"En el aula PMAR —las siglas de Programas de Mejora del Aprendizaje y del Rendimiento— de Cruz Díez, profesora de secundaria en un instituto público de Fuenlabrada, la mitad de los alumnos no acceden a sus clases virtuales. También fallan, aunque menos, algunos alumnos de sus otros grupos.
“Algunos no se conectan porque no tienen los medios y hay otros que necesitan el tirón de los profesores… Estos son los que más me preocupan porque a los que no tienen recursos y son alumnos motivados los podremos recuperar, pero hay chicos que necesitan tener al profe”, explica.
Además, le consta que entre sus alumnos hay algunos enfermos con coronavirus, y también algunos cuyos familiares han enfermado. “La gente que se está muriendo no son entes abstractos”, asegura esta profesora (...)
El pasado 9 de marzo, la Comunidad de Madrid decretó el cierre de guarderías, colegios y universidades en toda la región para evitar la propagación del coronavirus. La medida sería de aplicación a partir del miércoles 11 de marzo y tendría una duración de al menos 15 días. Al día siguiente, el profesorado de la Comunidad de Madrid acudió a sus centros de trabajo sin más información que la que habían dado los medios.
“Me enteré el lunes por la tarde como todo el mundo y el martes teníamos que organizarnos y además dar clase como un día normal, porque a primera hora no teníamos ninguna indicación”, dice Ramón Martínez. Este profesor de Lengua y Literatura trabaja en un instituto en Villanueva de La Cañada y recuerda el papel que le tocó hacer ese día: “Tú en clase eres el adulto que está ante 30 chavales, en mi caso era un 1º de la ESO, y tu obligación es dar la imagen de tranquilidad”.
Martínez cree que, pese a la premura, el profesorado reaccionó rápido y “de un día para otro cambiamos el sistema de enseñanza”. No se trata solo, aclara, de hacer lo mismo ante una webcam: hay que organizar las aulas virtuales, adaptar los materiales de una enseñanza presencial para que sean efectivos en un sistema a distancia, encontrar las herramientas para hacerlo y aprender a manejarlas… El reto ha sido grande y, según Martínez, “ha salido bien”.
Cuando se cerraron los centros el 11 de marzo, dice Cruz Díez, el profesorado no recibió ninguna pauta. “Entiendo la parte en la que la administración tiene que adaptarse, pero podían haber permitido parar unos días mientras los alumnos se llevaban trabajo para casa en papel para poder organizarnos”, explica.
Las pautas y la formación para poder trabajar de forma virtual con Educamadrid se dieron a posteriori. Dos días después del cierre de los centros, la consejería de Educación puso a disposición del profesorado algunas formaciones en su plataforma, en un momento en el que Educamadrid estaba colapsada por el elevado nivel de tráfico según coinciden varios profesores.
“Hay profes que dan clases por directos de Instagram, por Youtube, Skype, Google Classrooms, Colaborate… cada uno está donde puede porque se ha buscado la vida”, explica Cruz Díez, que utiliza Google Classrooms para dar unas clases en un horario de trabajo similar a su jornada precoronavirus.
Las jornadas, en cambio, se han ampliado. “El horario de un profesor siempre es de más horas de las que debería, pero ahora además mi horario se ha extendido: me preguntan de sol a sol y mientras que en clase respondes una pregunta y se entera todo el grupo, ahora son 33 preguntas que responder en 33 correos”, dice Martínez (...)
“Se pretende que el curso siga con normalidad cuando no hay normalidad posible”, dice esta profesora que cada día trabaja con “adolescentes que han perdido sus certezas, su referencias, sus hábitos, y que tienen familiares enfermos muriéndose”.
López pide una reflexión sobre para qué está el profesorado y si su cometido es transmitir una serie de contenidos establecidos en el curriculum sin mirar más allá. En su centro, explica, se ha dado el caso de una alumna a la que han tratado de localizar repetidamente tras detectar que no se conectaba a las clases hasta que la familia les ha informado del motivo: el abuelo de la menor acaba de fallecer con covid19.
“Se antepone lo académico a los emocional, a lo personal, al cuidado del alumnado, que es mucho más que un ser al que hay que dar el programa sí o sí”, explica. “Perseguir a una alumna para que entregue los deberes de ortografía cuando se acaba de morir tu abuelo, me parece cruel”, apostilla. (...)
Tras más de dos semanas en esta situación, profesores y alumnos han ido encajando las piezas de una educación a distancia que se ha tenido que improvisar de un día para otro, pero sin un cambio de enfoque desde las administraciones educativas. “Yo no digo que no trabajemos, pero si me dices que lo que vamos a hacer no se va a evaluar yo puedo hacer otro tipo de actividades: repaso, trabajar temas transversales… Es bueno que tengan ese contacto pero se les está sometiendo a un estrés innecesario”, dice Cruz Díez, que se pregunta si es posible impartir “teleprimaria”, donde el alumnado es más pequeño y en algunos cursos apenas sabe leer.
Para Ramón Martínez, en este rompecabezas han sido también esenciales los padres y madres de los alumnos que están haciendo triple jornada entre trabajo, casa y educar a sus hijos, dice. “Profes, padres y alumnado somos pequeño héroes a los que no nos aplaude nadie”. (Patricia Reguero, El Salto, 29/03/20)
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