"(...) En
los Estados Unidos, en particular, se ha hecho muy poco y demasiado
tarde para contrarrestar el desempleo causado por la pandemia con la
creación de otros puestos de trabajo en la sociedad.
Por ejemplo, el
aumento de la contratación en los servicios de entrega a domicilio
(vinculados al comercio electrónico) está lejos de haber absorbido los
millones de personas despedidas por restaurantes, bares, grandes
comercios, hoteles, aerolíneas, etc. Hubo una explosión de la espiral
regresiva.
Sin
embargo, nada de eso era inevitable. Como el gobierno de EE.UU. había
hecho con el New Deal en la década de 1930, podría haber implementado un
programa federal de empleo masivo para dar trabajo a los millones de
personas despedidas por los empleadores con el «cierre» el sector
privado.
Entre las tareas socialmente útiles para los titulares de
empleos federales podrían haber figurado las campañas masivas de pruebas
de coronavirus en todo el territorio de los Estados Unidos; la limpieza
y desinfección periódicas de los espacios públicos; la reorganización
de las instalaciones públicas para asegurar el distanciamiento social;
cursos a través de medios de comunicación o de las redes sociales para
los alumnos y estudiantes de las escuelas públicas (así como para el
público en general con ganas o necesidad de seguir aprendiendo); una
evolución de toda la producción y la economía para satisfacer las
exigencias ecológicas; la creación de una red de cooperativas de
trabajadores; etc. (...)
es irracional privar de empleo a los
trabajadores y trabajadoras cuando existen las herramientas, el equipo y
las materias primas necesarias para producir bienes y servicios
socialmente útiles. También es socialmente irracional dejar inactivos
los lugares de trabajo en los que se acumulan «el óxido y el polvo», en
lugar de reconfigurarlos o reestructurarlos para que sean lugares de
trabajo seguros y socialmente útiles.
Es irracional ignorar la salud
mental y física que procura todo trabajo no alienante, sumiendo a
millones de trabajadores y trabajadoras en el desempleo. Por último, y
por sobre todo, es irracional privar a la sociedad en su conjunto de los
bienes y servicios que pueden ser producidos por los trabajadores
cuando tienen trabajo. Si el sector capitalista privado no puede o no
quiere volver a emplear a estos desempleados buscando la manera más útil
para la sociedad, entonces esta tarea le corresponde al gobierno, que
puede y debe hacerlo.
Si
el interés por las ganancias privadas lleva a los capitalistas a tomar
decisiones socialmente irracionales -como el despido de millones de
empleados/as-, entonces la sociedad ya no debería considerar la ganancia
como el criterio decisivo. Deberíamos sustituir este sistema basado en
el beneficio privado por otros criterios en la toma de decisiones de las
empresas.
Este nuevo sistema podría asociar a las empresas privadas y a
las empresas públicas en cooperativas de trabajadores y trabajadoras.
En empresas de este tipo, los trabajadores y las trabajadoras tomarían
democráticamente las decisiones relativas a la empresa: todos/as
tendrían los mismos derechos a la hora de votar.
Y
mejor aún, otros dos grupos de interesados/as podrían participar
igualmente de manera democrática en la toma de decisiones: 1° los
consumidores de la producción de cada empresa; y 2° los habitantes de
las localidades en las que opera cada empresa.
Un
sistema como éste determinaría como objetivos esenciales la calidad y
la seguridad de los puestos de trabajo, el consumo y la residencia, y
son esos criterios los que permitirían evaluar la rentabilidad de las
empresas.
Las
cooperativas de trabajadores y trabajadoras, en tanto que marco de
trabajo para los millones de personas que han quedado desempleadas a
causa de los desastres causados por el capitalismo, tienen un propósito
específico. Los trabajadores y trabajadoras de las cooperativas de
trabajo podrían ver con más claridad y reaccionar mucho antes a la
irracionalidad fundamental del desempleo causado por el capitalismo. (…)
El
establecimiento de un sector de ese tipo en los Estados Unidos
permitiría que los estadounidenses tomaran verdaderas decisiones sobre
su propio sistema económico. Los ciudadanos podrían observar, comprar y
trabajar en empresas organizadas como cooperativas de trabajo asociadas y
compararlas con sus homólogas organizadas según criterios capitalistas.
En segundo lugar, las opciones democráticas adoptadas con conocimiento
de causa permitirían que el pueblo de los Estados Unidos decidiera cómo
combinar los dos sistemas económicos alternativos.
El
hecho de avanzar hacia esas perspectivas ayudaría enormemente a
encontrar y explotar nuevas formas para salir de esta crisis por arriba,
no por abajo; a imaginar un futuro positivo ante las ruinas
catastróficas de una pandemia y de un crash capitalista mayúsculo."
(Richard D. Wolff es profesor emérito de economía en la Universidad de Massachusetts, Amherst, Rebelión, 13/05/20, fuente: Trouthout)
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