"La crisis sanitaria está muy lejos de resolverse. El
sistema capitalista y las políticas neoliberales tuvieron un papel
fundamental en todas las fases. Será muy útil realizar un primer balance
de cada etapa de estos últimos meses. (...)
Al origen de este virus, está la transformación desenfrenada de
relaciones entre la especie humana y la Naturaleza que reforzó a
ultranza la explotación de la misma y la explotación de los seres
humanos por la clase capitalista. La crisis sanitaria tiene relación con
la crisis ecológica. La transmisión de un virus proveniente de animales
salvajes hacia la especie humana se debe volver a poner en este
contexto. Las enfermedades provocadas durante los últimos 20 años por
varios virus de este tipo habían ya alertado de la gravedad de la
situación. (...)
El virus se ha extendido de un continente a otro debido a la
circulación desmesurada de personas y de bienes alrededor del planeta,
que va en paralelo con un desarrollo totalmente exagerado del transporte
aéreo en el marco de la mundialización capitalista. Las compañías
aéreas, justo hasta la víspera del confinamiento en varios países y del
cierre de las fronteras en muchos Estados, se habían lanzado a una
tremenda competencia para ganar partes de mercado y abrir nuevas rutas.
Tomar conciencia de que los sistemas de salud
pública estuvieron maltratados durante los cuarenta años de ofensivas
neoliberales, y ya no son capaces de responder como sería necesario a la
expansión del virus.
Tomar conciencia de que, si el virus puede atacar a
cualquier individuo, la pertenencia del mismo a las clases populares lo
vuelve mucho más vulnerable que si perteneciera a la clase capitalista.
Los seres humanos se ven afectados en forma diferente según su
pertenencia a una clase social, según su sexo y orientación sexual,
según el país de residencia, según edad, según casta (en Asia del Sur) y
según otros factores. Las diferentes formas de opresión y de
explotación se agravarán en una serie de casos.
La crisis sanitaria agrava de manera muy importante y brutal la crisis económica que ya había comenzado bastante antes (www.cadtm.org/No-el-coronavirus-no-es-responsable-de-las-caidas-en-las-bolsas). Esta crisis es la más grave de todas las que tuvieron lugar durante los últimos setenta años. Cientos de millones de personas pierden súbitamente su sustento y caen en el desempleo.
A pesar de la caída de los valores bursátiles y el paro de
una gran parte del aparato productivo a escala internacional, el 1 % más
rico continúa beneficiándose de la situación http://www.cadtm.org/Para-afrontar-esta-crisis-multidimensional-hay-que-expropiar-a-los-banqueros-y
La crisis económica internacional provoca una caída brutal de los
precios de las materias primas. Esto afecta directamente a los países
que continúan siendo dependientes de sus exportaciones para procurarse
los ingresos necesarios destinados a la financiación/reembolso de sus
deudas. La actividad económica baja súbita y fuertemente. Los países del
Sur son víctimas de las decisiones de las grandes empresas y de los
fondos de inversión del Norte: retiran sus capitales para repatriarlos
hacia la casa matriz.
Consecuentemente, ya comenzó una nueva crisis de la deuda
de los países del Sur global y en particular de los países exportadores
de materias primas. Los movimientos sociales del Sur hacen un
llamamiento a la suspensión y a la anulación de las deudas públicas:
http://www.cadtm.org/Llamamiento-de-los-pueblos-originarios-afrodescendientes-y-las-organizaciones y http://www.cadtm.org/Anulacion-de-la-deuda-publica-de-los-paises-africanos-para-que-puedan-hacer
Hasta que se demuestre lo contrario, las clases dominantes y los
gobiernos de los países afectados por la caída de los precios de las
materias primas desean evitar la suspensión del pago de la deuda
pública. Solicitan la anulación de la deuda pero no proceden a una
suspensión unilateral del pago, mientras que las circunstancias
dramáticas justifican perfectamente el impago de la deuda con el fin de
encontrar recursos económicos inmediatos para hacer frente a la crisis
sanitaria y a la crisis económica. Los anuncios de anulación de deuda
del presidente francés Emmanuel Macron, del FMI; del Banco Mundial, del G7, del G20
y del Club de París son realmente fraudes. Hasta ahora, no hubo ninguna
auténtica anulación de deudas, ya que los acreedores quieren mantener
la subordinación de los países deudores.
Realmente, no faltan argumentos para una suspensión del pago de la deuda https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/eric-toussaint-combatir-covid-19-por-que-como-suspender-el-pago-deuda-externa
Los gobiernos, los bancos centrales de las grandes potencias, el FMI y
el Banco Mundial lanzaron un plan masivo de creación de nuevas deudas
públicas con el objetivo de rescatar el sistema que está por zozobrar.
