16.10.19

Se acerca una recesión, ¿qué se puede hacer para evitarla? Ni las medidas monetarias ni fiscales podrán detenerla...

"(...) La economía dominante y la keynesiana tiene básicamente dos soluciones políticas. La primera es inyectar más dinero en el sistema financiero con la intención que estos ciento de miles de millones de dólares, euros y yenes  aumenten la caja de las corporaciones y estas inviertan en empleos y maquinarias de manera que reactiven la economía. 

La forma ‘convencional’ de hacerlo fue que los Bancos Centrales disminuyeran su tasa de interés lo que teóricamente debería conducir a una caída general de las tasas de interés y, por lo tanto, se reduciría el costo de los préstamos. Pero la experiencia de los últimos diez años (en esta “larga depresión”) revela que esto no ha funcionado. La inversión se ha mantenido baja, los salarios se han estancado y el crecimiento económico ha sido débil.

Ante este fracaso, los gobiernos y los bancos centrales han recurrido a una «política monetaria no convencional», ahora los Bancos Centrales compran miles de millones de bonos gubernamentales y corporativos (incluso acciones de empresas) de los bancos comerciales. Esto se llama flexibilización cuantitativa (QE) y ha aumentado las reservas de la banca privada. 

Se suponía que los bancos privados debían prestar ese efectivo a las empresas para que invirtieran. Pero tampoco funcionó. Las empresas no pidieron prestado. Corporaciones ricas en efectivo como Amazon o Microsoft  no necesitan préstamos y los Bancos no prestan dinero a las empresas pequeñas o débiles. 
Entonces ¿qué pasó ? Todo ese efectivo terminó siendo invertido en acciones y bonos a futuro (lo que Marx llamo capital ficticio). Los mercados financieros se dispararon, pero la economía «real» se estancó.

La política monetaria ha fracasado, ya sea la convencional o la no convencional.  Los bancos centrales han estado “estirando la cuerda” con el método que Keynes utilizó durante la Gran Depresión de la década de 1930. Su propuesta para conseguir el pleno empleo y poner fin a la depresión fue primero recortar las tasas de interés y luego aplicar la “flexibilización cuantitativa” (QE). Como no se reactivó la economía en 1936, en su libro, “The General Theory”,  el propio Keynes reconoció el fracaso de sus políticas monetarias.

Ha ocurrido de nuevo. 

Los economistas convencionales – incluidos keynesianos como Paul Krugman – abogaron por inyecciones monetarias masivas para impulsar las economías.  (...)

Los bancos centrales se han quedado sin ideas. Y los inversores lo saben. Por esto los rendimientos de los bonos son negativos y en los Estados Unidos la curva de rendimiento se ha invertido. Los bancos centrales ya no tienen nada más que ofrecer, excepto recortar las tasas de interés donde están apenas sobre el cero y aumentar la QE ( flexibilización cuantitativa).

Algunos economistas no han renunciado a estas políticas monetaristas. Abogan por lanzar ‘dinero desde helicópteros’ (llamado así por el economista monetarista de Milton Friedman). Este “dinero entregado al pueblo” es el último recurso de la política monetaria .

Los economistas convencionales más sensitivos ahora reconocen que la relajación monetaria no funciona. El Financial Times y el Wall Street Journal han estado destrozando la política monetarista. Y los keynesianos que la defendieron ahora reconocen su fracaso.  (...)

El crecimiento económico en una economía capitalista no está impulsado por el consumo sino por la inversión empresarial. Este es el factor decisivo que produce máximos y depresiones en las economías capitalistas. Y la inversión empresarial está impulsada principalmente por una cosa: ganancias o rentabilidad, no tasas de interés, confianza, ni demanda del consumidor. Esta explicación simple, obvia y confirmada empíricamente en los períodos de auge y de recesiones regulares y recurrentes es ignorada o negada por la economía dominante, la keynesiana y la post-keynesiana heterodoxa.  (...)

Los post-keynesianos y los partidarios de la Teoría Monetaria Moderna (MMT) consideran que no es necesario emitir bonos para ese propósito. Los gobiernos simplemente deben imprimir dinero y luego deben gastarlo en proyectos útiles.  

Todos estos economistas están de acuerdo en que la «relajación fiscal es la respuesta” para restaurar el crecimiento, la inversión, el empleo y los ingresos en una economía capitalista. En síntesis : el gobierno toma prestado o imprime dinero y los capitalistas y trabajadores lo gastan. Una vez que se restablezca el crecimiento, se logre el pleno empleo y aumenten los ingresos, se podrá financiar el servicio de la deuda y desactivar las inyecciones de dinero para evitar  una posible inflación en una economía “sobrecalentada».

El problema con esta opción política es que vivimos en una economía capitalista donde las decisiones de inversión son tomadas por compañías capitalistas. A menos que el gobierno tome las decisiones de inversión por sí mismo y pase por alto al sector capitalista o lo reemplace con operaciones estatales con un plan (como en China, por ejemplo), la inversión y el crecimiento dependen de las decisiones de las empresas capitalistas. Y estas sólo invierten si confían en obtener buenas ganancias, es decir, cuando la rentabilidad de la inversión es alta.

La historia de la Gran Depresión de los años treinta , el colapso de las políticas keynesianas en la década de 1970, la larga depresión desde 2009 nos muestra que si la rentabilidad corporativa es baja ( especialmente si cae) entonces ningún estímulo fiscal generará más inversión y crecimiento.   (...)

De hecho, el capitalismo solo puede salir de una recesión con la recesión misma. Una recesión acaba con las empresas capitalistas más débiles y despedirá a los trabajadores “improductivos”. Luego, el costo de producción disminuye  y las compañías que se salvan obtienen una mayor rentabilidad para invertir. 

Este el mecanismo de una recesión «normal».  Sin embargo, en una depresión, este proceso requiere varias caídas (como la gran depresión de fines del siglo XIX) antes de que se reanúdela actividad económica normal.   
Está en camino otra recesión y ni las medidas monetarias ni fiscales podrán detenerla."              (Michael Roberts, Sin Permiso, 24/08/19)

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