"Se consumó una irresponsabilidad histórica para la izquierda. (...)
Solo la responsabilidad de los votantes progresistas podrá evitar un
desastre al volver a parar la llegada de la derecha apoyada en la
extrema derecha. (...)
Unidas Podemos ha sido el único que ha buscado con insistencia la formación de un gobierno junto al PSOE.
Sin confiar en él, como la historia advierte y con una actitud en
ocasiones demasiado lesiva para el acuerdo. Tendrían que quitarles
Twitter en periodo de negociación. Y además, ha cometido algunos errores
flagrantes.
El primero ha sido minusvalorar la ambición desmedida de
Pedro Sánchez y la capacidad que tiene para hacer del juego político una
eterna última mano de poker en la que quedarse con todo o nada. Creían
que cedería, que les llamaría, que al final habría una última oferta. Y
se equivocaron. No supieron reaccionar.
Unidas Podemos cometió el
tremendo error a la hora de lograr su ansiado gobierno de coalición de
creerse que la cabeza de Pablo Iglesias valía mucho más que una
vicepresidencia y tres ministerios de un calado político medio-bajo. (...)
El modo en el que la oferta del PSOE se realizó tenía que haber
servido a Pablo Iglesias para darse cuenta de que esa es la única oferta
de coalición que tendría sobre la mesa. Fue un error no coger lo máximo
que podían sacar. Ya se han dado cuenta.
El PSOE adelantó las elecciones porque la foto de Colón le daba un relato ganador con el que poder convencer al antifascismo;
patrimonializar el riesgo cierto de la llegada de los herederos de los
enterradores de cunetas. Utilizaron una alerta arraigada en la
conformación emocional de cualquier persona de izquierdas sin creer en
ella, recurriendo a una de las cosas más sagradas en la conformación del
corpus ideológico progresista: activarse ante la llegada del fascio.
Y
mintió a todos, no solo no le importa ni le preocupa, sino que ha dejado
claro que si la situación lo requiriera volvería a llamar a los
Freikorps. El único adversario irredento del PSOE es cualquier
partido que se sitúe a su izquierda. Inmisericorde. A Pablo Iglesias ni
agua. (...)
Pedro Sánchez no ha llamado ni una vez desde la fallida sesión de investidura a Pablo Iglesias y solo se ha reunido cinco veces con el partido al que no ha dejado de llamar socio preferente. Se negó a reunirse con Pablo Iglesias después de que se le ofreciera en el último pleno de sesión de control al gobierno.
Ha estado cuatro meses intentando quemar a su adversario en el espectro ideológico
creyendo que él es ignífugo y haciéndose fuerte en el centro mientras
veía la estampida hacia la extrema derecha de Ciudadanos, al que espera
en Navidad para gobernar después de que la puerta haya quedado abierta
tras el último viraje desesperado de Albert Rivera para achicar su
sangría de votos.
El plan del quintacolumnista Redondo ha funcionado.
No ceder nada a Iglesias para atraer a Rivera. Los cimientos para
noviembre están fraguando. Los escombros del pacto con la izquierda han quedado sepultados bajo esos cimientos. (...)
La responsabilidad de que no haya habido gobierno es única y exclusivamente de Pedro Sánchez. Porque no lo ha querido. Porque ha insultado la inteligencia de cualquiera que quisiera oirle. Porque ha despreciado a los socios que le dieron la victoria en la moción de censura. Porque es el presidente español que más rápido ha sido abducido por el síndrome de Moncloa.
Pero la culpa, ese elemento judeocristiano de flagelación autoinfligida, es de Pablo Iglesias. Pablo es culpable. Cometió
un grave error de diagnosis. No supo ver que Pedro Sánchez solo se
conforma quedándose con todo. No comparte. Y le da igual si se lleva por
delante la ilusión y la esperanza de miles de ciudadanos. O él o el
caos." (Antonio Maestre, 19/09/19)
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