10.10.19

Las autoridades europeas se equivocaron antes, durante y después de la crisis de 2008 y se vuelven a equivocar ahora... el BCE en lugar de tirar el dinero mediante una expansión monetaria que beneficia a los que más tienen y que no impulsa la actividad productiva, debería ponerlo directamente en manos de quienes crean riqueza y empleo. En lugar de salvar a los bancos, debe salvar a las empresas y a las personas...

"Las autoridades europeas se equivocaron antes, durante y después de la crisis de 2008 y se vuelven a equivocar ahora.

Antes de que estallara no fueron capaces de prever lo que se estaba gestando. En gran medida, porque para ello tendrían que haber reconocido las fatales consecuencias de sus propios errores previos. Entre otros:

– Dejar que países como Alemania que acumulaban grandes superávit los dedicaran a financiar burbujas especulativas en la periferia europea.
– No regular convenientemente la actividad bancaria y permitir las prácticas fraudulentas y peligrosas de la banca.
– Establecer reglas de estabilidad presupuestaria equivocadas que en lugar de evitar los latigazos del ciclo económico los agudizan.
– No corregir un diseño del euro concebido para beneficiar a los países centrales de Europa y a Alemania en particular y que, precisamente por ello, incrementa la divergencia y produce continua inestabilidad y rechazo social.

Cuando se desencadenó la crisis volvieron a equivocarse. En lugar de actuar con rapidez y contundencia, como ocurrió en Estados Unidos, los burócratas se aferraron a sus corsés ideológicos e impusieron recortes de gasto cuando las economías se venían abajo, provocando una segunda recesión y un sufrimiento social tremendo y tan injusto como ineficaz.

Tan evidentes fueron sus errores que hasta los propios dirigentes europeos tuvieron que reconocerlo más tarde. Aunque a buena hora y sin dar un solo paso para resarcir daños, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, habló de «austeridad imprudente» y reconoció que se había «insultado a Grecia». Numerosos estudios (algunos incluso del Fondo Monetario Internacional) han mostrado que los supuestos y cálculos con los que se justificaba la bondad de los recortes de gasto eran erróneos. La realidad ha demostrado que las políticas europeas frente a la crisis fueron un engaño, un «austericidio» que dio como resultado todo lo contrario de lo que sus inspiradores decían que iban a conseguir (...)

Una vez superados los momentos más duros de la crisis (con más retraso, con menos fortaleza y con más costes que en Estados Unidos) Europa siguió equivocándose, al menos, en cuatro grandes aspectos:

– Se dejó que la iniciativa de la recuperación la llevase el Banco Central Europeo con una política monetaria ultra expansiva que es cierto que evitó un colapso pero que ha tenido otras consecuencias negativas: un impulso de la actividad muy débil porque el dinero creado ha servido para limpiar los balances de los bancos pero en su gran parte no ha llegado a consumidores y empresas; un aumento del precio de los activos financieros que ha aumentado la desigualdad que es tan perjudicial para la demanda; la multiplicación de empresas «zombi» que sólo viven a base del crédito barato; y el incremento continuado de la deuda (o, lo que es lo mismo, del negocio de la banca).
– No se aprovechó la recuperación para impulsar los cambios estructurales que son imprescindibles para afrontar la revolución tecnológica y el cambio productivo que se avecinan. De hecho, la política expansiva del Banco Central Europeo mediante la compra de bonos corporativos dificulta esos cambios, pues beneficia a las empresas menos innovadoras (las que emiten más bonos), más contaminantes y reacias a impulsar la transición energética.
– Se siguió renunciando al diseño y utilización de instrumentos (sobre todo fiscales, pero también laborales o de gobernanza) anticíclicos, que impulsen la actividad en los malos momentos y la enfríe cuando se acelera el crecimiento.
– No se hizo frente con eficacia al debilitamiento de la democracia en Europa, el mejor escudo del que dispone la ciudadanía para protegerse de las cargas y sacrificios que los de arriba siempre tratan de imponer a los de abajo en las grandes crisis económicas para salir beneficiados de ellas.

Ahora, cuando las cosas vuelven a ponerse feas y volvemos a encontramos a las puertas de un nuevo deterioro de la actividad económica, todos los indicios apuntan a que Europa se equivoca de nuevo.

Vuelve a equivocarse dejando que sea otra vez el Banco Central Europeo quien haga frente en solitario a la desaceleración mediante la política monetaria expansiva. Ya no hay apenas margen para bajar los tipos de interés pensando en que así se estimule la inversión o el consumo. Y continuar con la compra de bonos es una buena noticia para los bancos, para las grandes empresas y para los hogares más ricos, pero no va a frenar la fuerte desaceleración que registramos.

Vuelve a equivocarse Europa dejando que cada economía se las componga como pueda y, en particular, haciendo la vista gorda a la estrategia siempre egoísta de Alemania (ahora, de nuevo renunciando a la acción mancomunada para hacer frente a los problemas y asumiendo por su cuenta planes de inversión). Una dejación que que va a producir un desgarro mucho mayor del que ya existe en el espacio europeo.

Se equivoca de nuevo Europa al no poner en marcha con urgencia medidas presupuestarias de carácter extraordinario que actúen combinadas con las monetarias para hacer frente al cambio de ciclo. Y en particular, cuando se empeña en seguir manteniendo criterios numéricos de estabilidad que no tienen ningún fundamento científico y que necesariamente agravan la situación en los momentos críticos, como el que se está iniciando.

Se equivoca Europa cuando no asume en la práctica, tomando medidas efectivas y yendo más allá de las buenas palabras, que nos encontramos ante una emergencia climática y que las estrategias de transición deben ser prioritarias.

Se equivoca Europa cuando deja que el Banco Central Europeo siga siendo la fuente de alimentación de la deuda como motor de la economía europea. (...)

Y en lugar de tirar el dinero mediante una expansión monetaria que beneficia a los que más tienen y que no impulsa suficientemente la actividad productiva ni, por supuesto, la sostenibilidad, debería ponerlo directamente en manos de quienes crean riqueza y empleo sostenibles. En lugar de salvar a los bancos, el Banco Central Europeo debe salvar a las empresas y a las personas. Se equivoca Europa cuando renuncia a darle prioridad a la lucha contra la evasión y los paraísos fiscales y a disponer de una auténtica Hacienda Europea que es la única garantía de que el euro sea viable a medio plazo. (...)

Se equivoca Europa al no reforzar sus programas de inversiones en investigación básica y desarrollo del conocimiento (incluso se plantea reducirlos en este campo), en transición energética y tecnológica y en igualdad territorial y de oportunidades ahora que se avecinan malos tiempos y un cambio de modelo productivo.
Afortunadamente, algunas de estas demandas comienzan a plantearlas ya incluso las fuerzas más conservadoras de las instituciones europeas. (...)

Y finalmente, porque sin avanzar en la democratización de las instituciones políticas europeas, sin una Unión Europea realmente democrática en su funcionamiento conjunto, será imposible que existan los contrapesos, la transparencia y el control suficientes para evitar que los grandes poderes financieros y corporativos sigan imponiendo su voluntad y sus decisiones para lograr, como hasta ahora, que la política de gasto que se realiza en Europa responda exclusivamente a sus intereses particulares."                           

(Juan Torres López, blog, 01/10/19.  Publicado en lapoliticaonline.es el 26 de septiembre de 2019)

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