"La Reserva Federal de Estados Unidos anunció ayer el plan más
agresivo de estímulo financiero desde 2008, cuando comenzó la Gran
Recesión.
Por un lado, ha puesto los tipos de interés a cero y, por otro,
realizará compras de activos en las bolsas por valor de 700.000 millones
de dólares.
¿Para qué servirá esto y para qué no?
La nueva bajada de tipos de interés no aporta casi nada.
Teóricamente, persigue que la financiación sea más barata para las
empresas y hogares y que así no se derrumbe el gasto en consumo e
inversión.
Pero en las actuales circunstancias, y con los tipos ya por los suelos, será una medida bastante inútil. (...)
Y, en todo caso, hay que tener en cuenta que los tipos a cero son los
de referencia, los que aplique la Reserva Federal a sus operaciones con
la banca privada. Pero esta última luego presta a los tipos de mercado
que son bastante más elevados. Sobre todo, los de operaciones que
dirigidas a las empresas y hogares en mayores dificultades y, por tanto,
con más riesgo de provocar fallidos.
Poner a cero los tipos de referencia en medio de una emergencia
sanitaria y cuando no se tiene seguridad de que los bancos trasladen la
mayor liquidez a la economía productiva, sino a mejorar su balance, es
como tratar de empujar con una cuerda o tratar de salir uno mismo de un
hoyo tirándose de los pelos. Es imposible.
Por otro lado, gastarse 700.000 millones de dólares en comprar
activos sí va a tener efectos inmediatos y muy claros: salvar el
patrimonio de los grandes poseedores de acciones y bonos, es decir de
las grandes empresas y de las personas más ricas del planeta. (...)
En los últimos años, las grandes empresas han obtenido beneficios
extraordinarios que han dedicado en buena parte a comprarse sus propias
acciones o activos financieros de todo tipo, y los bancos centrales han
ido comprando títulos sin parar. Los algoritmos que dominan casi el 70%
de las operaciones de compra y venta y que están programados solo para
lograr ganancias especulativas han hecho el resto.
Y la consecuencia de
todo eso ha sido que las cotizaciones se hayan disparado. Cuando las
cosas han empezado a cambiar y las burbujas se desinflaban, el pánico
hizo de las suyas y los inversores han reclamado que la Reserva Federal
intervenga para evitar el derrumbe.
Mi previsión es que esta intervención y las que seguirán van a
producir efectivamente una recuperación de las bolsas. Incluso es
posible que una nueva onda súper alcista. Pero si en el futuro inmediato
reaparecieran nuevas chispas de inestabilidad (¿alguien se atreve a
descartar algo así?), el remedio será peor que la enfermedad y se
produciría un cataclismo histórico. (...)
Para evitar el desplome de las economías se necesita poner
selectivamente el dinero en los bolsillos de la gente afectada y en la
caja de las empresas, y recuperar el flujo en los procesos económicos
básicos, en la producción, la distribución y el consumo. Y eso ni lo van
a hacer bancos que lógicamente buscan su propia rentabilidad, ni los
grandes inversores que van a recuperar su riqueza cuando le compren sus
activos depreciados.
Hace faltan ayudas directas, hace falta una banca pública que se
encargue de proporcionar esa financiación extraordinaria en situaciones
de emergencia y un estímulo fiscal y productivo gigantesco, de la misma
proporción del desastre que se avecina.
La Reserva Federal lo ha dejado claro, como ya pasó en la Gran Recesión: la bolsa es antes que la vida y los ricos van primero.
Lleva razón el presidente Trump cuando, después de anunciarse estas
medidas, dijo que «Los mercados deben estar muy contentos». Los mercados
sí, la gente normal y corriente no. (...)" (Juan Torres López, Ganas de escribir, 17/03/20)
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