"Vamos a elecciones. Como la mayoría de las personas, tengo claro que el
culpable de la repetición es el PSOE de Pedro Sánchez. Jugar a la
equidistancia es engañar y engañarse. Guste más o guste menos, Unidas
Podemos ha hecho dos campañas con la propuesta nítida de gobernar con
Pedro Sánchez. Ese era el compromiso electoral. Ahora la cuestión es
diferente. Lo podríamos formular así: ¿seguirá siendo el gobernar con el
PSOE la oferta electoral de UP? (...)
Hoy sabemos que el PSOE de Pedro Sánchez tiene como estrategia
convertirse en el eje de la recomposición del sistema político, ser
garantía y fundamento de un régimen que sigue viviendo una crisis
latente. Lo que unifica hoy al Partido Socialista es la búsqueda de la
centralidad del sistema que, de una u otra forma, exige reducir a la
mínima expresión a Unidas Podemos.
El bipartidismo ha sido y es un modo
de organizar el poder para que nunca se cuestione el dominio y el
control de los que mandan y no se presentan a las elecciones. UP ya lo
vivió después de la llegada al gobierno de Pedro Sánchez. Esos meses
fueron duros y mostraron un PSOE a la vieja usanza: prepotentes,
calculadores y siempre, siempre, mirando a las elecciones. Nunca hubo el
intento real de una alianza programática, jamás se buscó una
complicidad con los aliados y se les sometió a una estrategia
estrictamente partidista.
La “salida” que la dirección de UP dio a esta situación fue singular: ya
que no nos fiamos del PSOE, gobernemos con él. UP, con la nueva
estrategia, se lanzó a una campaña electoral especialmente atrevida:
imponer al PSOE un gobierno de coalición. Dicho de otra manera, aunque
no quiera Pedro Sánchez, estará obligado a pactar con Pablo Iglesias. (...)
Nunca hemos percibido que fuera posible un acuerdo sobre la reforma
laboral; más bien, al contrario, situar la necesidad de un nuevo
Estatuto de los trabajadores se utilizaba como excusa para aplazarlo a
un futuro a medio o largo plazo. De hecho, al final de lo que se ha
tratado es de eliminar los aspectos más negativos de la reforma laboral,
no de derogarla.
El debate habría sido diferente si se hubiese puesto el acento en
los contenidos, en las diferencias sustanciales y no en el reparto de
cargos que el PSOE usa contra Unidas Podemos ahora. Para la gente, la
clave son las políticas y no los juegos de poder. (...)
Ser realistas y pedir lo imposible. Lo imposible era gobernar con Pedro
Sánchez. Hemos vivido un escenario “a la italiana”. Eso sí, sin la
finura de Matarella frente a Salvini. Aquí las trampas han sido para
elefantes y la estrategia, a nivel de Juego de Tronos; en su centro, eso
tan cargante de la lucha por el relato. Todo era más simple: Pedro
Sánchez siempre quiso gobernar en solitario buscando los votos gratis de
una UP en retroceso electoral y orgánico, en un momento en que el
escenario internacional está cambiando para peor.
Nos olvidamos de lo
fundamental, que tenemos una soberanía limitada y que los poderes de la
Unión Europea se están reorganizando ante una previsible crisis
económica, un brexit duro y un Donald Trump en campaña electoral. Pedro
Sánchez quiere hacer méritos ante Macron que pretende liderar Europa en
un momento de debilidad de una Alemania en recesión.
Puesto que ya estamos en escenario electoral, es importante tratar dos
cuestiones que marcarán el futuro de UP. Primero, ¿qué está en juego en
esta campaña electoral? Segundo ¿qué tipo de propuesta y de campaña?
Está en juego el 15M y la posibilidad de un cambio sustancial en España.
Hay quien lo da por cerrado. Yo no. Sigue existiendo una crisis larvada
del régimen y una crisis de Estado que sigue marcando la agenda
política del país. (...)
Desde hace muchos meses vengo combatiendo la idea de que el pesimismo ha
limitado las capacidades de UP: sin tocar poder, UP no tendría futuro,
no solo se ha demostrado equivocada, sino que, además, nos ha situado en
un territorio institucional-electoral que nos ha hecho olvidar que lo
decisivo para una fuerza transformadora es ampliar las alianzas
sociales, insertarse territorialmente, consolidar la militancia y crear
cuadros.
En política no hay atajos; hace falta paciencia, organización y
capacidad de hegemonía. Siempre con voluntad de gobierno y de poder,
precisamente para romper con los límites que imponen los poderes
fácticos que legitiman las instituciones europeas.
Sí se puede, si somos
capaces de tener un discurso político de mayorías y para la mayoría,
que no tema romper con lo políticamente correcto y que busque
el apoyo decidido de una base social y electoral que ha perdido
confianza, que está desmovilizada y que no sabe muy bien qué dirección
tomar." (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 23/09/19)
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