"(...) El derrumbe inmediato de la producción global que ya está en curso
parece destinado a ser comparable o superior a cualquier recesión de los
últimos 150 años.
Incluso con los decididos esfuerzos de bancos centrales y autoridades
fiscales para suavizar el golpe, los mercados de activos en las
economías avanzadas se derrumbaron, y los capitales huyen de los
mercados emergentes a una velocidad pasmosa.
Nada podrá evitar una
profunda desaceleración económica y una crisis financiera. La pregunta
clave ahora es cuáles serán la gravedad y duración de la recesión.Mientras
no se sepa cuán rápida y completa será la solución del desafío
sanitario, es casi imposible para los economistas predecir cómo
terminará esta crisis. (...)
Al fin y al cabo, el mundo está experimentando algo similar a una
invasión extraterrestre. Sabemos que la determinación y la creatividad
de la humanidad triunfarán. ¿Pero a qué costo?(...)
Por ahora, los mercados parecen hallar alivio en los inmensos programas
de estímulo en Estados Unidos, absolutamente necesarios para proteger a
los trabajadores y evitar un derrumbe del mercado. Pero ya es evidente
que se necesita mucho más.Si esto fuera un pánico financiero común y
corriente, una inyección masiva de estímulo fiscal a la demanda
resolvería muchos problemas. Pero el mundo está experimentando la
pandemia más grave desde el brote de gripe de 1918‑20. (...)
E incluso después de un reinicio de la actividad económica, el daño a
las empresas y a los mercados de deuda tendrá efectos duraderos,
especialmente si se tiene en cuenta que antes del inicio de la crisis el
nivel global de endeudamiento ya estaba en niveles récord. (...)" (Kenneth Rogoff, Project Syndicate, 07/04/20)
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