23.4.20

Rosa Cullel: Déjennos guardar el luto en paz... Desde que el Ejército inició la desinfección de los geriátricos que nadie quería o podía limpiar, comenzó el juego del “yo soy mejor”... Durante el confinamiento, esas residencias y los escasos centros públicos han sumado 2.000 fallecimientos. La responsabilidad no es de Madrid... guarden respeto. señores políticos, por lo menos mientras enterramos a nuestros muertos, mantengan la decencia

"Llevo semanas dando pésames por teléfono o Whatsapp a gente a la que me hubiera gustado abrazar; a los amigos que no pudieron estar junto a sus padres mientras estos morían y que han tenido que enterrarlos o incinerarlos a toda prisa. 

Sin funeral, sin música preferida, sin flores. Más de 20.000 españoles han muerto ya a causa del virus. Muchos de nuestros mayores han fallecido en residencias y ha sido imposible despedirlos como merecían. Los ancianos que resisten han sabido de la peor manera que son los últimos de la fila en el protocolo hospitalario catalán. 

A las escenas de abandono y dolor ahora se acompaña el triste espectáculo político del “nosotros lo hubiéramos hecho mejor”. Algunos líderes y sus portavoces utilizan a los muertos para ganar puntos en sus objetivos políticos, sea la independencia o el Gobierno del Estado. 

Mientras se moría, consciente de ello, a mi padre le gustaba que me acercara a su cama de hospital para oler mi perfume. También pedía que diera vueltas a su alrededor y, a continuación, tocaba suavemente los tejidos que vestía. Era hijo de un fabricante y vendedor de telas; adoraba el cheviot. Los últimos días que pasamos en paliativos del Oncológico de Bellvitge (gracias, una y otra vez, a las enfermeras y médicos que lo cuidaron), más que hablarme de su vida me la ofrecía maquillada.

 Nunca fueron tan bonitas las lagunas de Ruidera que en sus recuerdos: era joven y navegaba entre juncos y álamos blancos, buscando patos, apuntando al cielo. Tuvimos tiempo. Pude aceptar sus disculpas, perdonar las ausencias y almacenar los últimos piropos. Hicimos lo que el coronavirus ha impedido a tantos hijos y padres durante este largo confinamiento.  (...)

Desde que el Ejército inició la desinfección de los geriátricos que nadie quería o podía limpiar, comenzó el juego del “yo soy mejor”. “Con la independencia habríamos actuado antes, no tendríamos tantos muertos ni tantos infectados”, asegura Meritxell Budó, portavoz del Govern. ¿Pruebas?, ninguna. Solo 13 días antes del anuncio de confinamiento, la cúpula de Junts per Catalunya, con Puigdemont y Torra a la cabeza, llenaba Perpiñán de fieles. 

En Cataluña, donde los partidos nacionalistas e independentistas han gobernado durante unos 33 años, la mayoría de los geriátricos se han privatizado; muchos de ellos son propiedad de compañías y fondos de inversión internacionales que se han beneficiado de ayudas públicas. Durante el confinamiento, esas residencias y los escasos centros públicos han sumado 2.000 fallecimientos. La responsabilidad no es de Madrid; hace décadas que fueron traspasadas las competencias de Sanidad y Asuntos Sociales.

No queremos volver a ver cómo las familias se despiden desde lejos, llorando a gritos, mientras un sacerdote enmascarado pronuncia un rápido e impersonal responso. A los muertos de esta crisis vírica y a sus familias hay que darles un responsum, una respuesta. Déjenlos descansar en paz a ellos y a sus familias, guarden respeto. Señores políticos, por lo menos mientras enterramos a nuestros muertos, mantengan la decencia."                  (Rosa Cullel, El País, 22/04/20)

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