"El ‘momentum’ de Elizabeth Warren.
La senadora, azote de Wall Street y las tecnológicas, gana enteros en la carrera demócrata para 2020.
(...) “Se explica muy bien, lo conoce todo, lo tiene en la cabeza, ella tiene planes concretos para las cosas”.
(...) La senadora defiende una sanidad pública universal en el país, la cancelación de la mayor parte de deuda de los estudiantes a costa de impuestos a los superricos, mano dura contra Wall Street y el troceo de los gigantes tecnológicos para contener su poder. ¿Funcionará un planteamiento tan progresista en unas presidenciales? (...)" (Amanda Mars, El País, 15/10/19)
"(...) Quizá sea más estimulante mirar un poco más allá y encontrar elementos de reflexión sistémica en otros lugares, que es posible que anticipen lo que ocurrirá en España dentro de un tiempo.
Las transformaciones que están sucediendo en países de la UE ya han sido comentadas, pero lo han sido bastante menos las novedades últimas respecto del país que marca al resto, EEUU.
La senadora, azote de Wall Street y las tecnológicas, gana enteros en la carrera demócrata para 2020.
(...) “Se explica muy bien, lo conoce todo, lo tiene en la cabeza, ella tiene planes concretos para las cosas”.
(...) La senadora defiende una sanidad pública universal en el país, la cancelación de la mayor parte de deuda de los estudiantes a costa de impuestos a los superricos, mano dura contra Wall Street y el troceo de los gigantes tecnológicos para contener su poder. ¿Funcionará un planteamiento tan progresista en unas presidenciales? (...)" (Amanda Mars, El País, 15/10/19)
"(...) Quizá sea más estimulante mirar un poco más allá y encontrar elementos de reflexión sistémica en otros lugares, que es posible que anticipen lo que ocurrirá en España dentro de un tiempo.
Las transformaciones que están sucediendo en países de la UE ya han sido comentadas, pero lo han sido bastante menos las novedades últimas respecto del país que marca al resto, EEUU.
Las primarias demócratas están ofreciendo
unas cuantas, y la mayor de ellas es Elizabeth Warren, la
candidata que acaba de situarse primera en las encuestas. Su trayectoria
está siendo fulgurante y subraya algunos elementos que van más allá de
su auge, ya que apuntan virajes que tendrán consecuencias en el futuro.
(...) Iván Redondo puso de moda la expresión mayoría silenciosa al
referirse a una suerte de sector social, muy amplio, que tiene en sus
manos la llave de las elecciones. Es lo que antes se llamaba 'centro',
pero que tiene poco que ver con el teórico centro ideológico. Redondo
acierta con la denominación, porque ese tipo de voto, claramente
sistémico, que aspira a la estabilidad y a la seguridad, y que suele
preferir lo conocido, es el dominante en España, como lo fue en Europa
durante mucho tiempo. (...)
Esa mayoría silenciosa, que quiere continuidad, escasas perturbaciones y que teme a los saltos en el vacío es determinante. (...)
Sin embargo, esa clase nuclear empieza a girar hacia otras opciones. En
Europa es bastante claro, porque de esa mayoría silenciosa están nutriéndose los partidos populistas, y tampoco podríamos entender el apoyo
al Brexit sin votantes que antes eran 'proestablishment' y se han
vuelto contra él.
Quizá el mejor ejemplo apareciese en las últimas
elecciones presidenciales en EEUU, en las que Hillary Clinton representaba la estabilidad y la continuidad, con el respaldo del presidente saliente, Obama, mientras que Trump encarnaba el cambio radical, el riesgo, lo ignoto, el caos. Como sabemos, la gente votó a favor de no seguir como antes. (...)
La mayoría silenciosa demandó transformaciones sustanciales en las
anteriores elecciones, y en estas parece seguir el mismo camino.
3. Conservador y progresista
Warren
ha conseguido ganarse a los votantes por diferentes factores, pero uno
de ellos tiene que ver con su imagen de normalidad. Su campaña ha sido
afectuosa para con los seguidores, ha compartido mucho tiempo con ellos,
haciéndose selfis, leyendo sus cartas y llamándoles por teléfono para
agradecer las donaciones recibidas (de lo que ha dado cuenta por las
redes), pero siempre desde una imagen de afecto sincero que es crucial.
Ofrece la sensación de ser una persona común, sin actitudes provocadoras
ni un 'look' diferente, y sin proclamas revolucionarias. Su perfil está muy cerca de lo tradicional.
Pero al mismo tiempo, esto ha ocurrido ofreciendo un programa verdaderamente reformista que promueve transformaciones sustanciales, esas que han llevado a que 'The Wall Street Journal' le haya dedicado un editorial advirtiendo del riesgo que supondría un gobierno Warren; y a varios directivos a alertar de que "podría crear un entorno en el que sería casi imposible funcionar".
