"(...) El neoliberalismo mata
Repito, la evidencia de que los países en el Atlántico Norte que han
sufrido más debido a la pandemia son aquellos que han aplicado con mayor
severidad las políticas de austeridad, así como reformas laborales
regresivas, tales como los tres citados
La respuesta de dichos países a la pandemia ha sido intentar
cubrir las enormes deficiencias de sus sistema público sanitario a base
de comprar material para curar a los enfermos y para proteger a los
profesionales del sector, pues es en estos países donde hay mayor
demanda para que se obtengan dichos materiales, pero esta
alternativa está resultando ser, como era previsible, insuficiente,
incluso para alcanzar los objetivos limitados definidos por sus
gobiernos, importantes (como conseguir mascarillas para todos los
profesionales y trabajadores de los sectores esenciales), pero, repito,
insuficientes, pues la medida correcta sería conseguir mascarillas para toda la población.
La OMS, por fin, ha admitido que los países que han tenido más éxito
para controlar la pandemia han sido aquellos, como Corea del Sur, donde
las mascarillas fueron utilizadas por toda la población (así como los
guantes) a fin de protegerse del contagio.
Es urgente cambiar el tipo de producción económica en el país
La primera respuesta de estos países a tales déficits ha sido, pues,
intentar resolver la demanda por la vía mercantil, es decir, comprar los
materiales en el mercado internacional, donde estamos viendo que hay
una gran saturación provocada por una carencia global de tales
productos, motivo por el cual sus precios se han disparado, alcanzando
cifras astronómicas.
Y como un signo del deterioro de tal
mercado, se han establecido malas prácticas de todo tipo, incluyendo la
devolución masiva de productos defectuosos ya adquiridos, tales como
mascarillas (hecho que ha ocurrido con autoridades públicas en EEUU,
España, Italia, Países Bajos y otros países importadores de dichos
productos), provenientes en su mayoría de fábricas (muchas de
ellas, ilegales) en China.
Y, para complicar más las cosas, dentro de
los mismos países importadores, varias autoridades a distintos
niveles (sean CCAA en España, regiones en Italia o Estados en EEUU) han
estado compitiendo entre ellas para conseguir cuanto antes estos
materiales tan necesarios, competición que ha ido en contra de los
intereses de los compradores y a favor de los intereses de los
proveedores.
La enorme insuficiencia de este mecanismo mercantil está
creando una protesta popular muy extendida, exigiendo a los Estados que
cambien sus prioridades y resuelvan esta escasez de otras maneras. Ello
explica la creciente presión para que haya una transformación profunda
del sistema productivo industrial, dando prioridad al bien común sobre
cualquier otra consideración, exigencia que puede tener un impacto
enorme en el orden político y económico de estos países.
Existe ya una
creciente demanda popular (que se refleja en el aplauso diario de las 8
de la tarde en honor de los profesionales y trabajadores sanitarios de
todos estos países –EEUU, España e Italia– que están arriesgando sus
vidas para salvar las vidas de los enfermos de coronavirus) para exigir a
las autoridades públicas que antepongan el bien común a todo lo demás,
haciendo lo posible e imposible para obtener tales materiales.
Así,
estamos viendo ya cómo en Italia, bajo la presión popular, hay cambios
en las políticas públicas exigiendo, por ejemplo, a industrias textiles
del país que sustituyan la fabricación de vestidos de alta costura
(destinados a la población de renta superior) por la producción de
mascarillas, batas y otras prendas
que se necesitan urgentemente entre los trabajadores y profesionales de
la sanidad y de los servicios sociales, así como de otros servicios
esenciales.
Y en EEUU, bajo los poderes del Estado federal, la industria automovilística (y, muy en especial, General Motors) está
sustituyendo la producción de coches por la producción de ventiladores,
que pueden significar la diferencia entre la vida o la muerte para los
enfermos graves de coronavirus en aquel país.
Ha sido la presión popular canalizada entre otros por el gobernador
del Estado de Nueva York (el estado con más afectados de EEUU), Andrew
Cuomo, lo que ha forzado al presidente Trump a utilizar la Ley de Alarma
General para forzar a la industria manufacturera, incluyendo la
automovilística, a producir dichos respiradores.
