27.4.20

El problema central es la anemia de la demanda, que se puede reflejar en una caída de los precios, en una deflación, signo inequívoco de que estaríamos a las puertas de una depresión económica similar a la de 1929. Encarar esto puede hacerse...

"(...) --Pregunta: La crisis económica que ha provocado el parón de la actividad por la pandemia del Covid, ¿puede romper algunos tabús, como el porcentaje de la deuda pública?
--Respuesta: Ya los está rompiendo. Creo que la crisis ha puesto en cuarentena buena parte de la normativa que parecía intocable, como las cifras de deuda sobre PIB o las de déficit público. (...)

Deberemos avanzar siendo conscientes de que las deudas se van a incrementar y los déficits también, que deberán ser sufragados vía deuda. Y que quizás una parte de esa deuda va a ser difícil, por no decir imposible, de pagar. Todo un anatema con el que deberemos convivir, tal y como ha acontecido en el pasado, con condonaciones explícitas de deuda (el caso más elocuente: el de Alemania).


--¿Podemos entrar, por tanto, en un nuevo periodo económico, en el que el énfasis se sitúe en el gasto social y se rompan las reglas marcadas en la Unión Europea?


--El gasto público debería ser una pieza clave en la reconstrucción europea y mundial. Esto lo están reconociendo incluso los economistas liberales más reacios a la intervención de los Estados en la economía. Cuando las cosas pintan tan mal, todos vuelven la vista a los gobiernos que, hasta hace poco tiempo, se consideraban un problema si intervenían mucho. El mercado, nos decían, era la solución. 

Ahora se exige que esos gobiernos lo hagan. Y esa acción se va a tener que concentrar en el gasto social de forma perentoria. La crisis va a provocar un auténtico 'desballestamiento' del mercado laboral, un shock traumático que requerirá enormes transfusiones de dinero para recuperar la capacidad de demanda

 Este va a ser el problema central, a mi juicio y en función de las investigaciones que hemos realizado recientemente: la anemia de la demanda, que se puede reflejar en una caída de los precios, en una deflación, signo inequívoco de que estaríamos a las puertas de una depresión económica similar a la de 1929.

 Encarar esto puede hacerse; tenemos los instrumentos, hay mucho dinero potencial: se trata de voluntades políticas para que el gasto público y, en él, el gasto social, actúen como palancas de crecimiento.

--¿Deberían algunas grandes empresas europeas y españolas repensar sus procesos de producción y relocalizar para reforzar el sector industrial?


--La relocalización va a ser otro de los grandes debates. El virus ha subrayado la gran vulnerabilidad de la globalización. Se habla de reindustrializar, un concepto que ya se manejaba antes del estallido de la crisis vírica.

 (...) creo que no debe ningunearse la economía de servicios: los sectores cuaternario (investigación y conocimiento) y quinario (servicios sociales, sanidad) van a ser determinantes. Todo con una proyección de cambio de modelo productivo. Y, en concreto, una parte del sector quinario (educación infantil, cuidado de las personas mayores, por ejemplo) inferirán la necesidad de un trabajo intensivo, no necesariamente “tecnologizado”. Es decir, trabajo humano en el sentido más estricto del término.

 O sea: generar más industria contando siempre con las experiencias existentes (un sector económico no se improvisa); pero tener muy en cuenta que el sector terciario de la economía, el de los servicios, se está bifurcando en otro cuaternario y quinario que, a mi entender, van a tener una transcendencia grande.  

--España quiere impulsar un fondo de reconstrucción, a partir de los presupuestos de la UE, con deuda perpetua, que el Consejo Europeo parece dispuesto a negociar. ¿Es un camino posible? 


--Totalmente. Hay razones económicas claras para esto. La crisis por el Covid se ha llegado a asimilar a las consecuencias de una guerra. Distribuir su financiación en varias generaciones no es descartable. Esa acción propuesta por el gobierno no engrosaría su endeudamiento (se pagarían sólo los intereses), y lanzaría un mensaje vigoroso a los mercados, en línea muy parecida a la que emitió Draghi en 2012: hacer lo que sea necesario para salvar la economía europea y el euro. 

