"La gestión europea de la crisis de los migrantes ha entrado ya de pleno
derecho en la colección de los sucesos infames de la historia
continental. Con el telón de fondo de los miles de ahogados en la
travesía del Mediterráneo, los centros de internamiento en Europa y los
campos de concentración en Libia, la Europa bastión de los derechos
humanos se convierte en chiste macabro.
La crisis de migrantes de 2015
convirtió todo el perímetro exterior de la Unión Europea en territorio
cerrado. Desde entonces, se han restablecido, además, los controles en
muchas fronteras nacionales del interior de la UE: todas las de Francia y
algunas de Austria, Eslovenia, Dinamarca, Suecia, Alemania y Noruega,
entre otras.
A más corto plazo, la inestabilidad en Libia es un
acicate para que los migrantes de Oriente Medio y África allá
concentrados –entre 700.000 y un millón–, así como los propios libios,
protagonicen una nueva ola masiva hacia la UE. Hasta ahora la
indignación de la opinión pública liberal, o de parte de ella, no ha
impedido el avance del discurso antimigración, ni el desplazamiento de
las fuerzas políticas de centro hacia posiciones más o menos confesas de
derecha radical y no parece que eso vaya a cambiar.
Todo esto no es más que un anticipo de lo que se nos
viene encima. Tendremos 140 millones de nuevos desplazados en América
Latina, Asia y África entre hoy y mediados de siglo, estima el Banco
Mundial, según el cual, cada año ya se contabilizan 25 millones de migrantes climáticos, una categoría ahora difusa y estrechamente imbricada con los fenómenos de éxodo rural. (...)
El 10% de los mexicanos de entre 15 y 65 años, decía,
podrían dirigirse al norte empujados por el incremento de temperaturas,
sequías e inundaciones. “Aunque el número exacto de personas en
movimiento a mediados de siglo sea incierto, la escala y alcance
superará ampliamente todo lo visto hasta ahora”, resumían los autores de
otro informe. Así que el más que previsible agravamiento del problema,
convertirá en anecdótico lo que hemos visto hasta ahora.
En ese contexto, la caridad de los “brazos abiertos”,
por meritoria y necesaria que sea la labor de esas organizaciones, no es
una base firme. Si somos serios, el énfasis debería ponerse en la
exigencia de una política antiimperialista y anticrematística coherente
desde los gobiernos nacionales. Y eso por la misma razón por la que la
respuesta al avance de la desigualdad y de la pobreza en nuestros países
no es la creación de comedores para indigentes, sino una política
social y fiscal determinada menos favorable a los ricos.
Estados Unidos y
los países de la UE son los mayores emisores-contaminadores históricos y
los primeros responsables de intervenciones militares desastrosas. La
ola de violencia y emigración hacia Estados Unidos que se conoce en
Centroamérica es resultado directo de las violencias de los años ochenta
en aquella región bajo la batuta de Washington. ¿Quién se acuerda hoy
al hablar de las maras y de los éxodos hacia el Norte?
Humanamente encomiable y obligada, la acción en el
Mediterráneo es pura caridad si no va acompañada de la denuncia de las
acciones y políticas de la UE que degradan la vida en los países de
origen de los migrantes: las intervenciones militares, los tratados
comerciales, el apoyo a los regímenes poscoloniales complacientes y la
pasividad medioambiental.
Limitarse a la postura de “brazos abiertos” es
perder la batalla de antemano, enajenándose a los sectores populares
que son los que lidian con la competencia laboral y la convivencia
intercultural de los recién llegados en una batalla de pobreza contra la miseria en nuestros países, que raramente se juega en los barrios y medios sociales de la izquierda política profesional y que abre una cómoda autopista a los populistas de las derechas.
La misión de toda fuerza política de izquierda que no tenga vocación de
marginal y estéril gesticulación es alcanzar el poder. Entregar su base
social y electoral, que objetivamente es mayoría social, al adversario,
es todo lo contrario de ese propósito sin el cual no hay cambio posible.
Hay que prepararse para los embates del mundo que viene. El de una
emigración masiva producto del imperialismo belicista y de la catástrofe
climática es uno de ellos. Y quedarse en los brazos abiertos,
al vaivén de la puntual emoción mediática y del oportunismo coyuntural,
como hemos visto este verano, es perder definitivamente." (Rafael Poch, CTXT, 11/09/19)
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