30.1.20

Monedas digitales públicas: Origen, diseño y características

"(...) La conocida como revolución digital ha permitido que individuos y corporaciones privadas puedan desarrollar monedas digitales privadas o criptomonedas, una idea originalmente introducida por David Chaum hace más de tres décadas y media (aquí).

 En 2008, esta ocurrencia se materializó y desde la creación del Bitcoin – analizado en este blog por Fernández-Villaverde aquí, aquí y aquí, y por Daniel García aquí–, más de cinco mil criptomonedas se han emitido. (...)

Las nuevas formas de dinero digital, la proliferación de las criptomonedas y el gran descenso del uso y la demanda del efectivo en algunos países como Noruega y Suecia (véase la Figura 1) ha forzado a los bancos centrales a comenzar a examinar la viabilidad de emitir una moneda digital pública (CBDC por sus siglas en inglés). Una moneda digital pública es una nueva forma de dinero emitida virtualmente por el banco central (pasivo del banco central) y que serviría como moneda de curso legal.  (...)

Sus implicaciones dependen en gran medida de su diseño y de las características que tengan. (...)

Si se pretende en última instancia que la moneda digital pública sustituya completamente al efectivo, debería tener accesibilidad total. Por último, en función de la verificación necesaria para su intercambio o mecanismo de transferencia, puede ser una moneda digital basada en tokens (análoga a las criptomonedas privadas) o basada en cuentas en el banco central (account-based). 

Esta característica está inherentemente ligada al grado de anonimidad o privacidad que se pretenda mantener. Mientras que una CBDC basada en tokens es completamente anónima (al igual que el efectivo, cuyos pagos no se pueden rastrear), una CBDC basada en cuentas no sería completamente anónima, pero sí más fácil de poner en práctica.  (...)

A las características anteriores, se adicionan otras dos que son fundamentales debido a sus grandes implicaciones: por un lado, si es accesible para todos los públicos (retail CBDC o minorista) o se restringe a un determinado grupo de individuos (wholesale CBDC o mayorista), por otro, si genera o lleva asociado un tipo de interés (interest-bearing CBDC) o no lo tiene (como las monedas digitales privadas).

Una moneda digital pública accesible para todos los individuos sería un instrumento monetario sin riesgo de liquidez o de crédito, totalmente seguro y de fácil acceso. Los depósitos en los bancos comerciales, en cambio, siguen presentando el riesgo de que la entidad financiera quiebre (aunque exista el seguro de garantía de depósitos).  (...)

Si la CBDC fuera mayorista y, por ende, no disponible para todos los individuos y empresas, podría mejorar el sistema de pagos del sector donde se implante, así como su eficiencia y reducir los riesgos de crédito y liquidez asociados. En cambio, sus efectos en la política monetaria del banco central o la estabilidad financiera, serían prácticamente nulos. (...)

Si la CBDC está remunerada, es decir, lleva asociada un tipo de interés, se podría convertir en un nuevo instrumento del banco central. Su demanda, estaría relacionada con el nivel del tipo de interés que, en caso de ser positivo, incrementaría la apetencia por un activo totalmente seguro.  (...)

Finalmente, el banco central o la autoridad monetaria competente puede poner límites cuantitativos (caps) en su uso con el fin de prevenir algunos efectos no deseables en el uso de la moneda digital como por ejemplo un mal funcionamiento en el sistema de pagos minorista. También se podría establecer una paridad que no fuera 1:1 con respecto al efectivo, creando un tipo de cambio entre los distintos tipos de dinero de la autoridad monetaria."              (David Tercero Lucas , Nada es gratis, 28/01/20) 


"Monedas digitales públicas (II): Ventajas, inconvenientes e implicaciones.

El Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS por sus siglas en inglés) lleva años advirtiendo a los bancos centrales que deben ponerse al frente de la revolución digital. Sin embargo, ha sido la Libra de Facebook (criptomoneda privada) la que ha desatado un debate sobre las monedas digitales estables (o stablecoins), a la vez que se ha profundizado en la discusión sobre si se debe emitir o no una moneda digital pública (central bank digital currency, CBDC). 

A finales de enero, el BIS publicó una nueva encuesta (aquí) en la que destaca que un 80% de los bancos centrales encuestados están trabajando en el tema. Los motivos alegados para emitirla, que dependen de si el banco central pertenece a una economía avanzada o en desarrollo, van desde incrementar la estabilidad financiera y usar la CBDC como instrumento de política monetaria hasta aumentar la eficiencia de los pagos domésticos e internacionales y mejorar su seguridad (...).

