15.7.19

La Unión Europea financia a criminales sabiendo que lo son. Estoy avergonzada de que mi Gobierno, un país como Alemania y la Unión Europa den apoyo a esos criminales. Jamás lo entenderé...

"(...) Rackete, licenciada alemana en ciencias del mar, experta capitana curtida a bordo de una nave rompehielos en el Ártico y actualmente al frente de la nave humanitaria Sea Watch 3, es hoy el símbolo más potente de la resistencia a la política migratoria ultraderechista del ministro del Interior Matteo Salvini. 

Tras 16 días en el mar, harta de esperar una solución política que no llegaba nunca, decidió desobedecer al Gobierno italiano para poner rumbo al puerto de Lampedusa con 41 inmigrantes a bordo y terminar con una farsa política que duraba desde hacía un año: los puertos de Italia no están cerrados. Lo confirmó la realidad y la juez que le dio la razón poco después en auto demoledor contra el decreto Salvini. 

Pregunta. ¿Cómo lleva haberse convertido en un símbolo de la resistencia a la política de puertos cerrados de Salvini?

Respuesta. Ha sido una situación complicada. Sabíamos que romper esa ley atraería mucha atención. Luego entendimos más lo que significaba y a quienes representábamos. Mucha gente está ayudando en Europa a migrantes, acogiendo refugiados. Por eso me parece poco natural o justo que la atención se centre ahora en una sola persona.

P. Han pasado dos semanas desde que entró en el puerto desobedeciendo al Gobierno italiano. Desde entonces algunas cosas han cambiado. ¿Lo haría otra vez?

R. Si estuviera en la misma situación, sí. No teníamos otra opción, debíamos velar por la seguridad de esa gente. Pero lo más interesante de toda esta atención mediática y de lo que hicimos es que ha habido cambios. El Alan Kurdi [la nave de la ONG alemana Sea Eye], por ejemplo, recibió el otro día el ofrecimiento de desembarcar en Malta, les dieron barcas para el trasbordo y Europa se ofreció a recolocar a los migrantes. Y es exactamente lo que queremos y lo que se ha logrado en dos semanas. Eso nos muestra el impacto directo de la acción.

P. ¿Se rompió un muro ficticio?

R. Había una concepción errónea de la política migratoria. Financiar y apoyar a la Guardia Costera libia para empujar a la gente hacia un país donde hay una guerra civil es algo completamente equivocado. Otros capitanes antes que yo han sido urgidos a devolverlos ahí. Si no lo hacían, les criminalizaban y trataban de arrestarlos. Esta causa ha hecho visible que muchas cosas se están haciendo de manera errónea. El Ministerio del Interior nos ha dado mucha publicidad.

P. El fiscal dijo que no estaba justificado el estado de emergencia que usted invocó para entrar. ¿Cuál era la situación real a bordo antes de su maniobra?

 R. Muy tensa. Cada día tenía informes del equipo médico, también de los psicólogos y de la tripulación, todo iba a peor. El barco no está preparado para tener a bordo a 40 personas tantos días. No había privacidad, no se podían duchar, los lavabos químicos no funcionaban… Toda esa gente viene de un país en guerra civil, habían sufrido abusos, también torturas. No teníamos una visión clara del futuro y eso incrementaba la ansiedad hasta el punto de que algunas personas amenazaron con suicidarse... Era gente que ya lo había intentado. El equipo médico nos dejó muy claro que ya no podía garantizar más tiempo su seguridad. Y esa era una línea roja.  (...)

P. Hoy quedan menos ONG en el Mediterráneo y algunas arrastran ya una gran deuda por las multas. ¿Salvini está ganando?

R. No, de ninguna manera. Proactiva está ahí fuera, Alan Kurdi [el barco de la ONG alemana Sea Eye] está fuera. La iglesia protestante alemana quiere fletar un barco y hay un par de organizaciones más con previsiones de hacerlo. Hay un gran interés en continuar y estoy segura de que lo harán.

P. Mientras sucedía todo esto, Salvini subía en las encuestas y usted era recibida con insultos en el muelle. ¿Italia se ha vuelto un país racista?

R. La situación está extremadamente polarizada. Lo vemos también en Reino Unido o Alemania. El futuro nos dirá dónde va Europa, pero los que están en medio en silencio deberán alzar la voz. La gente que no se ha significado deberá posicionarse. Y tendremos que ponernos de acuerdo en que la vida de la gente vale lo mismo independientemente de dónde vengan. Es el momento de que la parte central de la sociedad frene esta polarización y se ponga del lado de la ley internacional.

P. ¿Europa ha estado a la altura?

R. ¡Totalmente no! Está financiando a los guardacostas libios y a un régimen que permite la tortura y el tráfico de seres humanos. La Unión Europea no debería cooperar con organizaciones así. Financian a criminales sabiendo que lo son. Estoy avergonzada de que mi Gobierno, un país como Alemania y la Unión Europa den apoyo a esos criminales. Jamás lo entenderé.  (...)

P. El activismo también tiene sus cosas. Esta vez intentaron ridiculizarla y decir que es una niña de papá para deslegitimarla.

R. Me sorprendió porque no es verdad. Pero esperaba algo así de los medios de ultraderecha, ese es su funcionamiento. Procedo de una familia de clase media, he ido a dos universidades gratuitas y tuve una buena educación gracias al sistema social de Alemania. No vengo de un contexto rico. (...)

