1.10.19

Los católicos de la Amazonia han logrado que el Vaticano debata oficialmente una propuesta para ordenar a hombres casados como sacerdotes; y a mujeres como diáconas.

"El Papa convoca a los obispos de la región y a expertos para debatir este octubre en Roma sobre la ordenación de curas casados y cómo proteger el ecosistema y a sus moradores.

 Ninguno de ellos tiene aspecto de revolucionario, pero sí vocación. Son parejas felizmente casadas a las que sus hijos han hecho abuelos. Una maestra jubilada indígena piratapuia, María Ana Albuquerque, que durante años viajó en lancha a aisladas aldeas de la Amazonia brasileña para dar catequesis y llevar la comunión a feligreses que solo ven al cura de año en año o, en el mejor de los casos, cada varios meses. 

Fieles entregados como Denis Gama da Silva, 41 años, indígena tucano, padre de familia, que se gana la vida como guarda de seguridad y hace una década asume infinidad de tareas eclesiásticas e incluso, cuando no hay sacerdote, oficiar lo más cercano a una misa que las normas le permiten. O Socorro Oliveira, de 54 años, casada con un diácono permanente, lo más similar a un cura católico. La principal diferencia es que él no puede dar la eucaristía, la extremaunción ni confesar. Todos gozan de la confianza de sus obispos y de sus comunidades pero reclaman al Vaticano que vaya más allá.

Los católicos de la Amazonia han logrado que el Vaticano debata oficialmente una propuesta para ordenar a hombres casados como sacerdotes; y a mujeres como diáconas. Recogieron el guante del Papa cuando convocó a sus obispos a un sínodo y les pidió propuestas “valientes e innovadoras” para proteger la naturaleza y a los moradores de este territorio inmenso, de parroquia dispersa, falto de curas y de vocaciones, y terreno fértil para los evangélicos. La cita es este octubre en el sínodo de la Amazonia, que se celebra a 9.000 kilómetros de aquí, en Roma.

Si Francisco bendice la propuesta, sería un paso con potencial revolucionario porque significaría el fin del monopolio del celibato adoptado hace un milenio en la Iglesia católica, apostólica y romana. El sínodo, en el que el Pontífice y los obispos amazónicos también debatirán sobre cómo proteger a las poblaciones nativas y este riquísimo conjunto de ecosistemas, tiene tan ocupados como esperanzados a los católicos brasileños. 

Las asambleas preparatorias se suceden hace meses. Una de las últimas fue en Manaos, una de las ciudades más peligrosas de Brasil, que sin embargo tiene un espectacular teatro de ópera herencia del esplendor del caucho. Incrustada en un paisaje de tupida vegetación y sinuosos ríos, aquí las carreteras asfaltadas son una rareza y el ferrocarril, inexistente. Se viaja en barco.

Antes de partir para Roma, el obispo de São Gabriel da Cachoeira, Edson Damián, de 71 años, detalla durante la reunión de Manaos a quiénes tiene en mente esta propuesta. “Son esos líderes que están al frente de comunidades aisladas, que celebran hace mucho tiempo la palabra, que transmiten la catequesis… Queremos que con la formación debida puedan ser ordenados padres y que la eucaristía esté presente en vez de negarla como ahora”. El documento de trabajo del sínodo, fruto de un largo proceso asambleario en el que han participado 87.000 personas de los nueve países por los que se extiende la región, precisa que esos nuevos curas deberían ser “preferentemente indígenas”, “aunque tengan familia constituida”. Se trata de que los sacerdotes vivan con sus feligreses en las aldeas más aisladas, donde ahora van en esporádicas y fugaces visitas.

No en todos los ritos católicos es sacrosanto el celibato. Ni lo fue siempre en la Iglesia de Roma. “Sería rescatar lo que funcionó durante 1.100 años”, dice por teléfono desde Cruzeiro do Sul, otra diócesis amazónica, su obispo, Flavio Giovenale. Es más, recalca este religioso nacido en Italia, solo dos o tres de las 23 ramas del catolicismo no tienen curas casados. A los maronitas de Líbano o los coptos de Egipto el matrimonio no les aparta del sacerdocio. Subraya que también hubo diáconas. Fue siglos antes del descubrimiento de América, adonde los misioneros católicos llegaron de la mano de los conquistadores en 1500. Lo primero que hicieron los portugueses al pisar lo que sería Brasil fue celebrar misa.

 El obispo Damián deja claro que, de prosperar, los curas casados serían solo para la Amazonia. Entre los jerarcas y fieles de la Iglesia de Brasil —la mayor del mundo aunque en declive, son el 62% de la población— nadie menciona que sus contrapartes alemanes —la Iglesia más rica del mundo— han decidido debatir sobre el celibato, la ordenación de mujeres y la homosexualidad pese a la oposición vaticana.  (...)

El marido de Oliveira, Afonso Brito, 54 años, fue uno de los primeros hombres casados ordenados diáconos permanentes en la Amazonia. Suman 418 ahora. Ella le acompaña desde el inicio. “Es nuestro intento de poblar espacios donde no existe un padre oficial”, dice él. Ambos hacen trabajo pastoral pero, como explica Oliveira, el Vaticano no los trata igual: “Nos formamos juntos, pero a mí no me impusieron las manos. Aunque el obispo dice que yo automáticamente lo soy también”, añade entre risas. Si Francisco aceptara ordenar diáconas, poco cambiaría en la rutina de estas mujeres. Se trata de oficializar lo que ya hacen. (...)"                  (Naiara Galarraga, El País, 29/09/19)


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