29.7.19

Iglesias estaba seguro de que lo que más deseaba Sánchez en esta vida era seguir en La Moncloa, pero él necesitaba entrar en el gobierno para sobrevivir. Pedro no tenía ningún interés en cerrar un acuerdo con Podemos porque su gobierno habría durado apenas dos meses. Los socialistas son conscientes de que van a necesitar otros apoyos: pronto llegarán las sentencias del procés y una posible recesión que todo el mundo está anticipando. El resultado de tanta seguridad en la debilidad del rival llevó al descarrilamiento. Aun cuando afecte a cada uno de los partidos en distinto grado, este espectáculo se cobra un precio. Gana el discurso de VOX, el de que los políticos miran solo por su interés y que, por tanto, estaríamos mejor sin ellos. Pierde la izquierda, y sobre todo, Iglesias. El PSOE ha ido a cobrarse su cabeza y lo ha conseguido...

 "El líder de UP estaba seguro de que lo que más deseaba Sánchez en esta vida era seguir en La Moncloa y que, por tanto, se le debía presionar porque acabaría cediendo. 

Desde la otra parte, este proceso de tensiones y mal rollo se asentó en una convicción similar: Iglesias necesitaba entrar en el gobierno para sobrevivir, UP necesitaba tocar poder, en parte por la fragilidad interna de su formación, y por tanto era posible presionarle, porque acabaría rindiéndose. El resultado de tanta seguridad en la debilidad del rival llevó al descarrilamiento.

 La pregunta de fondo es quién ha salido perdiendo con todo este alboroto difícilmente comprensible. Y la primera respuesta es evidente, pero no por ella menos importante. Se suele insistir en que el ruido y el desacuerdo dificultarían la movilización de los votantes afines a PSOE y UP en unas hipotéticas elecciones, pero es más relevante la enorme desconfianza social que estas actitudes generan en la ciudadanía, añadiendo otra decepción a las muchas que la política suele generar

Puede parecer un asunto menor, pero es todo lo contrario, porque los nuevos movimientos políticos, especialmente los de la extrema derecha, se apoyan por completo en la antipolítica, en la sensación de que los regímenes existentes no funcionan, de que los políticos miran solo por su interés y que, por tanto, estaríamos mejor sin ellos. 

La percepción social de la investidura es que todo consistía en una lucha desnuda por el poder, y esto hace mucho daño. Quienes se escandalizan con la llegada al poder de Boris Johnson, Bolsonaro, Salvini o Trump harían bien en comprender que este es el punto de partida.

 En segunda instancia, las fuerzas de izquierda también han salido perdiendo. Aun cuando afecte a cada uno de los partidos en distinto grado, este espectáculo se cobra un precio. (...)
“¿Habrá septiembre?”
Tampoco quedan muchas esperanzas respecto a la posibilidad de acuerdo dentro de un par de meses.(...)

 Rufián realizó una advertencia que habría que escuchar cuando afirmó “¿habrá septiembre? ¿Lo podremos hacer en septiembre?”. Para ese mes se esperan las sentencias del 'procés', lo que hará muy complicado que se repita su abstención. (...)

Sobre todo, no quedan demasiadas esperanzas respecto de un acuerdo tras la intervención de Lastra, que ha roto todos los puentes, y que ha demostrado que el PSOE se siente traicionado y que ya no existe ninguna confianza respecto de Podemos. Algo profundo se ha quebrado, y eso es muy complicado de arreglar con negociaciones sobre reparto de puestos

Sabemos cómo es la política, y quienes hoy se odian profundamente mañana pueden estar dándose abrazos, pero es muy, muy difícil gobernar con alguien a quien no aguantas, e Iglesias y el PSOE ya no pueden estar juntos.
La cabeza de Iglesias

Por eso, el tercer perdedor, y el que va a pagar el mayor precio es Iglesias. UP podía haber hecho muchas cosas. (...)

En esa tesitura, contaba con varias opciones: podía haber investido a Sánchez y pasar a la oposición; podía haber optado por un acuerdo programático sin entrar en el Gobierno; podía haber cogido los ministerios y la vicepresidencia que le ofrecían y, como dijo Rufián, asegurarse cuatro años de supervivencia y ya veríamos en las próximas elecciones. Ha optado por lo peor, y el precio lo va a pagar él. El PSOE ha ido a cobrarse su cabeza y lo ha conseguido.

Simplemente, Iglesias no ha sido consciente de que él estaba en una situación de mayor necesidad, por su debilidad interna y porque era quien peores armas tenía: menos diputados, menos poder institucional, menos presencia y más hostil en los medios, menos experiencia en esta clase de negociaciones y menos simpatía pública. Es verdad que contaba con Twitter, pero nada más. Iglesias ha quedado muy tocado hoy, también ante los suyos. 