Otro elemento es que los Estados miembros deberían emitir conjuntamente una gran cantidad de eurobonos Covid de vencimiento muy largo (una deuda perpetua de la que también tenemos ejemplos en la historia económica europea desde 1720) manteniendo su capacidad impositiva conjunta. Con el apoyo del BCE, las tasas de interés pueden ser muy bajas. El vencimiento muy largo de esta deuda adicional implica que no surgiría el riesgo de una crisis de financiación de la deuda existente de los países altamente endeudados. En paralelo, la inflación no es una amenaza actual.

 El peligro, como decía antes, es la deflación. Además, debe tenerse en cuenta que el desarrollo de este acuerdo financiero no obstaculizaría la independencia del BCE si, caso difícil, se produjeran riesgos de inflación en el futuro (el gran miedo de los alemanes). El BCE seguiría siendo libre de reducir el tamaño de su balance si fuera necesario.


--A medio plazo, en cualquier caso, ¿el futuro de Europa pasa por la mutualización de la deuda?


--La propuesta de España, que ha sido ya elogiada por palestras como The Financial Times (que ve claramente las orejas al lobo de la depresión) y que no ha sido mal recibida en Alemania, iría en una dirección parecida, sin recurrir a ese vocablo que provoca sarpullidos en la Europa del norte: los eurobonos. Creo que se va a tener que llegar a alguna forma de mutualización de la deuda si queremos salir de este atolladero: los países ricos y los menos ricos de Europa, lo quieran o no, están anudados por relaciones económicas que les comprometen.

--¿Se puede entender la posición de países como Holanda o Alemania que no desean los eurobonos?


--Puede entenderse si uno ejercita una empatía hacia ellos que ellos no ejercen hacia los países del sur. Porque cuando uno ve los números de Alemania y Holanda, con peso determinante de las exportaciones en el primero y situación de paraíso fiscal en el segundo (por explicitar, igual que ellos hacen, una característica de su compleja realidad económica y social), se da cuenta de que mantener este luteranismo económico no conduce a ningún lado.

 ¿A dónde exportará sus coches Alemania? ¿Seguirá con China, con Estados Unidos…o deberá centrar mayores esfuerzos en Europa? Recuperar los países que lo están pasando peor es el cometido de los líderes económicos, como demuestran los estudios de caso en la historia económica desde 1930. Y no estrictamente por una solidaridad humanista; no somos tan ingenuos: por una necesidad económica de los países ricos.

--¿Ayuda a España que se pueda pensar y diseñar una renta básica de carácter estructural y al mismo tiempo trabajar para lograr ese fondo de ‘construcción’ que podría alcanzar 1,5 billones de euros?

--Creo que sí. Mire: la situación es inédita en muchos de los escenarios que estamos viviendo: el sanitario, el financiero, la política económica.  (...)

Trabajar con herramientas que contribuyan a ayudar a la población, como una renta básica, es un modelo que hasta hace poco sólo algunos economistas heterodoxos defendíamos. Ahora, hasta Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, no lo ve tan negativo. Está cambiando la noosfera, la manera de pensar económicamente. 

El dilema es si esta visión alternativa se quedará cuando llegue la recuperación. Y, por supuesto, un fondo de reconstrucción sería determinante para conseguir mejoras en las inversiones en áreas determinadas: Green new deal, turismo, biotecnología, etc. (...)

--¿Los reproches a España o Italia por no tener unas cuentas públicas más saneadas se pueden justificar?


--Esta es la perspectiva luterana-calvinista que comentaba antes: la idea tópica de que en el sur se despilfarra el dinero, esa fábula de la hormiga y la cigarra que tantas veces hemos escuchado. Deberíamos preguntar al sistema financiero alemán si asume sus responsabilidades, por ejemplo, en la crisis griega de hace unos años; y si ha establecido mecanismos más férreos de control a partir de 2012. Pero que veamos datos, respuestas solventes, serias.

 Persistir en la acusación de despilfarro me parece injusto: tanto en España como en Italia (sobre todo en España), el gasto público sobre PIB es inferior a la media comunitaria, igual que el gasto social. El número de funcionarios se encuentra por debajo del de países ricos de Europa. Arrinconemos tópicos, en una dirección y otra, y trabajemos por una salida comunitaria, ya que el origen de la crisis es simétrico.  (...)"

(Entrevista a  Carles Manera, catedrático de Economía de la UIB y Presidente del Consejo Económico y Social de Baleares, Manel Manchón, Crónica Global, 26/04/20)

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