El presidente
Trump, representante de la ultraderecha neoliberal y el más acérrimo
enemigo del Estado federal, se ha visto forzado a tomar esas decisiones
debido, como digo, a la presión popular, unas medidas a las que se había
opuesto en un principio argumentando, predeciblemente, que dicha
intervención estatal transformaría EEUU en un país como Cuba o Venezuela,
argumentos que se volvieron en su contra cuando el gobernador de Nueva
York le respondió que el tema a discutir no era "intervención del estado
federal sí o no", sino el "objetivo de tal intervención", pues
EEUU es el país con mayor intervención federal en el desarrollo
económico del país, intervención que se realiza a través del enorme
gasto militar, incrementado todavía más por el presidente Trump,
el cual ha utilizado la máxima ley de alarma en múltiples ocasiones
para forzar al sector industrial a que produzca primordialmente para
responder a las necesidades del establishment militar.
Con el argumento
de que el gobierno federal no debía intervenir para forzar al sector
industrial a producir productos que prevendrían la muerte de ciudadanos,
Trump mostraba de una manera clara su visión de lo que más le
importa. Como lo acusó Cuomo, prefería más proteger los intereses del
establishment militar y las grandes empresas de defensa que los
intereses de la ciudadanía.
La creciente popularidad de un
movimiento social que se está expandiendo rápidamente en el país ha
forzado a Trump a cambiar su estrategia, favoreciendo el
intervencionismo federal en el sector industrial con finalidades
sociales. Sería deseable que algo semejante ocurriera en España.
La importancia del bien común sobre el particular
Todos estos hechos muestran cómo, gracias a la presión
popular, los Estados están tomando mayor protagonismo, interviniendo
activamente en la reconversión industrial, anteponiendo el bien común a
cualquier interés particular minoritario. Esta petición se está
extendiendo a otros sectores, expresando un gran hartazgo popular contra
las políticas neoliberales y los intereses económicos y financieros que
las han promovido, y también contra los economistas a su servicio y su
excesiva influencia sobre el Estado y sobre los medios de información y
comunicación.
Es por esta razón que el intento, en España, de aprovechar el enorme sufrimiento ciudadano para intentar desgastar al gobierno de coalición de izquierdas que están haciendo los partidos conservadores (como el PP en España) o neoliberales (como Vox, Ciudadanos o JxCat), presentándose como los grandes defensores de la ciudadanía frente al gobierno, acusándolo de incompetente, es de un cinismo extremo, pues fueron ellos –y sus políticas de austeridad- los que causaron la indefensión de la población, debilitando los servicios públicos.
La rebaja de impuestos a las rentas superiores, la privatización de los servicios públicos y los recortes del gasto público sanitario y social son los que causaron el exceso de mortalidad (mucho mayor que en otros países). Estos partidos políticos han sido responsables de la situación extrema a la que se ha llegado en este país.
Es por esta razón que el intento, en España, de aprovechar el enorme sufrimiento ciudadano para intentar desgastar al gobierno de coalición de izquierdas que están haciendo los partidos conservadores (como el PP en España) o neoliberales (como Vox, Ciudadanos o JxCat), presentándose como los grandes defensores de la ciudadanía frente al gobierno, acusándolo de incompetente, es de un cinismo extremo, pues fueron ellos –y sus políticas de austeridad- los que causaron la indefensión de la población, debilitando los servicios públicos.
La rebaja de impuestos a las rentas superiores, la privatización de los servicios públicos y los recortes del gasto público sanitario y social son los que causaron el exceso de mortalidad (mucho mayor que en otros países). Estos partidos políticos han sido responsables de la situación extrema a la que se ha llegado en este país.
El gobierno de coalición ha abierto un nuevo capítulo de
esperanza. Pero se requieren pasos más radicales, pues la tragedia es
enorme. Y es ahí donde se debería redefinir la relación entre lo público
y lo privado para priorizar lo primero sobre lo segundo, a fin de
conseguir el bien común por encima de cualquier otra consideración.
El
gobierno de coalición ha estado tomando medidas de gran importancia, que
se irán extendiendo como resultado de la presión popular, que siempre
verá lo público y no lo privado como la mejor garantía para su salud,
calidad de vida y bienestar. El orden económico actual, que prioriza lo
privado sobre lo público, ha perdido toda la credibilidad, pues comparte
la responsabilidad de que haya una mortalidad tan alta en este país.
Así de claro."
(Vicenç Navarro, Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat
Pompeu Fabra; y Director del Hopkins- UPF Public Policy Center, Público, 03/04/20)
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