Aitor Esteban recordaba que había existido un amago de ruptura con IU, pero no es solo eso: quienes esperaban un cargo pueden quedarse sin él, algunos socios están dudando de su capacidad para dirigir el proceso y muchos simpatizantes entienden, con o sin razón, que Iglesias ha sido el principal responsable del fracaso de la investidura. Eso no se borra con un relato en las redes.

Pero tampoco deberíamos enredarnos demasiado en estas cuestiones. El pulso que hemos presenciado, que se agota en el reparto de cargos, en un nuevo reparto de poder, con UP sin apenas margen de acción, y en algún cadáver político, produce mucha indignación.

 España sigue esperando, y tenemos la sensación de que nuestros problemas van a seguir estando ahí durante mucho tiempo y de que la política cada vez ayuda menos a solucionarlos. Una lección que no terminan de aprender las formaciones políticas nacionales, que están haciendo todo lo posible por echarse a la gente encima."                       (Esteban Hernández, El Confidencial, 25/07/19)


 "(...) Pedro Sánchez no tenía ningún interés en cerrar un acuerdo con Podemos porque su gobierno habría durado apenas dos meses. 

No es que el Presidente in pectore tenga vista de halcón, pero al lado de la fauna que le rodea alcanza a divisar los bultos que podrían convertirse en amenazas. ¿Alguien se imagina un gobierno formado por los sacapechos de Podemos jaleados por un Rufián consagrado en la Basílica de Lledoners como el nuevo nuncio del abad Junqueras, cuya única esperanza de una penitencia leve se reduce a la buena voluntad del Espíritu Santo encarnado en un tal Sánchez? Si Podemos, ese grupo “confederal” al que cita Pablo Iglesias como si se tratara de los “confederales” de los filmes del Oeste, no ha sido capaz de resolver con apenas un silbido a una delegada en La Rioja a la que trajeron de Berlín para poner orden en la pandilla, ¿qué carajo esperan que ha de pensar si forman gobierno? Como ése hay un puñado.

 Demasiado empoderamiento posmoderno para una formación que no ha dado el salto de la asamblea de facultad y el escrache a las obligaciones de un grupo político con aspiraciones de gobierno.

Y entretanto, el hombre de la flor en el culo les ha dado sedal y ellos mordisqueando el anzuelo. Más allá del último vagón no hay sitio, y el tren aún no tiene la orden de salir. Que esperen a septiembre u octubre para que cada cual se retrate ante el Tribunal Supremo, y si cabe ante las urnas. 

Nada es seguro, porque no depende de ellos sino de las contingencias. De momento seguir vacilando, y como la gente es idiota, como demuestran día tras día los medios de incomunicación más reputados, ya se irán inventando paparruchas para ir tirando.

Como mínimo, hasta septiembre el corazón inerte del país dejará de existir; solo trabajarán los Servicios Auxiliares compuestos por el núcleo directivo, los fontaneros, los asesores, los fabricantes de encuestas, las secretarias -¡qué harían sin secretarias, ellos tan feministas!-, los chóferes, las encargadas de la limpieza y los encriptadores que hacen las veces de policías de seguridad para que no penetre el enemigo.

Pedro Sánchez se ha adentrado en su propio laberinto y ahora se trata de encontrar la salida más cómoda para él y más onerosa para sus adversarios. Repetición electoral. Como es sabido que las urnas las carga el diablo hay que cubrir de mierda al competidor hasta las orejas. Que se preparen los tibios, porque tendrán enfrente al Gobierno en funciones y al presidente en funciones. ¿En función de qué?, preguntará un cándido. Pues en funciones de machacarte vivo.  (...)

Después de los estriptis de esta semana, con el “enséñalo todo” de la sesión del jueves, votación incluida, solo queda el rubor de una cierta vergüenza ajena. Un presidente in pectore desbordando egolatría, nuevo Moisés que nos adentra en la tierra prometida, y un Pablo Iglesias que a falta de la hipotecada caseta del perro pide como consolación “fanta” para todos  (...)

Panorama desolador el del erial político. Debería haberse emitido en horario prohibido para la infancia, porque provoca algo más que rechazo: incita a la violencia. Unos falsos autónomos con gastos pagados se ríen de sus propias gracias y se jalean en su condición de siervos del amo. En este momento no hay más amo que Sánchez, él decide y los demás esperan lo único que puede cambiar su suerte, que no son las urnas sino el destino. Tiene 123 diputados y quien le oyera creería que supera la mayoría absoluta.  (...)

Mientras, la ciudadanía pastueña se hace vegana o animalista o se droga con plasma -la pantalla es el más letal de los estupefacientes-. (...)

Sólo a quien la astucia ha concedido el privilegio de dotarle de una flor en el culo sabe que todos miran al suelo, menos él."                    (Gregorio Morán, Vox populi, 27/07/19)


 "(...) Pedro Sánchez concedió una demoledora entrevista a La Sexta en la que atacaba sin piedad a Iglesias. 

