.000 personas. Esta empleada de 54
años describe el ambiente entre la plantilla de "angustiado",
ya que todavía tardarán tres semanas en saber quién se va y quién se
queda.
"Los trabajadores nos hemos esforzado en cumplir con los
objetivos y estándares de calidad que nos pedía la empresa y ellos, que
no han ganado tanto como querían, nos lo pagan con despidos", afirma. (...)
No solo a las grandes firmas y en grandes cifras
llegan los expedientes de regulación de empleo. También más de una
pequeña compañía ha activado sus mecanismos de reestructuración de
plantilla. Algunos incluso sin tener que recurrir a la fórmula del ERE. Paul Moreno es uno de los 56 empleados de la fábrica de La Antigua Lavandera,
en Sant Adrià del Besos.
Los dueños, el grupo Blue Sun, se llevan la
producción de lejías que hasta ahora surtían a marcas como Neutrex,
Conejo y Estrella a Alcalá de Guadaira (Sevilla). El motivo que
transmiten a los trabajadores son las pérdidas y el aumento del precio
del alquiler de la nave. Y la alternativa es irse a Sevilla o aceptar
una indemnización de 20 días por año trabajado, con tope de 12
mensualidades; la mínima por ley.
"La moral en la fábrica está por los suelos", cuenta
Paul, que acaba de cogerse la baja por una contractura en el cuello,
fruto de 14 años llevando un toro mecánico y agravada por la tensión de
estas últimas semanas. "Mi hijo de tres años me lo nota, me pregunta
‘¿Qué le pasa a papá que está serio?’. ¿Como le explico yo que me voy a quedar en la calle?”, explica.
Juli López y el resto de los 43 empleados de la fábrica de Gallina Blanca
en Sant Joan Despí acabaron esta semana una huelga indefinida de siete
días, tras cerrar con la compañía un acuerdo para el traslado de la
planta a Ballobar (Huesca). Prejubilaciones a parte, los que aceptarán
una salida se llevan 60 días por año trabajado, con tope de 42
mensualidades y un plus de hasta mil euros por antigüedad.
Juli acaba así una carrera de 23 años en la planta,
en la que desempeñaba el cargo que en jerga interna denominan
"polivalente". “Me conozco perfectamente la fábrica, la sopa me corre por las venas",
cuenta. Este trabajador, con las condiciones de traslado propuestas por
la empresa y con mujer y dos hijos que le esperan en su casa de Sant
Feliu, ni se ha planteado irse para Huesca. La experiencia
es su principal valor añadido, aunque teme que a sus 46 años y con el
actual mercado de trabajo, eso sea algo que otras empresas no valoren.
"Ahora mismo me siento como pollo sin cabeza, que no sabe para donde
correr", explica." (Gabriel ubieto, El Periódico, 02/03/19)
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