"Todos los países afectados por el COVID-19 verán un incremento del gasto sanitario y otras partidas vinculadas a la crisis económica para el presente año.
Nadie se escapa y, por supuesto, Estados Unidos también sufrirá fuertes tensiones que afectarán al déficit público. (...)
Para este año se prevé un déficit público del 15,4%, la cifra más alta de los países desarrollados y su mayor déficit desde la segunda guerra mundial, por lo que empujará la deuda pública/PIB hasta el 131,1% del PIB.
Ese espectacular déficit se justifica porque, en los Estados Unidos,
además de las medidas de salud aprobadas a principios de marzo, la
Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica contra el Coronavirus (CARES
por sus siglas en inglés) incluye un monto sin precedentes de 2
billones de dólares, o casi el 10% del PIB, en medidas
fiscales, de gasto y de apoyo a la liquidez, incluida la asistencia a
los hogares en caso de desempleo pandémico, el aplazamiento del pago de
impuestos sobre la nómina y la protección de los cheques de pago de las
pequeñas y medianas empresas.
Sin embargo, como analizaremos a continuación, y a diferencia de España o Italia, no existe la más mínima duda en que será capaz de financiarse para atender las necesidades presupuestarias.
Esto se debe al privilegio exorbitante -expresión acuñada por el ministro de finanzas francés, Valéry Giscard d'Estaing, en los años sesenta-
que refleja la hegemonía del dólar estadounidense. Esto lo podemos ver
claro con los siguientes datos, según el Fondo Monetario Internacional
(FMI), el dólar es la divisa más popular debido a que representa más del
60% de todas las pisos conocidos por los bancos centrales, alrededor
del 90% del comercio de divisas involucra al dólar estadounidense y
cerca del 40% de la deuda mundial se emite en dólares.
¿Qué significa todo esto? Vista la importancia del dólar a escala global, podemos entender que existe una demanda recurrente alrededor del dólar+,
y ello le lleva a configurarse como patrón mundial. Esa misma demanda
de dólares lleva aparejada la necesidad de obtener una rentabilidad en
dólares.
Y ¿cuál es el activo refugio para rentabilizar los dólares? El bono del Tesoro estadounidense a 10 años, o en general la deuda estadounidense.
Por lo que en el momento de financiar el déficit público que se incrementará este año, no existiría ningún problema si tenemos en cuenta el patrón dólar.
Los inversores en dólares, buscarán el activo refugio en un momento de
incertidumbre: Más demanda de deuda es igual a menores intereses.
De hecho, el privilegio exorbitante que existe alrededor del dólar
permite que la Reserva Federal, en la práctica, pueda imprimir
tranquilamente 100 dólares, intercambiarlos en el mercado fruto de la
demanda existente y todo el mundo deba producir el equivalente a 100 dolares para llevar a cabo la contrapartida de esta transacción.
Es más, la Reserva Federal ha estado detrás estas semanas metiendo
2,6 billones de doláres. Esto se da por un conjunto de programas para
combatir las consecuencias económicas de la pandemia, la Reserva Federal
también amplió sus tenencias de valores del Tesoro de los Estados
Unidos en al menos 500.000 millones de dólares, además de un aumento de
los valores respaldados por hipotecas del gobierno en otros 200.000
millones de dólares, con la esperanza de reducir los costes de las
deudas a largo plazo y reforzar el difícil mercado de la vivienda.
(...) si te llamas "Tío Sam" y la divisa es el dólar, incluso siendo el principal responsable de una crisis global, ese pánico que perjudicó a Grecia benefició a los Estados Unidos con una entrada de dólares en los activos refugios.
Y la consecuencia final es que, a pesar de tener ratios parecidas en lo
relativo a la deuda pública, Grecia fue incapaz de financiarse y
Estados Unidos no tendrá problema alguno en los siguientes años.
Y es que es absurdo cuestionar la capacidad de pago de Estados Unidos, al vivir bajo el patrón dólar. El problema podría llegar en el momento en el que el mundo buscara un mix más equilibrado
entre las divisas globales, dejando demandar dólares en favor de otras
divisas, como por ejemplo el euro, el yen, el franco suizo o bien
diferentes criptomonedas.
Solo en ese punto, con una menor demanda de dólares, veríamos una menor necesidad de rentabilizarlos y por lo tanto, los instrumentos financieros de deuda pública estadounidense perderían la utilidad que ofrecen hoy." (Marc Fortuño, El blog salmón, 24/04/20)
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