"(...) ¿Qué ha pasado?
3. Básicamente, que después de las
municipales, Sánchez decidió no asumir una coalición con UP pactada
previamente. E, incluso, negociada durante varias semanas. Lo que nos
lleva a dos preguntas. A) ¿Qué plan tenía/cuál es el destino elegido?, y
B) ¿Cómo lo ha comunicado?
4. Con los datos que disponemos de B) ha
sido una pifia. De lo que se deduce que A) igual también lo era. A), al
menos, carece tanto de lógica como B). (...)
5. La coalición era posible. El gran
argumento, nada épico o romántico, para explicar su posibilidad, e
incluso su facilidad, es que los partidos esp son absolutamente
verticales. Lo que facilita el todo, si en la cúspide de sus pirámides
tróficas hay entendimiento. De lo que se deduce que no lo ha habido.
6. Hubo, inicialmente, entendimiento en la
cúspide. Las reuniones primeras, entre los dos líderes –las únicas
operativas y con aparente hambre de gol real–, fueron, no obstante, un
caos. Mientras el asesor de Sánchez le explicaba a su homólogo unas
coordenadas, Sánchez enviaba a tomar por XXXX esas coordenadas con
Iglesias.
Mientras uno establecía no hablar de ministerios, por la
gloriarl de tu madrel, o Sánchez se pira, el otro empezó ofreciendo
ministerios. Puede ser que eso fuera una táctica versallesca. Pero pinta
más que era el no encontrarse el culo con ambas manos de toda la vida. (...)
7. En las primera reuniones entre líderes
–las únicas operativas, etc.– hubo un buen tono. Pero grandes problemas
de contenido. Vamos, que el contenido no llegaba. Ese no llegar se
vertebró, además, en el lenguaje. Sánchez, en fin, me dicen, habla en
una reunión como habla en la tele, ese lenguaje político modulado para
la autorreferencia, no para el diálogo. Nadie, en fin, habla en su casa
como en la tele. Nadie dice “cariño, estas mignardises, muy sabrosas, te
han salido suculentas”. O cenaría solo.
8. Finalizado el tramo líderes, en el que
uno más que otro tenía problemas para compartir cosas que no podía
verbalizar, hay datos para pensar que no hubo negociaciones, sino su
dramatización televisada. Es decir –esto es muy importante– hubo una
guerra cultural por parte del PSOE. No se pierdan, en ese sentido, el
punto 16.
9. ¿Podemos estuvo a la altura en esas
negociaciones? UP, y esa es mi opinión, hizo un buen partido. El
problema igual es que nadie sabe, aún hoy, a qué se jugaba. Algo
dramático si juegas a fútbol y el equipo contrincante, a tenis. En todo
caso, y partiendo de la idea de que esas negociaciones eran ficticias y
tenían una función de guerra cultural –no se pierdan el punto 16, ¿lo he
dicho ya?–, UP no cayó en las trampas en las que, en otra época,
hubiera caído.
Lo de quitar a Iglesias del tapete fue una muy buena
idea, no esperada. También evitó, por los pelos, la contradicción
interna. Es decir, la ruptura con una IU que, históricamente, no
necesita el gol, sino tener razón histórica mientras cenas en tu casa
una lata de atún. (...)
10. Puede que, incluso, el PSOE haya desperdiciado una ocasión de
pelarse a Podemos. En la cultura democrática esp, no muy longeva, eso se
hace con cooptación, ofreciendo honor, sueldos llamativos y la
participación en otra lógica que hace que el día menos esperado uno esté
ante un micrófono pidiendo, yo que sé, respeto a la sentencia cat o
paciencia con los alquileres. Así se peló el PSOE al PCE. (...)
11. Bueno, ¿qué ha hecho el PSOE? Nadie lo sabe.
12. Cuando nadie lo sabe es posible que, en
verdad, no lo sepa nadie. Es decir, que todo el proceso de decisiones y
comunicación del PSOE haya reposado, en todo momento, en un grupo muy
pequeño de personas. Es decir, en un grupo aislado, sumamente diminuto,
sin contacto exterior, que comparte los mismos análisis y que se
considera la monda. Aun así, todo ese caos se puede ordenar. Ahí va mi
ordenamiento del desorden PSOE.