Bajo el pretexto de ir en ayuda de la economía y del empleo, los bancos
centrales y los gobiernos aportan cantidades enormes de financiación a
las grandes empresas privadas (en conjunto, a todos los sectores:
finanzas, industria, comercio…) y a sus grandes accionistas. Esas
financiaciones generan, de forma inmediata, nuevas deudas públicas. http://www.cadtm.org/Nunca-mas-pagaremos-sus-crisis
Los planes de rescate puestos en marcha por los grandes bancos
centrales y los gobiernos canalizan hacia los grandes bancos privados
los nuevos medios financieros que acaban de crear. Pero los grandes
bancos privados no están interesados en utilizar masivamente esta fuente
financiera para relanzar la actividad económica o para combatir la
crisis sanitaria y ecológica. En realidad, los planes de rescate sirven,
en lo inmediato, para proteger los intereses de los grandes accionistas
de las grandes empresas, sin embargo, no impedirán que algunas burbujas
especulativas estallen (especialmente en el sector de los títulos de
las deudas privadas y en particular aquellas de las empresas privadas) y
se crearán otras.
Las clases dominantes tienen bien en cuenta el enorme aumento de las
deudas públicas para imponer una nueva ofensiva contra los derechos de
los trabajadores y las trabajadoras, contra los bienes comunes, contra los servicios públicos… Piensan en utilizar de nuevo la estrategia del shock.
Desde ahora, muchos gobiernos consiguen que se les conceda plenos
poderes sobre algunas materias, que van mucho más allá de la crisis
sanitaria, y sus jefes de seguridad sueñan con extender en el tiempo las
medidas de control social. (...)
Una gran parte de la población, que ya expresaba muy claramente su
simpatía por las luchas del personal de la salud, antes de la epidemia
del coronavirus, ahora, totalmente conscientes de la importancia de la acción que el personal de sanidad lleva a cabo para todos y todas, saben que nunca fueron realmente escuchados por los gobiernos.
Actualmente, será extremadamente difícil que estos gobernantes
defiendan la idea que no es necesario invertir masivamente en la salud
pública. La gente está comprendiendo que su supervivencia está en juego.
Comprenderán que, si se pasa el pico de la pandemia sin efectos
hiperdramáticos (ya son catastróficos), se puede esperar que vuelva este
tipo de enfermedad. (...)
No hay que olvidar que hace tres meses, la urgencia era climática.
Pero se nos fue de la cabeza debido al bombardeo total sobre el
coronavirus, y también se deja de hablar de otros problemas a los que el
planeta está confrontado. No queremos volver a la situación precedente
porque fue esa misma situación la que produjo las condiciones de la
extensión de la pandemia: los desplazamientos demenciales en avión, que
hicieron que, a partir de un solo foco en una parte de China, el
coronavirus se extendió por todo el planeta. Todo para el automóvil que
produjo la escasez y la degradación de los transportes públicos. El
agrobusiness que produce comida basura. La infrainversión en la salud
pública. Se impone un cambio fundamental.
Las nacionalizaciones, tales como lo sueñan algunos miembros del
gobierno y de la patronal, que ven que sus empresas van mal,
constituiría en recomprar a precio de oro sus acciones. Es decir, el
Estado recompra a los grandes accionistas, incluso por encima de su
valor actual, acciones que se desplomaron en la Bolsa. Y, encima, pone
la factura de la indemnización de los accionistas a cargo del Tesoro
público, o sea, a cargo del pueblo que lo alimenta con los impuestos y
las tasas.
Desde nuestro punto de vista, queremos hablar de expropiación sin
indemnización de los grandes accionistas, aunque sin privar a los
pequeños accionistas el reembolso de sus acciones. Esos pequeños
accionistas representan un porcentaje muy minoritario en las empresas,
porque no hay capitalismo popular ni en Europa, ni en las Américas, ni
en Asia, ni en África. La inmensa mayoría de la población no posee
acciones. Las acciones de las grandes empresas pertenecen a grandes
familias y a grandes fondos de inversión privados, A esos no los
indemnizaremos, sino que se les expropiará simple y llanamente. (...)
Suspender inmediatamente el pago de la deuda pública y anular/repudiar la parte ilegítima
La urgencia no es rescatar a los grandes accionistas de los bancos y
de las grandes empresas privadas; la urgencia es dar una respuesta a las
necesidades de financiación del sector de la salud y a las necesidades
de protección a todas las personas que ahora no tienen una vivienda, ni
acceso al agua potable, a la electricidad, a la alimentación o a unos
ingresos que les permitieran procurarse esos bienes.
Para responder a esas necesidades y liberar los fondos necesarios, el
CADTM exige una moratoria en el pago de la deuda pública, pero también
una moratoria para las deudas privadas del sector popular, Además se
tendría que poner en marcha un impuesto de crisis sobre las grandes
empresas y sobre el 10 % de los patrimonios más ricos, así como sobre
los ingresos del decil más rico.
La suspensión inmediata del pago de las deudas públicas debe ir unida
a una auditoría con participación ciudadana con el fin de identificar
la parte ilegítima y anularla.
La moratoria de las deudas privadas de los sectores populares
concierne tanto al Sur como al Norte. En el Sur, tendremos la suspensión
de las deudas ligadas a los microcréditos o al consumo así como a otras
deudas. En el Norte pasa lo mismo, la suspensión del pago de las deudas
privadas debe corresponder a todo tipo de deudas: hipotecarias,
estudiantiles, por gastos de salud, de consumo, etc. Algunas de estas
deudas deben ser pura y simplemente anuladas, y eso a costa de los
prestamistas (principalmente los bancos) y de ninguna manera, a expensas
del Tesoro público. (...)" (Eric Toussaint, CADTM, 20/04/20)
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