"(...) La COVID‑19 es nueva, pero los coronavirus no lo son; sin embargo, la
investigación de estos virus ha sido a menudo insuficiente, en
particular por falta de financiación adecuada.
En 2016, un equipo de
científicos en Texas desarrolló
una posible vacuna para otro coronavirus letal, el del síndrome
respiratorio agudo grave (SARS), pero no pudo conseguir fondos para
iniciar ensayos clínicos en humanos.Si esa investigación hubiera
continuado antes del brote de COVID‑19, el mundo al menos hubiera
comenzado con ventaja la búsqueda de una vacuna.
Pero las empresas
privadas tenían pocos incentivos para desarrollar una vacuna o cura para
enfermedades como el SARS o el síndrome respiratorio de Medio Oriente
(también causado por un coronavirus): en 2016 ya había pasado más de un
decenio desde el final de la epidemia de SARS, y la cifra de
contagiados por MERS había sido relativamente escasa (menos de 2500
personas desde la aparición de la enfermedad en 2012). Esta falta de
inversión en la protección contra una posible amenaza futura fue un
claro fallo del mercado.
Incluso hoy, mientras científicos de todo el mundo trabajan para acelerar
el desarrollo de una vacuna para la COVID‑19, se están perdiendo muchas
oportunidades por culpa de fallos del mercado. En primer lugar, se
necesita más involucramiento de una variedad de grandes empresas en
industrias que no sean sólo la farmacéutica.
En particular, las empresas tecnológicas deberían estar empleando tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial
y la computación en la nube, además de sus ejércitos de científicos de
datos, para aliviar cuellos de botella y guiar la investigación
científica.
Por ejemplo, la IA puede sugerir elementos en la composición
de una vacuna, sobre la base del conocimiento disponible acerca de las
estructuras proteínicas de los virus, y ayudar a los investigadores
médicos a extraer
automáticamente información de artículos de investigación pertinentes y
analizar datos no procesados.
Aunque hasta cierto punto ya se está
haciendo, hay que amplificar los esfuerzos y mejorar la coordinación
para evitar la redundancia.De hecho, se necesita una mejor coordinación
de todas las iniciativas (empresariales, científicas y oficiales) para
combinar los recursos públicos y los privados en pos de un objetivo
compartido.
Para ello, los gobiernos deben implementar políticas industriales adecuadas
y crear grupos de trabajo nacionales, tal vez encabezados por los
institutos de salud pública, con el objetivo de facilitar la búsqueda de
vacunas y terapias, incluido en esto asegurar la provisión de la
financiación necesaria.
A continuación, esas iniciativas nacionales
podrán ponerse bajo la coordinación de un único grupo de tareas global
dirigido por la Organización Mundial de la Salud y otras instituciones
internacionales. En esto también es clave una provisión adecuada de
financiación, lo mismo que fomentar un uso compartido del conocimiento y
la información entre todos los actores pertinentes, desde universidades
e institutos de investigación hasta corporaciones y gobiernos.
Además
de acelerar el avance hacia una cura o vacuna para la COVID‑19, un
esfuerzo de investigación y desarrollo concentrado de esa naturaleza
puede crear valiosas innovaciones colaterales.Como dijo
el famoso economista del desarrollo Albert Hirschman: «La creatividad
siempre llega sorpresivamente; por eso nunca podemos contar con ella y
no nos atrevemos a creer en ella hasta que ocurre».
Pero aunque la
creatividad no esté asegurada, podemos crearle condiciones mediante una
optimización de los recursos, las herramientas y el ingenio y la
eliminación de ineficiencias. En este sentido, la pandemia de COVID‑19
ofrece al mundo una oportunidad de cultivar un nuevo modelo de
innovación adecuado a una era en la que los desafíos más grandes son
compartidos." (
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