4. Un cambio real
Su
posición, esa mezcla de valores tradicionales y reformas muy
progresistas, supone una innovación sustancial acerca de cómo se
gestiona una campaña política.
En los últimos tiempos habían aparecido dos opciones electorales. Por
una parte, la alternativa que podríamos calificar de 'proestablishment' y
tecnocrática, que apostaba por la estabilidad y la continuidad y
abogaba por reformas moderadas para generar confianza a la sociedad y
especialmente a los inversores. (...)
Del otro lado, los 'antiestablishment' son aguerridos y se alejan de lo políticamente correcto, y ahí entrarían Trump, Johnson, Salvini, Orbán
y tantos otros que están surgiendo. Son dos perfiles con dos visiones
políticas distintas: unos pretenden trasladar tranquilidad y sosiego, y
por tanto prometen no realizar grandes modificaciones, y los otros alteración, orgullo y batalla para cambiar las cosas.
Warren toma elementos de ambos. Es tranquila pero firme, tradicional pero rupturista,
afirma que quiere ayudar al estadounidense común y apuesta por un
programa que transformaría el 'establishment' simplemente con que se
aplicase al 50%; esa unión de normalidad afable, convicciones profundas,
conocimiento técnico y batalla política es lo que le está dando
recorrido.
Lo significativo de este movimiento de Warren es que no
se agota en Warren, sino que subraya una tendencia creciente en nuestra
sociedad: la mayoría silenciosa está demandando cambio. Los líderes
emergentes, de un lado y de otro, quieren transformar el sistema y ya no
apuestan por continuar con lo existente: la gente quiere algo más que
un continuo declive.
Lo que hace la aspirante demócrata no es más que
unir una cosa y otra: si queréis estabilidad y seguridad, hacen falta
transformaciones profundas. Pulsar estos resortes (de una manera u otra) será una de las claves, si no la principal, de los futuros éxitos electorales.
5. Otra tradición ideológica
Conviene resaltar que la mezcla
de Warren es posible y creíble gracias a un marco económico claramente
distinto del de las izquierdas europeas. La senadora proviene de la tradición estadounidense que surgió del populismo de finales del siglo XIX y no del comunismo o del socialismo europeos.
La esencia del populismo podría resumirse en la lucha del pueblo contra las élites, pero tejida de una manera particular.
EEUU vivió una peculiar revolución interna de la que nació una
aristocracia diferente que no estaba basada ni en la sangre, ni en la
religión ni en los títulos nobiliarios, sino en la pura y simple
acumulación de dinero.
Este nuevo poder penetró con decisión en la política y se granjeó muchas 'amistades', a través de las cuales lograba todavía más recursos y más influencia.
El
populismo entendió dos cosas, que terminaron articulando su programa
político y que dieron lugar a leyes y reformas sustanciales, muchas de
ellas instigadas por Theodore Roosevelt y juristas como Louis Brandeis, que culminaron con la llegada al poder de Frank Delano Roosevelt,
quien bebió en gran medida de estas fuentes.
La primera es que la
democracia solo podía ser efectiva en la medida en que hubiera
condiciones vitales dignas para la población, porque eso es lo que
permitiría ejercer el derecho libremente.
La segunda, que para
conseguir ese objetivo, debía dar una batalla intensa contra ese poder
económico que había estructurado radicalmente la sociedad: habría
que trazar límites, acabar con las concentraciones de poder y riqueza y
operar intensamente sobre el mercado, no para acabar con el capitalismo
ni con el sistema político estadounidense, sino para hacerlo real y
justo.
Esta es una gran diferencia no solo con la izquierda europea, sino
también con el liberalismo, ese que se preocupa de que existan
instituciones contramayoritarias en la política, pero no en el mercado.
La gran mayoría de nuestros tecnócratas liberales siguen la ortodoxia
económica y hacen más profunda, mediante las políticas que recomiendan,
esa desigualdad de poder, material y político, que afecta a nuestra
sociedad.
De las nuevas ideas
que están manejándose en este movimiento hablaremos en otra ocasión,
pero baste con apuntar ahora algunos elementos llamativos y diferentes
que están apareciendo en la política contemporánea: el viraje de la
mayoría silenciosa hacia el cambio, la demanda de transformaciones
sustanciales para ganar estabilidad y seguridad, la mezcla de valores
tradicionales y rupturistas y la introducción de elementos económicos
diferentes de los dominantes durante esta etapa liberal.
Son aspectos comunes a izquierda y derecha, y es posible que no podamos pensar el futuro político sin ellos; quizá las elecciones del 10-N no sean más que un paréntesis antes de transformaciones de calado." (Esteban Hernández, El Confidencial, 12/10/19)
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