Hubo un inciso en la conversación, justo el tiempo necesario para presenciar cómo Raquel Romero negaba su apoyo al PSOE en La Rioja. No era un asunto menor, porque uno de los reproches de Sánchez a Iglesias era que no controlaba a su partido y que por tanto no podía ofrecer las garantías de lealtad exigible a un socio, especialmente en asuntos tan relevantes como Cataluña. 

No fue casualidad, porque la entrevista tuvo lugar en directo justo a la hora en la que se iba a producir el no de Romero. Aquello significaba la perfecta escenificación de lo que Sánchez estaba subrayando.  (...)

Sánchez eligió ese momento para golpear duro, y era esperable. Debilitar al oponente para conseguir ventajas es un juego usual en la política, y Podemos tiene muchas zonas vulnerables que el PSOE está explotando. 

La utilización del extraño caso de La Rioja forma parte de un escenario en el que también están presente la promoción de Errejón como futuro líder de la izquierda, la amenaza de que ponga en marcha un partido, Más País, para que concurra a una hipotética repetición electoral, la creación en el Senado del grupo Izquierda Confederal, en el que se han integrado Más Madrid, Compromís, Adelante Andalucía, Més per Mallorca y Catalunya en Comú o las continuas críticas de Teresa Rodríguez a la dirección. (...)

El partido antes conocido como Podemos se ha partido en tres, los partidarios de Errejón, los anticapitalistas y el núcleo de Iglesias. El plan del líder morado para recuperar terreno y asentar la posición de los suyos es alcanzar una presencia institucional bien visible, porque nada cohesiona internamente tanto como tener poder.

 En ese contexto, Iglesias sabía que resultaba prescindible, ya que lo importante es dejar bien situados a los suyos, comenzando por Irene Montero, para que en un tiempo puedan heredar el partido. Eso explica su paso atrás para facilitar el acuerdo, que es también consecuencia de su debilidad interna. (...)

En ese juego estamos, y habrá más movimientos de aquí a la investidura. En esta pugna confluyen dos visiones temporales, la lucha por la subsistencia de Iglesias y los suyos, y la mirada más a largo plazo de los socialistas, que son conscientes de que van a necesitar otros apoyos: pronto llegarán las sentencias del procés y habrá de afrontarse el problema catalán, y los presupuestos, y bastantes más desafíos en una legislatura que no será sencilla.

Hay que insistir en que más allá de una posible recesión que todo el mundo está anticipando (llevan tiempo diciéndolo y alguna vez acertarán, aunque sólo sea por aquello de que un reloj parado da bien la hora un par de veces al día), el escenario en general es poco favorable, y menos desde las elecciones europeas.

 La UE pinta mucho en esto y lo que han llegado desde allí son malas noticias. Macron y Sánchez se reunieron en el Elíseo para pactar una alianza contra la extrema derecha, pero ha sido el Grupo de Visegrado el que ha decidido en última instancia la presidencia de la Comisión; iban a ser la punta de lanza de una nueva UE impulsada por liberales y socialdemócratas, pero es la derecha la que marca la pauta. Europa ha girado en lo ideológico, porque se ha hecho más de derechas; en lo geográfico, porque ahora el Este tiene más peso que el sur; y hacia una menor cohesión e integración, producto también del giro geopolítico estadounidense. 

En ese contexto, es fácil pensar que las autoridades europeas, incluidas las del BCE, van a ser poco comprensivas con España, y eso se traducirá en políticas que exigirán socios diferentes de Podemos para ser aprobadas. 

Eso está también presente en la desconfianza última de Sánchez hacia Podemos, ya que necesita un socio dócil para que no se convierta en un problema en el futuro, por si hay que tomar otro tipo de decisiones. No es sólo Iglesias, es bastante más, y la presión socialista también apunta hacia ese objetivo."             (Esteban Hernández, El Confidencial, 19/07/19)


"Investidura fallida. Alguien dirá que ya vendrá la tercera en septiembre. No creo yo que las cosas en el futuro salgan bien, para unos y otros.

 Y, sobre todo, para todos los teóricos depositarios y beneficiarios de la política, la colectividad, cuando se dejan pasar las posibilidades para hacer alguna cosa positiva para ella, entendiendo por hacer algo positivo que hay problemas graves, aquí y en todas partes, que no entienden ni de juegos malabares para quedarte con todos los sillones y que se sienten los “socios”

El candidato y el PSOE han dicho y hecho lo que les ha dado la gana, exigiendo a todo el mundo que le dejasen gobernar sin más, con pocas consideraciones al posible aliado Podemos.

 Mi opinión es que Podemos debería haber dicho: ahí está nuestro programa básico para los próximos años en los principales asuntos, defenderlo en la sesión de investidura y exigir respuestas al candidato, y decir a continuación: “Ustedes gobiernen, nosotros estaremos en la oposición proponiendo, exigiendo y movilizando”.

Espero que lo sucedido no sea lo peor.     (Jueves, 25 de julio de 2019)."       (Francisco Frutos, es secretario general del PCE, Crónica Popular, 28/07/19)

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