"(...) La economía dominante y la keynesiana tiene básicamente dos
soluciones políticas. La primera es inyectar más dinero en el sistema
financiero con la intención que estos ciento de miles de millones de
dólares, euros y yenes aumenten la caja de las corporaciones y estas
inviertan en empleos y maquinarias de manera que reactiven la economía.
La
forma ‘convencional’ de hacerlo fue que los Bancos Centrales
disminuyeran su tasa de interés lo que teóricamente debería conducir a
una caída general de las tasas de interés y, por lo tanto, se reduciría
el costo de los préstamos. Pero la experiencia de los últimos diez años
(en esta “larga depresión”) revela que esto no ha funcionado. La
inversión se ha mantenido baja, los salarios se han estancado y el
crecimiento económico ha sido débil.
Ante este fracaso, los
gobiernos y los bancos centrales han recurrido a una «política monetaria
no convencional», ahora los Bancos Centrales compran miles de millones
de bonos gubernamentales y corporativos (incluso acciones de empresas)
de los bancos comerciales. Esto se llama flexibilización cuantitativa
(QE) y ha aumentado las reservas de la banca privada.
Se suponía
que los bancos privados debían prestar ese efectivo a las empresas para
que invirtieran. Pero tampoco funcionó. Las empresas no pidieron
prestado. Corporaciones ricas en efectivo como Amazon o Microsoft no
necesitan préstamos y los Bancos no prestan dinero a las empresas
pequeñas o débiles.
Entonces ¿qué pasó ? Todo ese efectivo
terminó siendo invertido en acciones y bonos a futuro (lo que Marx llamo
capital ficticio). Los mercados financieros se dispararon, pero la
economía «real» se estancó.
La política monetaria ha fracasado, ya
sea la convencional o la no convencional. Los bancos centrales han
estado “estirando la cuerda” con el método que Keynes utilizó durante la
Gran Depresión de la década de 1930. Su propuesta para conseguir el
pleno empleo y poner fin a la depresión fue primero recortar las tasas
de interés y luego aplicar la “flexibilización cuantitativa” (QE). Como
no se reactivó la economía en 1936, en su libro, “The General Theory”,
el propio Keynes reconoció el fracaso de sus políticas monetarias.
Ha ocurrido de nuevo.
Los
economistas convencionales – incluidos keynesianos como Paul Krugman –
abogaron por inyecciones monetarias masivas para impulsar las economías. (...)
Los bancos centrales se han quedado sin ideas. Y los inversores lo
saben. Por esto los rendimientos de los bonos son negativos y en los
Estados Unidos la curva de rendimiento se ha invertido. Los bancos
centrales ya no tienen nada más que ofrecer, excepto recortar las tasas
de interés donde están apenas sobre el cero y aumentar la QE (
flexibilización cuantitativa).
Algunos economistas no han
renunciado a estas políticas monetaristas. Abogan por lanzar ‘dinero
desde helicópteros’ (llamado así por el economista monetarista de Milton
Friedman). Este “dinero entregado al pueblo” es el último recurso de la
política monetaria .
Los economistas convencionales más
sensitivos ahora reconocen que la relajación monetaria no funciona. El
Financial Times y el Wall Street Journal han estado destrozando la
política monetarista. Y los keynesianos que la defendieron ahora
reconocen su fracaso. (...)
El crecimiento económico en una economía capitalista no está impulsado
por el consumo sino por la inversión empresarial. Este es el factor
decisivo que produce máximos y depresiones en las economías
capitalistas. Y la inversión empresarial está impulsada principalmente
por una cosa: ganancias o rentabilidad, no tasas de interés, confianza,
ni demanda del consumidor. Esta explicación simple, obvia y confirmada
empíricamente en los períodos de auge y de recesiones regulares y
recurrentes es ignorada o negada por la economía dominante, la
keynesiana y la post-keynesiana heterodoxa. (...)
Los post-keynesianos y los partidarios de la Teoría Monetaria Moderna
(MMT) consideran que no es necesario emitir bonos para ese propósito.
Los gobiernos simplemente deben imprimir dinero y luego deben gastarlo
en proyectos útiles.
Todos estos economistas están de acuerdo en
que la «relajación fiscal es la respuesta” para restaurar el
crecimiento, la inversión, el empleo y los ingresos en una economía
capitalista. En síntesis : el gobierno toma prestado o imprime dinero y
los capitalistas y trabajadores lo gastan. Una vez que se restablezca el
crecimiento, se logre el pleno empleo y aumenten los ingresos, se podrá
financiar el servicio de la deuda y desactivar las inyecciones de
dinero para evitar una posible inflación en una economía
“sobrecalentada».
El problema con esta opción política es que
vivimos en una economía capitalista donde las decisiones de inversión
son tomadas por compañías capitalistas. A menos que el gobierno tome las
decisiones de inversión por sí mismo y pase por alto al sector
capitalista o lo reemplace con operaciones estatales con un plan (como
en China, por ejemplo), la inversión y el crecimiento dependen de las
decisiones de las empresas capitalistas. Y estas sólo invierten si
confían en obtener buenas ganancias, es decir, cuando la rentabilidad de
la inversión es alta.
La historia de la Gran Depresión de los
años treinta , el colapso de las políticas keynesianas en la década de
1970, la larga depresión desde 2009 nos muestra que si la rentabilidad
corporativa es baja ( especialmente si cae) entonces ningún estímulo
fiscal generará más inversión y crecimiento. (...)
De hecho, el capitalismo solo puede salir de una recesión con la
recesión misma. Una recesión acaba con las empresas capitalistas más
débiles y despedirá a los trabajadores “improductivos”. Luego, el costo
de producción disminuye y las compañías que se salvan obtienen una
mayor rentabilidad para invertir.
Este el mecanismo de una
recesión «normal». Sin embargo, en una depresión, este proceso requiere
varias caídas (como la gran depresión de fines del siglo XIX) antes de
que se reanúdela actividad económica normal.
Está en camino otra recesión y ni las medidas monetarias ni fiscales podrán detenerla." (Michael Roberts, Sin Permiso, 24/08/19)
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