P. El auto de la juez es demoledor con la ley Salvini. ¿Cómo fue aquel interrogatorio y ese momento?

R. Hizo una declaración muy clara del caso, desde el principio hasta el final. Dijo que la ley de Salvini solo puede aplicarse a los traficantes, y ese no es nuestro caso. Los jueces son independientes, pese a la presión política que reciben.

P. Tras su experiencia y por lo que leyó en el auto, ¿diría que los puertos de Italia están cerrados?

R. Es muy difícil de responder. La situación no está clara. Se demuestra que la ley internacional marítima es más fuerte que la regulación italiana, y por tanto están abiertos. Pero por otro lado, el miedo de la criminalización unido al hecho de que muchas ONG evitan ir a Italia, lo complica. No es fácil.

P. Si le devuelven el barco y queda libre, ¿volverá al mar?

R. Si termina la investigación y el barco es liberado, por supuesto. Hay mucho que hacer. La semana pasada murieron 80 personas y hay naufragios constantemente. La necesidad está en el mar, donde muere gente cada semana."                         (Daniel Verdú, El País, 11/07/19)


 "Criminalizar la solidaridad. Para Salvini no hay duda; salvar vidas es un crimen, pero más allá de las palabras, la UE rema en la misma dirección.

¿Es salvar vidas un crimen? Para Salvini no hay duda. En 2013 las ONG de salvamento marítimo reaparecieron en el Mediterráneo de la mano de la operación italiana Mare Nostrum. Entonces nadie dudaba de su necesidad. En poco más de un año se salvaron 170.000 vidas.

Cinco años después, Italia ha prohibido a los barcos de salvamento marítimo atracar en sus puertos. Aquellos que como Carola Rackete osen desobeder, son acusados de “criminales”, “fanfarrones” e “ilegales”. Para Salvini “es un acto criminal, un acto de guerra”.

Las palabras y formas de Salvini ruborizan a media Europa. El mismo presidente alemán Frank-Walter Steinmeier declaró que cualquiera que salve vidas humanas no puede ser considerado criminal. Y Francia denunció la “estrategia de histeria” del ministro Salvini.

Según su portavoz del Gobierno, el derecho marítimo internacional, que obliga a dejar a los migrantes en el puerto marítimo más cercano y seguro, está por encima del decreto de Salvini: “Italia debe respetar las normas internacionales. Es lo que le reclamamos. Y evidentemente la Unión Europea debe ser capaz de responder con solidaridad”.

Más allá de las palabras de unos y otros, en la práctica hace tiempo que la Unión Europea y sus Estados miembros reman en la misma dirección. En su lucha contra los traficantes, el espacio para la solidaridad se ha visto progresivamente reducido, si no criminalizado. A nivel legislativo, según la Directiva 2002/90/CE, el delito de tráfico consiste en “asistir a inmigrantes irregulares a entrar o permanecer en el territorio de un Estado miembro”.

Respecto a la definición de las Naciones Unidas, la Directiva da un doble giro: lo que constituye el delito es la asistencia no sólo en el cruce de fronteras sino también una vez dentro del territorio nacional; y, en la asistencia en frontera, ya no es necesario que se dé un “beneficio financiero”.



  Según la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA), sólo una cuarta parte de los Estados miembros de la Unión Europea tienen disposiciones específicas para garantizar la excepción humanitaria. Ya a inicios de 2015, el Foro Europeo de la Migración, una plataforma de diálogo entre sociedad civil e instituciones europeas, reclamaba la revisión de la Directiva para evitar la criminalización de la ayuda humanitaria. En concreto, pedía que se excluyera explícitamente la penalización de la ayuda humanitaria en frontera así como la provisión de servicios y bienes, con fines económicos pero sin condiciones de explotación, dentro de la Unión Europea. (...)

desde 2018, estamos asistiendo a la progresiva criminalización de las ONG de rescate. Por un lado, se les acusa de “favorecer la inmigración clandestina” y de “colaborar con los traficantes”. Por otro, las ONG también han sido perseguidas por no colaborar con la guardia costera libia. Da igual quiénes estén detrás de esta guardia costera o en qué condiciones realicen los rescates. Es una cuestión de competencias y ahora las competencias son suyas. En cualquier caso, el objetivo es expulsar a las ONG del Mediterráneo central. Así es como hemos llegado al 2019, con el mar (casi) desierto de operaciones de rescate.

Pero un campo de batalla siempre tiene dos o más contendientes. Por un lado, están los Estados, que acostumbran a poner por encima de todo la defensa de las fronteras y la soberanía nacional. Por otro, no olvidemos tampoco las resistencias: por parte de una sociedad civil organizada, que en pocas horas consiguió recaudar casi un millón de euros para la defensa de Rackete; por parte de ciertas ciudades, en Italia y más allá, que se oponen al decreto de Salvini y a la política europea en el Mediterráneo; y, no menos importante, por parte del Poder Judicial, por ejemplo con la magistrada de Agrigento que acaba de liberar a Rackete recordando que, efectivamente, el deber de salvar vidas en alta mar está por encima de todo."                    

(Blanca Garcés Mascareñas, investigadora del CIDOB. El País, 11/07/19)

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