13. Como el grueso de grandes partidos –el
PNV se escapa y Podemos tiene otra dinámica, vertical, pero diferente–,
el PSOE es otro partido de liderazgo negativo. Otro en el que la crisis
de régimen, la crisis democrática y política esp, esa marea informe, ha
llevado a la playa del liderazgo a náufragos.
Sin la crisis, serían
cuadritos medios, invisibles, con un sueldo apañado, anónimos, pero con
segunda residencia. Y sin destino y sin capacidad para leerlo. Con el
terremoto de la crisis dirigen partidos, presiden autonomías, o están en
Waterloo. No tienen nada que decir, pero lo repiten. (...)
16. Ha cambiado su comunicación. No ha
inventado nada nuevo. Simplemente ha adoptado la experimentada por las
derechas europeas y americanas. Se ha tomado su pastillita azul,
esa viagra que otorga capacidad eléctrica para ser desafiante,
rampante, cool, programático, poseedor de un discurso decisivo y
revolucionario. Un discurso, un relato, pero no una política. La
política comunicada, una vez ingieres la pastillita azul y se te va la
sangre de la cabeza, no es la realizada. Es un cambio cultural
importante en el PSOE. Si es definitivo, es un antes y un después.
17. Mientras el PSOE estaba en guerra
cultural, dramatizando una negociación menchevique con los bolcheviques,
Sánchez ha emitido, no obstante, política. Veámosla. A) Cambió el
discurso sobre inmigración, que lo hizo más similar al macronismo
hispano, esa derecha gore. B) Se definió contra la regulación de
alquileres, en tanto que eso es intervencionismo.
Una secuencia lógica
que haría reír, si no hiciera llorar, en un Estado que goza de un Ibex
formado, salvo una, por empresas reguladas, ese negocio privado del
Estado, intervencionista como un poseso. C) Ha exigido adhesión
inquebrantable al régimen cuando salga la sentencia cat. (...)
18. La guerra cultural ha consistido en emitir que, a la derecha del
PSOE no hay nadie, sólo guerra cultural –para emitir eso, no es
necesaria la guerra cultural, sino información–, y que a su izquierda
hay una masa imberbe de barbudos y barbudas, sedientos de un cargo,
irresponsables, sin idea de Estado o de fidelidad, fanáticos con los que
es imposible negociar.
Para ello se han falsificado documentos –glups–,
se ha mentido en tiempo real y frente a cámara, y se ha dramatizado y
sentimentalizado la información, comunicando llamadas, reuniones,
cartas, ultimatums, que no sólo no fueron importantes en las
negociaciones, sino que las suplantaron. (...)
20. El PSOE quiere jugar con su derecha, no con su izquierda.
Lamentablemente, su derecha no existe, es pura guerra cultural
–identidad, ultranacionalismo, ultraconstitucionalismo–. (...)
23. El régimen se ha fortalecido. Sin aportar soluciones a sí mismo,
salvo haber ganado. Un Estado que se ha deshecho del bienestar, y que ha
solucionado lo de Cat sin recurrir a la política, se ha recompuesto.
Bajo una forma más mítica. Hasta el punto de que su política es cada vez
más autónoma de la realidad. La política sustentada en relato y guerra
cultural es la autonomía absoluta de la realidad. Se ha cerrado el
proceso iniciado en 2011, ese destino colectivo al que asistieron varios
millones de personas. (...)
24. Un hombre que tenía un destino no lo vio, no lo asumió, le asustó o,
simplemente, creía que el destino de un líder es ir tirando y hablar
como en la tele. Si la jugada –o su ausencia de– sale mangui, puede
abandonar el PSOE en globo. Se ha jugado la vida. Como un torero, lo que
queda épico. Pero también como un indocumentado que compra carne
mechada, lo que resulta menos épico y describe mejor una época, sus
líderes, su política. (...)
El hombre que venció a un PSOE previsible, simplemente lo ha vuelto
imprevisible. “Hay que freírlos a noticias imprevisibles”, decía Bannon." (Guillem Martínez, CTXT, 18/09/19)
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