Aunque existe una miríada de ámbitos que se van a ver afectados por la posible introducción de una moneda digital pública, diferenciaremos cuatro bloques fundamentales: i) sistemas de pagos, seguridad e inclusión financiera, ii) intermediación y estabilidad financiera, iii) otros aspectos y iv) consideraciones de política monetaria. En este artículo se abordarán los tres primeros y en otro post ulterior, el cuarto.


Sistemas de pagos, seguridad e inclusión financiera

La constante evolución de la tecnología ha permitido mejorar significativamente, en la última década, los medios de pagos digitales. (...)
algunos autores (aquí) argumentan que la principal ventaja de una CBDC, al ser un medio de pago prácticamente sin coste, incrementará considerablemente la eficiencia de los sistemas de pagos electrónicos y reducirá la concentración del riesgo de liquidez y de crédito de los sistemas de pagos (aquí).  (...)

La seguridad es otro aspecto primordial a la hora de considerar si se debe emitir o no una moneda digital pública. La emisión de una CBDC llevaría consigo la necesidad de mejorar la estructura y la ciberseguridad de los bancos centrales con el fin evitar ciberataques y posibles fraudes. 

Además, el efectivo es inmune a cualquier posible problema derivado del uso de la electricidad, algo que no ocurre con las monedas digitales. A su vez, el concepto de seguridad está íntimamente ligado al de privacidad. Una propiedad esencial del efectivo, destacada por Kiyotaki y Wright aquí, es que ni el comprador ni el vendedor conoce su historia previa, otorgándole anonimato. Esto, por ende, plantea K. Rogoff en su último libro (aquí), facilita que las transacciones sean completamente anónimas, con el riesgo inherente a esta característica: la realización de actividades al margen -o fuera- de la ley y las regulaciones. 

La sustitución del efectivo o cash por una moneda digital pública, argumenta Rogoff, reduciría en gran medida la economía informal, la evasión fiscal, la corrupción y el terrorismo. Sin embargo, esto dependerá de si la CBDC está basada en tokens (alto grado de anonimato), en cuentas (menor grado de anonimato) o un híbrido entre ambas modalidades.

 Los efectos de la emisión de una CBDC sobre la inclusión financiera son también relevantes para los bancos centrales, especialmente para aquellos de países emergentes. Con una moneda digital pública, individuos que no tenían acceso al sistema financiero podrían tenerlo de una manera mucho más sencilla y accesible (al tener una cuenta en el banco central).  (...)

Intermediación y estabilidad financiera
 
Quizás la intermediación y la estabilidad financiera, junto a la política monetaria, son los bloques que más controversias suscitan en el análisis de las monedas digitales públicas. Si la CBDC estuviera basada en cuentas en el banco central, los patrones actuales de intermediación financiera podrían verse alterados – Fernández Ordoñez, en su nuevo libro (aquí) aboga por la desaparición de los bancos cuando se alcance el nuevo estado estacionario–, al producirse una salida de depósitos de los bancos comerciales. Para prevenir esta posible salida de depósitos, la banca podría incrementar su rentabilidad (acrecentando, por ejemplo, las comisiones de transacción o las comisiones por la retirada de dinero) o buscar otro tipo de financiación. (...)

Dyson y Hodgson (aquí) van más allá, al considerar que el sistema financiero sería más seguro, pues la importancia de los bancos de riesgo sistémico se vería reducida por la ya mencionada reducción de la concentración de liquidez y el riesgo de crédito en los sistemas de pagos, así como los problemas de riesgo moral inherentes al sector financiero. Sin embargo, Kumhol y Noone (aquí) agregan que aunque una moneda digital pública podría servir para resolver en mayor medida fugas de depósitos de instituciones individuales, las corridas bancarias sistémicas tendrían una magnitud y velocidad mucho mayor, independientemente de la proximidad geográfica

 La autoridad monetaria competente podría actuar de manera más inmediata cuando se fuera a producir una salida masiva de depósitos de alguna institución particular, nutriéndose de las ventajas de información que supone una account-based CBDC. Asimismo, su papel en la prevención de liquidez y las subsiguientes crisis de solvencia se vería reforzado y las actuaciones como prestamista de última instancia podrían ser más veloces.


