26.9.19

¿Qué ha pasado? Pedro Sánchez, el hombre que venció a un PSOE previsible, simplemente lo ha vuelto imprevisible... Un hombre que tenía un destino no lo vio, no lo asumió, le asustó o, simplemente, creía que el destino de un líder es ir tirando y hablar como en la tele... Se ha jugado la vida. Como un torero, lo que queda épico. Pero también como un indocumentado que compra carne mechada, lo que describe una época, sus líderes, su política...

"(...) ¿Qué ha pasado?

3. Básicamente, que después de las municipales, Sánchez decidió no asumir una coalición con UP pactada previamente. E, incluso, negociada durante varias semanas. Lo que nos lleva a dos preguntas. A) ¿Qué plan tenía/cuál es el destino elegido?, y B) ¿Cómo lo ha comunicado?

4. Con los datos que disponemos de B) ha sido una pifia. De lo que se deduce que A) igual también lo era. A), al menos, carece tanto de lógica como B). (...)

5. La coalición era posible. El gran argumento, nada épico o romántico, para explicar su posibilidad, e incluso su facilidad, es que los partidos esp son absolutamente verticales. Lo que facilita el todo, si en la cúspide de sus pirámides tróficas hay entendimiento. De lo que se deduce que no lo ha habido.

6. Hubo, inicialmente, entendimiento en la cúspide. Las reuniones primeras, entre los dos líderes –las únicas operativas y con aparente hambre de gol real–, fueron, no obstante, un caos. Mientras el asesor de Sánchez le explicaba a su homólogo unas coordenadas, Sánchez enviaba a tomar por XXXX esas coordenadas con Iglesias. 

Mientras uno establecía no hablar de ministerios, por la gloriarl de tu madrel, o Sánchez se pira, el otro empezó ofreciendo ministerios. Puede ser que eso fuera una táctica versallesca. Pero pinta más que era el no encontrarse el culo con ambas manos de toda la vida. (...)

7. En las primera reuniones entre líderes –las únicas operativas, etc.– hubo un buen tono. Pero grandes problemas de contenido. Vamos, que el contenido no llegaba. Ese no llegar se vertebró, además, en el lenguaje. Sánchez, en fin, me dicen, habla en una reunión como habla en la tele, ese lenguaje político modulado para la autorreferencia, no para el diálogo. Nadie, en fin, habla en su casa como en la tele. Nadie dice “cariño, estas mignardises, muy sabrosas, te han salido suculentas”. O cenaría solo.

8. Finalizado el tramo líderes, en el que uno más que otro tenía problemas para compartir cosas que no podía verbalizar, hay datos para pensar que no hubo negociaciones, sino su dramatización televisada. Es decir –esto es muy importante– hubo una guerra cultural por parte del PSOE. No se pierdan, en ese sentido, el punto 16.

9. ¿Podemos estuvo a la altura en esas negociaciones? UP, y esa es mi opinión, hizo un buen partido. El problema igual es que nadie sabe, aún hoy, a qué se jugaba. Algo dramático si juegas a fútbol y el equipo contrincante, a tenis. En todo caso, y partiendo de la idea de que esas negociaciones eran ficticias y tenían una función de guerra cultural –no se pierdan el punto 16, ¿lo he dicho ya?–, UP no cayó en las trampas en las que, en otra época, hubiera caído.

 Lo de quitar a Iglesias del tapete fue una muy buena idea, no esperada. También evitó, por los pelos, la contradicción interna. Es decir, la ruptura con una IU que, históricamente, no necesita el gol, sino tener razón histórica mientras cenas en tu casa una lata de atún. (...)

10. Puede que, incluso, el PSOE haya desperdiciado una ocasión de pelarse a Podemos. En la cultura democrática esp, no muy longeva, eso se hace con cooptación, ofreciendo honor, sueldos llamativos y la participación en otra lógica que hace que el día menos esperado uno esté ante un micrófono pidiendo, yo que sé, respeto a la sentencia cat o paciencia con los alquileres. Así se peló el PSOE al PCE.  (...)

