3.10.19

Los préstamos rápidos, el negocio al alza que consume a los ludópatas desesperados

"Un jugador sale de cualquiera de las dieciséis casas de apuestas que hay a lo largo de los dos kilómetros y medio de Bravo Murillo, en Madrid, y uno de los primeros carteles que se encuentra es el de "¿Estás en el ASNEF [registro de morosos]? ¡¡No te preocupes!! Te prestamos hasta 600 euros". 

Debajo, un número de teléfono y un nombre, María, que al cogerlo te pregunta cuánto quieres, cuánto cobras y te indica que para proceder pases por su oficina, situada en una calle secundaria de la zona. 
María, de nombre completo Gladys María, asegura que si estás en una lista como ASNEF no hay problema. 

En persona, sentada en un pequeño escritorio al fondo del centro de negocios en el que ha establecido el despacho, mete algunos datos en una aplicación móvil y canta la cuota que te saldría a pagar. En este caso, el interesado es un joven al que acompaña una familiar mayor. Lleva tres meses trabajando y pide 750 euros, sin especificar para qué. 

"Serían 135 euros al mes en doce meses. Pagarías un total de 1.620 euros", dice María. "Uf, es un montón. Pero es que Bankia no me deja", suspira él. "Claro: tu banco te conoce. Es como si fuera tu mamá. Y si tu mamá no te deja, Bankia tampoco lo hará", ríe. El joven dice que lo pensará. 1.620 euros es más del doble de lo solicitado, un interés desmesurado pero habitual en este tipo de operaciones.

María trabaja como comercial para Cashper, una de las decenas de empresas de préstamos rápidos que funcionan en España. Como Cashper, registrada en Malta, están Solcrédito (Estonia) o las patrias Ccloan, Contante, Creditea, Dineo, MoneyMan, Kredito24, Vivus, Rapicash… "Hay muchísimas", indica. "El mercado crece porque el cliente se maneja cada vez más por Internet. Pero hay que saber pedirlo bien. Hay clientes que por desesperación piden en varias webs y al estar ahí dale que dale les bloquean. Y ya no les dan nada hasta que no se calmen las aguas". 

Como ella tiene cuenta de comercial y accede a mejores condiciones que un usuario normal, su negocio es cobrar 20 euros en mano por la gestión: si Cashper aprueba el préstamo a su cliente, bien; si no, busca otra empresa que lo haga. "Yo te lo consigo por Cofidis o por otro lado. Mi ambición no es que se metan en Cashper. Yo les ayudo y así regresan". Si supiera "de Internet", cuenta, publicitaría sus servicios ahí y no empapelando las calles. ¿Por qué los pone frente a casas de apuestas? "Yo pago a alguien que lo hace y no sé dónde los pega", sentencia. "Pero viene gente de todos lados". 

"Se me fue de las manos"

A Sergio, de 42 años, siempre le había gustado jugar a las máquinas tragaperras, pero empezó a engancharse tras separarse de su pareja sentimental. "No tenía problemas económicos, jugaba como cualquier otro, echando algún euro cuando estaba en un bar…. Y empecé a jugar más, al principio era mi sueldo, pero veía que no llegaba y una vez descubrí los microcréditos aquello fue un no parar", cuenta para incidir en que "eran muy fáciles de conseguir y acudía para cualquier cosa, aunque fuera pequeña: en 15 minutos tenía el dinero en mi cuenta sin aportar casi documentación".

Llegó a acumular más de una decena de créditos con empresas distintas, "y los intereses son brutales, dejas de pagar un mes y los suben al doble o más, pero quieres seguir y necesitas más". Un préstamo de 2.000 euros, comenta, se convirtió en una deuda de 8.000. Todo ese dinero iba destinado a las tragaperras, única modalidad a la que acudía. "Yo veía las casas de apuestas y pensaba que eran una gilipollez mientras me dejaba un dineral en tragaperras", recuerda Sergio, que recibió el alta terapéutica hace unos meses. "Antes de estar en tratamiento sabía que estaba mal pero no quería decirlo por el ‘qué dirán’", admite este afectado, que solo decidió contarlo cuando la situación era "insostenible, sin salida económica".
 
"Las apuestas se me fueron de las manos y empecé a tirar de créditos", cuenta a este periódico David, un treintañero que debe cerca de 200.000 euros. Algo más de la mitad de ese dinero lo obtuvo a través de préstamos de todo tipo, mientras que el resto fue prestado por familiares y amigos. "Cuando me dejaron de conceder los normales, pedí microcréditos y al final se hizo una bola, pero tenía la cabeza en el juego, ni en el futuro, ni el dinero ni nada más", relata.

Él no acudió a ninguna clínica a recibir terapia y ha conseguido salir delante al contar su historia a través de redes sociales, donde ha conocido otras personas con problemas similares, ayudándose mutuamente. "Twitter está siendo mi terapia. Había tenido varios intentos ya, pero ahí conté mi historia y me ha venido bien", señala este afectado, que gestiona la cuenta @NoApuestes en esta plataforma desde hace dieciocho meses, el mismo tiempo que lleva sin apostar.
 
No obstante, la espiral de créditos continúa y ha acabado afectando también a su mujer, que pedía dinero sin su conocimiento para salir adelante. "Solo se quieren saldar deudas y seguir el ritmo de vida. La persona que está a tu lado pasa lo mismo que tú y tiene los mismos síntomas aunque no juegue, son codependientes", dice. "Es un problema que he generado yo, y ella ha hecho lo que ha podido".

David, que recibe asesoramiento del Foro Antiusura, explica que no pagan a empresas de microcrédito desde hace tres meses, y que es habitual que reciban "llamadas de extorsión" para que lo hagan. En alguna ocasión, les han llegado a ofrecer quedar exento de deuda pagando una cantidad reducida de esta (por ejemplo, 50 euros cuando la deuda es de 600).

"Quizá no lo sepan, pero muchas veces se aprovechan de situaciones desesperadas y personas enfermas, ¿cómo permiten que una familia o persona endeudada se endeude más y con esas condiciones?", se pregunta antes de recordar que "son créditos de riesgo, saben que hay gente que no lo va a devolver". "Las autoridades lo permiten, igual que las apuestas, al final hay mucho dinero en juego y relaciones con el poder político", espeta sobre el sector del juego, que define como "una mafia legal, pero una mafia".  (...)"                           (Mario Escribano, Amalía Plaza, eldiario.es, 02/10/19)

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