"(...) Los países en desarrollo han dicho durante décadas que las reglas que
gobiernan el comercio internacional son profundamente injustas. ¿Pero
por qué hoy surgen quejas similares de los países desarrollados que
formularon la mayoría de esas reglas? (...)
Para un observador cínico, los esfuerzos actuales de los países
desarrollados por reformular las reglas parecen un intento, ya no para
nivelar el campo de juego, sino para impedir la competencia. (...)
El trato implícito que había gobernado el comercio era que los países
desarrollados mantendrían sus mercados abiertos a las exportaciones
industriales de los países en desarrollo, que a su vez estarían abiertos
a las exportaciones de servicios de los países industrializados. (...)
Desafortunadamente, no todos en los países desarrollados han podido
pasar a buenos empleos en el sector de servicios. Los mejores están
principalmente en las grandes ciudades, donde profesionales bien
cualificados han podido prestar servicio en mercados globales mientras
que las ciudades pequeñas, por ejemplo, en el Medio Oeste de Estados
Unidos y en el norte de Inglaterra, no se han recuperado económicamente
de la partida de los grandes empleadores industriales.
En definitiva, la
devastación de estos lugares, y la frustración de quienes viven en
ellos, alimentó los movimientos políticos que colocaron al presidente
norteamericano, Donald Trump, en su cargo y los que sacarán al Reino
Unido de la Unión Europea. Las ex comunidades industriales que quedaron
atrás hoy tienen voz en la ciudad capital y la intención es que regrese
la industria.
Sin embargo, esta explicación también es incompleta. Gran parte de la
disputa de Estados Unidos con China, por caso, no tiene que ver con la
industria (la propia China está perdiendo empleos industriales a manos
de países como Vietnam). Tiene que ver con los servicios.
Si bien ocho
de los diez principales exportadores de servicios son países
desarrollados, la competencia de los mercados emergentes está en aumento
–e impulsa una presión importante por parte de las empresas en
economías avanzadas para implementar nuevas reglas comerciales
vinculadas a los servicios-.
Ostensiblemente, esto garantizará fronteras
siempre abiertas para los servicios. Pero también será una oportunidad
para proteger las ventajas de los productores de los países
desarrollados dominantes.
Por ejemplo, el T-Mec (Acuerdo de Estados Unidos, México y Canadá) no exige ningún arancel
sobre productos comprados electrónicamente, como la música o los libros
electrónicos, y garantiza que las empresas de Internet no sean
responsables del contenido que producen sus usuarios.(...)
Las elites en los mercados emergentes están respondiendo a su manera. La
India introdujo nuevas reglas para limitar lo que plataformas
extranjeras como Amazon y Walmart pueden vender online allí, justo antes
de que Reliance, un gigantesco conglomerado indio, lanzara su propia
plataforma de comercio electrónico.
En resumen, dos factores han
incrementado el malestar por el comercio internacional y los acuerdos de
inversión. La gente común en las comunidades rezagadas en los países
desarrollados ya no quiere aceptar los acuerdos existentes. Quieren que
los escuchen y quieren que se protejan sus intereses.
El viejo status quo
–donde las elites de los países desarrollados hacían la vista gorda
ante la erradicación de la industria siempre que se expandieran los
mercados para sus servicios- se ha vuelto insostenible. Al mismo tiempo,
las elites de las economías emergentes quieren una porción del mercado
global de servicios, y ya no están dispuestas a ceder terreno allí. Como resultado de ello, ya no existen acuerdos comerciales fáciles. (...)
Una diferencia importante es que la gente en los mercados emergentes
ejerce un mayor compromiso democrático que en el pasado. Cuando el
director de la cámara de empresarios mexicana compara las cláusulas
laborales y de monitoreo del T-Mec con la guerra entre México y Estados
Unidos (cuando México perdió California), los votantes mexicanos
escuchan. Por lo tanto, cualquier éxito que tengan los países ricos a la
hora de establecer reglas onerosas para otros hoy podría resultar
pírrico.
(...) esos acuerdos sentaron un mal precedente. En el futuro, los consumidores
dominantes del mundo serán los ciudadanos más ricos, más jóvenes y más
numerosos de las economías emergentes. Quienes hoy les están endilgando a
los países más débiles acuerdos desventajosos no deberían sorprenderse
cuando algún día les devuelvan el favor.(...)" (
, Project Syndicate, 14/01/20)
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