"Nunca pensé que dormiríamos en la calle”. Es la frase que
más repetía Javier Jaimes (25 años), que junto a su mujer Liseth Goméz
(30), su hija Samara, de cuatro años, y su hermano Carlos (28) se
preparaba a medianoche del domingo para pasar su primera noche frente a
la sede central del Samur Social (San Francisco, 10) en el barrio de La
Latina.
Efectivos del servicio de emergencias sociales del Ayuntamiento
llevan meses denunciando que no hay recursos suficientes. Otras diez
personas más esperaban recibir alojamiento tumbados sobre cartones y
mantas térmicas que les regalaron los vecinos de la zona.
“No hay plazas”, repetía Azucena Pérez por teléfono, del
comité de empresa del Samur. La función de los servicios sociales de
emergencia del Ayuntamiento es facilitar un alojamiento temporal a
personas que tienen puntualmente un problema. “Nuestro trabajo no es
ofrecer un albergue, estamos asumiendo un trabajo para el que no estamos
preparados”, señalaba esta trabajadora el lunes por la mañana. (...)
Sandra Hermida, de 47 años, lleva dos viviendo frente a la sede del
Samur Social y toda su vida en el centro de Madrid, “donde es normal
encontrar gente sin hogar durmiendo en la calle, pero nunca menores”. La
primera vez que vio a niños pernoctando al otro lado de su portal fue a
principio de septiembre. Una familia de Marruecos con cinco niños
dio la voz de alarma. “Llamamos a la prensa y entraron en el centro al
cabo de unos días”, explica.
Desde entonces afirma que no han parado de
llegar más familias con niños pequeños. “Les bajamos mantas térmicas,
galletas… es una cuestión de pura humanidad, yo tengo niños pequeños y
no puedo quedarme sin hacer nada”. Hermida afirma haber recorrido las
ONG, las iglesias y los centros de ayuda de Madrid para encontrar
alojamiento a estas familias. “Todo está saturado”. (...)" (Julia F. Cadenas, El Pais, 14/10/19)

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