No obstante, este análisis tiene cabida siempre y cuando siga existiendo el sistema financiero que conocemos. La banca comercial tendrá que adaptarse a un cambio de paradigma si quiere sobrevivir, con la entrada de nuevos competidores que transformarán el sector financiero.


Otros aspectos

 A corto plazo, la sustitución del cash por una moneda digital pública supondría la eliminación de las comisiones por sacar dinero en efectivo, la supresión de los costes de almacenamiento y transporte del efectivo, el cese de los costes de acuñación y unos mayores ingresos por señoreaje. No obstante, es necesario recalcar que la emisión de una CBDC puede tener limitaciones geográficas, es decir, al principio será aceptada solo por el país que la emita. (...)"          (David Tercero Lucas


"Monedas digitales públicas (III): Consideraciones de política monetaria.

En el año 2000, Charles Goodhart se preguntaba (aquí) si los bancos centrales podrían sobrevivir a la revolución digital. Argumentaba que, por un lado, la revolución digital no eliminaría la demanda de moneda. 

Y aunque esto ocurriera, el banco central podría seguir determinando el tipo de interés nominal. En otro artículo de ese mismo año (aquí), Michael Woodford analizaba si el desarrollo del dinero electrónico constituía una amenaza a los bancos centrales a la hora de controlar el valor de las monedas nacionales a través de la política monetaria. Su conclusión fue que, incluso si la demanda de base monetaria fuera completamente eliminada, la política monetaria podría ser igualmente efectiva.

Pero Goodhart y Woodford no fueron los únicos adelantados a su tiempo. En 2014, J. P. Koning, entre otros, propuso la creación de un dólar virtual, el Fedcoin, una moneda digital pública (CBDC) en Estados Unidos (aquí). Por aquel entonces, era impensable que esa inusitada propuesta pudiera hacerse realidad. Más de un lustro después, hasta la todopoderosa Reserva Federal ha comenzado a analizar la propuesta de crear una CBDC (aquí).

 Los bancos centrales saben que son agentes que deben hacerse partícipes de los avances tecnológicos. Es por ello que el Banco del Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco del Japón, el Banco Central Europeo, el Banco de Suecia y el Banco Nacional Suizo, junto con el Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS), han creado un grupo para evaluar cómo podrían implementar una CBDC.

Tras analizar las características y el diseño que podría presentar una moneda digital pública emitida por un banco central (aquí), así como las ventajas, inconvenientes e implicaciones de emitir una CBDC en los sistemas de pagos, seguridad, inclusión, intermediación y estabilidad financiera y en otros aspectos (aquí), en la presente entrada se abordará de manera resumida las implicaciones que podría tener sobre la política monetaria.

Las consecuencias de emitir una CBDC sobre la política monetaria son inherentes a su diseño. Si la CBDC estuviera restringida a un determinado grupo de individuos (wholesale CBDC o mayorista), sus efectos no serían muy amplios. 

En cambio, sus consecuencias son mayores si es accesible para todos los públicos (retail CBDC o minorista) y si genera o lleva asociado un tipo de interés (emulando la propuesta de M. Friedman de 1960, que abogaba por que el dinero emitido por el gobierno pagara el mismo tipo de interés que otros activos libres de riesgo). Una consecuencia directa de esto podría ser el aumento de la efectividad del mecanismo de transmisión de la política monetaria. Los mercados monetarios, de préstamos y de depósitos se podrían ver mucho más afectados por las decisiones del banco central.

 Meaning et al. (aquí) argumentan que una moneda digital pública puede dar un mayor grado de control al banco central sobre el existente stock de dinero, mejorando la transmisión de la política monetaria. Cabe mencionar que el caso de los depósitos es especialmente relevante. 

Desde el artículo de Drechsler et al. (aquí) sabemos que los tipos de interés de los depósitos apenas responden a la política monetaria llevada a cabo por el banco central. Esto podría revertirse con la introducción de una moneda digital pública, como bien apunta B. Cœuré aquí.

 A su vez, la necesidad de emplear otras políticas “poco convencionales” quedaría reducida, al existir un nuevo instrumento de política monetaria, como se argumenta aquí, aquí, y aquí. Los efectos de una CBDC podrían ser aún mayores si es un activo atractivo para la cartera de los agentes económicos, algo que dependerá de la remuneración que tenga relativa a la de los tipos de interés de activos con un grado de liquidez semejante. 

