"En los últimos días se han escuchado algunas voces alertando de que el
pacto de gobierno entre PSOE y Unidas Podemos incluye muchas medidas
políticas que aumentan el gasto y muy pocas que aumentan los ingresos,
de forma que su materialización empeoraría las cuentas públicas. (...)
Desgraciadamente en el imaginario colectivo sigue imperando la
–absolutamente–falsa idea de que las cuentas del Estado funcionan como
las de una familia o empresa, (y esto a pesar de que hace ya casi un
siglo muchos economistas como Kalecki y Keynes refutaron dicha creencia
con contundente solvencia). Existen dos factores fundamentales que
explican que las cuentas públicas tengan una naturaleza radicalmente
diferente a las privadas.
El primero es que las decisiones de una
empresa o familia no afectan significativamente al resto de la economía,
mientras que las de un Estado sí lo hacen. Cuando una unidad familiar
deja de gastar, logrará mejorar su situación financiera y todo ello sin
perjudicar a la economía. En cambio, cuando un Estado deja de gastar,
las familias y empresas que eran beneficiarias de dicho gasto verán sus
ingresos disminuir. El segundo factor tiene que ver con que el dinero
que se utiliza en nuestras economías avanzadas está expresado en una
unidad de cuenta creada por el propio Estado.
Esto hace que el dinero
sea un monopolio del sector público: todo el dinero que tienen las
familias y las empresas ha sido creado y regulado por las autoridades
públicas. Si estas no crean dinero, el sector privado no puede tenerlo
en sus bolsillos. Es así de sencillo y de irrefutable aunque a muchos
les chirríe dicha apreciación.
Lo anterior tiene importantes
implicaciones en materia presupuestaria: el dinero que recauda el
Estado es dinero que en su día fue creado por él. No hay otra
posibilidad porque el sector privado no tiene la prerrogativa de crear
dinero oficial (salvo que incurra en el delito de falsificación,
claro).
Muchos creen que el sector público es una especie de parásito
que necesita detraer recursos de las familias y empresas para poder
llevar a cabo su gasto, pero la realidad es que es justo al revés:
todos los euros que tienen las familias y empresas los creó el Estado,
ergo el sector privado sólo puede ingresar dinero si las autoridades
públicas han permitido que ese dinero se cree e inyecte en la economía.
Y la forma más importante de inyectar dicho dinero es a través del
gasto público.
Cuando el Estado paga el sueldo de un
funcionario los ingresos de éste se incrementan en la misma cuantía por
la que ha aumentado el gasto público. Esto es una identidad contable y
es irrefutable: un euro de gasto público es igual a un euro de ingreso
privado. Si alguien matiza que ese euro fue conseguido a su vez porque
anteriormente una empresa se lo prestó al Estado, que se vuelva a
preguntar de dónde obtuvo originalmente esa empresa dicho euro: llegará
a la única conclusión posible de que fue el Estado su creador, porque
nadie más puede crearlo sin su permiso.
Una vez entendida bien esta verdadera
naturaleza y procedencia del dinero se está en mejores condiciones para
comprender que el Estado español cometería un grave error si se
empeñara en recaudar más (ya fuese para cuadrar las cuentas o para
gastar más). El aumento de impuestos reduce los ingresos de las
familias y las empresas, lo que lastra la economía y lo que a su vez
suele también ejercer un impacto negativo sobre la recaudación: si la
gente tiene menos dinero en sus bolsillos el Estado tendrá menos
posibilidades para recaudar más. Por eso, se puede dar la paradoja de
que un aumento de impuestos provoque una pérdida de recaudación.
Aumentar los tributos no es el camino adecuado para ingresar más.
La mejor forma de mejorar la recaudación
es logrando que las familias y las empresas tengan mucho dinero en sus
cuentas bancarias, porque así podrán pagar más impuestos, y esto es
algo que se suele conseguir a través de tres vías: vendiendo productos
en el exterior -incluyendo servicios de turismo- (porque llegaría
dinero de otros países), experimentando burbujas de crédito (porque
llegaría dinero a través del circuito financiero de los bancos), o
aumentando el gasto público (porque llegaría dinero del Estado). Pues
bien, cada una de esas tres vías ha tenido su momento durante la
historia de España, (...)
Nótese que el motor fue el aumento del
gasto público: no se esperó a aumentar la recaudación para incrementar
el gasto: primero el gasto, y luego los ingresos reaccionan de forma
paralela.
A partir de 1993 el gasto público
comenzó a caer notablemente debido a la reducción en el pago de
intereses de deuda y a numerosos recortes acometidos para cumplir las
exigencias de la creación de la moneda única. ¿Y qué pasó con los
ingresos? Que también cayeron. Luego, ya a comienzos del siglo XXI,
España experimentó la mayor burbuja de crédito e inmobiliaria de toda
su historia, y los ingresos crecieron notablemente hasta incluso
reflejar superávit en 2005, 2006 y 2007.
Dicho proceso dio lugar a la
mayor crisis económica de la historia, que hundió los ingresos y
disparó los gastos. Finalmente, con la recuperación del PIB en 2014,
los gastos públicos se continuaron recortando como parte de las
políticas de austeridad. ¿Y qué pasó con los ingresos? Que también
cayeron. Y que no hayan caído más se debe a que en los últimos años está
entrando bastante dinero desde otros países gracias a las
exportaciones y el turismo.
En definitiva, tanto la teoría como la
práctica sugieren que incrementar los impuestos para cuadrar las
cuentas o para aumentar el gasto público es una mala idea (otra
cuestión diferente es que se aumenten algunos impuestos para lograr
mayor justicia fiscal). Dicho movimiento puede provocar el efecto
contrario al deseado: recaudar menos.
Si España quiere tener los
niveles de gasto público de los países vecinos del norte no debe
esperar a recaudar más, lo que tiene que hacer es gastar más porque eso
contribuirá a que se ingrese más: la gente tendrá más dinero en sus
bolsillos, la economía se dinamizará más, y al final se acabará pagando
más por los impuestos existentes (es importante tener en cuenta que el
objetivo no debería ser nunca equilibrar las cuentas; tener algo de
déficit público no es preocupante per se, es absolutamente normal y a
menudo deseable).
Esos países con elevadas cotas de Estado del
Bienestar tienen mayores niveles de ingreso público no como causa de
los niveles de gasto público, sino como consecuencia. Recaudan más
básicamente porque gastan más, no al revés. Por lo tanto, bienvenidas
sean las medidas del pacto de gobierno puesto que se centran en el
aumento de gastos y no en el de ingresos."
(Eduardo Garzón . Profesor ayudante de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, Economía crítica y crítica de la economía, 03/10/20)
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