"La lista de Íñigo Errejón molesta a ciertos
dirigentes socialistas. La ven como un freno a su expectativa de gran
aumento electoral. Irrita más a los tribunos derechistas que se
regocijaban ante una posible abstención de los votantes desanimados tras
el doble fiasco de una investidura progresista.
Con motivo, porque el
diseño de Más País de pry a esentarse solo en circunscripciones en las que
no perjudique a las izquierdas da verosimilitud a que su hueco recoja a
sus desencantados tentados de abstenerse. Y que así la fragmentación del
espectro progre acabe beneficiando a este en vez de dañarle.
Hay también otra lectura, metaelectoral.
Esta. La aparición de Más País tiende a suturar el desangre de la
izquierda de la izquierda. Que era inexorable. Por los declinantes
resultados obtenidos. Por el encastillamiento de la dirección de lo que
un día fue Podemos, a causa de las purgas y las consiguientes
defecciones.
Y por su rampante sectarización: tildar ahora a Errejón de submarino de la oligarquía
no solo es torpe. Denota miedo al competidor. Y supone una ignorancia
supina de cuáles son las preferencias y quiénes los favoritos de los
ultrapoderosos.
El bautizo de la nueva marca sería pues susceptible
de mantener, en tiempo adverso, una sensibilidad política en riesgo de
subrepresentación.(...)
El principal hándicap del incipiente partido
encabezado por Errejón es su escasísimo tiempo de gestación. Improvisar
un programa, un enraizamiento territorial y unos cuadros intermedios
sólidos no es coser y cantar.
Pero con más trienios, el de Pablo Iglesias es un
“movimiento ágrafo”, como escribe su padrino político y exdiputado del
grupo, el anguitista Manolo Moreneo.
“No tiene programa, no emite
resoluciones políticas y sus órganos de dirección suelen refrendar lo
que se discute y decide en otras partes (...)
es el secretario general quien define y deslinda las grandes decisiones
(...) sobre todo en informes orales de lo que no quedan resúmenes
escritos ni conclusiones” (ElViejo Topo,
número 377, junio de 2019).
En cambio, el errejonismo puede exhibir
como propia la trayectoria tangible del Gobierno de Manuela Carmena: el
Madrid Central, su plan de guarderías, las trabas a la especulación.
Y
su estilo." (Xavier Vidal-Folch, El País, 30/09/19)
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