11. Bueno, ¿qué ha hecho el PSOE? Nadie lo sabe.

12. Cuando nadie lo sabe es posible que, en verdad, no lo sepa nadie. Es decir, que todo el proceso de decisiones y comunicación del PSOE haya reposado, en todo momento, en un grupo muy pequeño de personas. Es decir, en un grupo aislado, sumamente diminuto, sin contacto exterior, que comparte los mismos análisis y que se considera la monda. Aun así, todo ese caos se puede ordenar. Ahí va mi ordenamiento del desorden PSOE.

13. Como el grueso de grandes partidos –el PNV se escapa y Podemos tiene otra dinámica, vertical, pero diferente–, el PSOE es otro partido de liderazgo negativo. Otro en el que la crisis de régimen, la crisis democrática y política esp, esa marea informe, ha llevado a la playa del liderazgo a náufragos. 

Sin la crisis, serían cuadritos medios, invisibles, con un sueldo apañado, anónimos, pero con segunda residencia. Y sin destino y sin capacidad para leerlo. Con el terremoto de la crisis dirigen partidos, presiden autonomías, o están en Waterloo. No tienen nada que decir, pero lo repiten.  (...)

16. Ha cambiado su comunicación. No ha inventado nada nuevo. Simplemente ha adoptado la experimentada por las derechas europeas y americanas. Se ha tomado su pastillita azul, esa viagra que otorga capacidad eléctrica para ser desafiante, rampante, cool, programático, poseedor de un discurso decisivo y revolucionario. Un discurso, un relato, pero no una política. La política comunicada, una vez ingieres la pastillita azul y se te va la sangre de la cabeza, no es la realizada. Es un cambio cultural importante en el PSOE. Si es definitivo, es un antes y un después.

17. Mientras el PSOE estaba en guerra cultural, dramatizando una negociación menchevique con los bolcheviques, Sánchez ha emitido, no obstante, política. Veámosla. A) Cambió el discurso sobre inmigración, que lo hizo más similar al macronismo hispano, esa derecha gore. B) Se definió contra la regulación de alquileres, en tanto que eso es intervencionismo. 

Una secuencia lógica que haría reír, si no hiciera llorar, en un Estado que goza de un Ibex formado, salvo una, por empresas reguladas, ese negocio privado del Estado, intervencionista como un poseso. C) Ha exigido adhesión inquebrantable al régimen cuando salga la sentencia cat. (...)

18. La guerra cultural ha consistido en emitir que, a la derecha del PSOE no hay nadie, sólo guerra cultural –para emitir eso, no es necesaria la guerra cultural, sino información–, y que a su izquierda hay una masa imberbe de barbudos y barbudas, sedientos de un cargo, irresponsables, sin idea de Estado o de fidelidad, fanáticos con los que es imposible negociar. 

Para ello se han falsificado documentos –glups–, se ha mentido en tiempo real y frente a cámara, y se ha dramatizado y sentimentalizado la información, comunicando llamadas, reuniones, cartas, ultimatums, que no sólo no fueron importantes en las negociaciones, sino que las suplantaron. (...)

20. El PSOE quiere jugar con su derecha, no con su izquierda. Lamentablemente, su derecha no existe, es pura guerra cultural –identidad, ultranacionalismo, ultraconstitucionalismo–. (...)

23. El régimen se ha fortalecido. Sin aportar soluciones a sí mismo, salvo haber ganado. Un Estado que se ha deshecho del bienestar, y que ha solucionado lo de Cat sin recurrir a la política, se ha recompuesto. Bajo una forma más mítica. Hasta el punto de que su política es cada vez más autónoma de la realidad. La política sustentada en relato y guerra cultural es la autonomía absoluta de la realidad. Se ha cerrado el proceso iniciado en 2011, ese destino colectivo al que asistieron varios millones de personas. (...)

24. Un hombre que tenía un destino no lo vio, no lo asumió, le asustó o, simplemente, creía que el destino de un líder es ir tirando y hablar como en la tele. Si la jugada –o su ausencia de– sale mangui, puede abandonar el PSOE en globo. Se ha jugado la vida. Como un torero, lo que queda épico. Pero también como un indocumentado que compra carne mechada, lo que resulta menos épico y describe mejor una época, sus líderes, su política. (...)

El hombre que venció a un PSOE previsible, simplemente lo ha vuelto imprevisible. “Hay que freírlos a noticias imprevisibles”, decía Bannon."                (Guillem Martínez, CTXT, 18/09/19)

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