G. Nuño (aquí) concluye que una CBDC que pague tipo de interés le otorgaría al banco central un mayor grado de control sobre las condiciones financieras de la economía y, por ende, sobre la demanda agregada. No obstante, actualmente no existe evidencia empírica que pueda corroborar la teoría expuesta.

Uno de los beneficios más mencionados de la creación de una moneda digital pública que lleve asociada un tipo de interés es la eliminación del límite inferior efectivo (effective lower bound, ELB). La Gran Recesión provocó la puesta en marcha de una miríada de medidas no convencionales de política monetaria, incluyendo la entrada en el difuso territorio de los tipos de interés negativos por parte de algunos bancos centrales. 

Sin embargo, la existencia del efectivo, que posee un valor nominal fijo, hace que no se pueda llegar a tipos negativos menores dado que la gente atesorará el cash. Algunos bancos centrales han podido establecer tipos de interés negativos (aunque cercanos al tipo de interés cero) porque atesorar efectivo lleva asociado costes de almacenaje, transporte, etc, que hacen que sea más asequible afrontar un tipo de interés (pequeño) antes que acarrear con los costes de acumular efectivo.

Así pues, con una CBDC que tenga tipo de interés, se podrían aplicar tipos de interés negativos por debajo del ELB, siempre y cuando el efectivo fuera prácticamente reemplazado. Un ejemplo recurrente utilizado para defender la imposición de un tipo de interés negativos en la moneda es el llamado “milagro de Wörgl” de 1932, un pequeño pueblo del Estado de Tirol (Austria), en el que se creó una moneda sujeta a una pérdida del 1% de su valor al final de cada mes (para más detalles, véase éste artículo de J. Huber). 

Ponentes en contra de los tipos de interés negativos, entre los que se encuentra el propio Huber, esgrimen que éstos, en lugar de estimular el gasto, es más probable que desencadenen una reducción de gastos de los individuos para compensar la pérdida de poder adquisitivo.

 Cœuré (aquí) considera que los tipos de interés negativos alterarían el patrón de consumo de los agentes, unos agentes que sufren ilusión monetaria, adentrándonos en un territorio desconocido que nunca antes se había traspasado. Asimismo, podrían ser necesarios controles de capitales habida cuenta de que los individuos comenzarían a atesorar moneda extranjera que no estuviera sujeta a una pérdida de valor de este tipo.

Por otro lado, la creación de una moneda digital pública que sustituya al efectivo podría permitir que la hoja de balance del banco central se volviera más transparente, con su consiguiente mejora en la comunicación de las decisiones de política monetaria, aunque también existe el riesgo de que se descontrole (sobre todo si se comienzan a admitir cuentas de individuos particulares). El BIS  (aquí) agrega que una hoja de balance mucho mayor reduciría el papel del mercado en la fijación de precios, provocando distorsiones y un mal funcionamiento de los mercados de colaterales.

 A su vez, Bordo y Levin (aquí) arguyen que con una CBDC que abone tipo de interés, sería más factible pasar de un objetivo de inflación a un objetivo de nivel de precios o a un objetivo temporal de nivel de precios. Un objetivo de nivel de precios, agregan, es más beneficioso para la estabilidad económica siempre y cuando el marco de política monetaria sea transparente y el compromiso con la estabilidad de precios creíble. 

Finalmente, si todos los individuos tuvieran cuentas en el banco central, se podría llegar a utilizar el helicóptero del dinero de una manera más factible, aunque no está claro que sus efectos sean tan positivos como a priori se piensa (véase aquí o aquí).

 Queda claro, por consiguiente, que la irrupción de las monedas digitales públicas tiene capacidad de alterar para siempre el escenario monetario actual. Como curiosidad, cabe destacar que Suecia ha sido uno de los primeros países que han comenzado a llevar a cabo un proyecto piloto para establecer una moneda digital, la e-krona (aquí). Sus resultados, serán fundamentales para que otras naciones comiencen también a realizar pruebas piloto."                        (David Tercero Lucas, Nada es gratis, 02/03/20)


   Para conseguir la soberanía financiera y, también, como alternativa a la salida del euro... europeseta electrónica para España:

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas:


El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

- Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

No hay comentarios: