"El Covid-19 vino a poner de manifiesto el papel
imprescindible del Estado en la sociedad. La pandemia reivindica la filosofía
aristotélica: existimos como sociedad y la política y el Estado son
imprescindibles para su funcionamiento. Lejos han quedado los dichos de
Margaret Thatcher en sus años de fama: la sociedad no existe sólo hay hombres y
mujeres individuales.
Los empleados del Estado no son esos vagos improductivos,
estigmatizados por el neoliberalismo dominante y sus empresarios soberbios. Los
trabajadores de la salud están dedicando las 24 horas del día a salvar a sus
compatriotas: médicas y médicos, enfermeros y enfermeras, personal de
servicios, trabajadoras sociales, bioquímicos, personal técnico y choferes de
ambulancia. Ninguno vive en la abundancia. No buscan más dinero, ni les importa
arriesgar su propia vida en el trabajo que realizan. Los que fueron
cuestionados en el pasado son hoy aplaudidos.
En el plano económico, los mercados están atontados y no
salvan a nadie. Las bolsas se hunden, el dólar se dispara, las empresas se
detienen, los sistemas de transporte se interrumpen. La autoregulación de los
mercados, que nunca ha funcionado muy bien, con la pandemia ha dejado funcionar
del todo. El Estado ha tenido que venir a salvar empresas y ayudar a las
personas que han dejado de percibir ingresos.
Empresas y ciudadanos apelan al Estado para que los defienda
de la crisis. Nadie espera nada del mercado. Este no es capaz de responder en
la coyuntura con sus reglas habituales. El coronavirus está haciendo posible lo
que hasta hace poco era imposible: está cambiando el sentido común. Cuando
la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad están en peligro
nadie se escandaliza si el Estado interviene empresas, asume la responsabilidad
de la producción de alimentos y asegura la provisión de agua, electricidad, gas
y medicinas.
Los gobiernos en todo el mundo han tenido que recurrir a
políticas keynesianas, políticas estatistas, para la sobrevivencia de las
personas y el sostenimiento de las empresas. Lo que antes era pecado ahora es
bendición. Los gobiernos han inyectado inmensas cantidades de dinero para
que las sociedades no se hundan en la miseria ¡Qué paradoja! Hoy día crecen al
infinito los déficits fiscales y las deudas gubernamentales para enfrentar la
pandemia.
Pero, antes, las políticas de austeridad redujeron la inversión
pública en investigación científica, en la protección del medioambiente y en
ampliar los servicios de salud. Aquí tenemos los resultados: los virus nos
atacan sin compasión, las vacunas se ven lejanas y los servicios de salud son incapaces
de atender la acumulación de enfermos en los hospitales.
El esfuerzo que significa sostener a un país en cuarentena
no puede ser garantizado por el mercado ni por tasa de beneficio alguna. En
medio de la crisis todos se encuentran en riesgo y piden que el Estado cubra
sus necesidades básicas, porque los ciudadanos tienen derecho a disponer de
ingresos y bienes esenciales, no importando su condición social. Es que la
sociedad existe.
Al mismo tiempo, los empresarios, antes reacios al actuar
del sector público, ahora reclaman un salvataje. Son muchos los que dicen que
no podrán sostener sus planteles de trabajadores si la inactividad se sigue
prolongando. Es que ahora el Estado es bueno.
En suma, en todo el mundo, y con mayor razón en Chile,
paradigma del neoliberalismo, cunde la perplejidad. Todo indica que la crisis
que actualmente estamos viviendo es un punto de inflexión en la historia. Al
término de la pandemia nuestras vidas y sociedades no serán iguales a las de
antes. Es seguro que se producirán cambios societales de envergadura. Desde
luego, terminará el Estado subsidiario y se abrirá paso a un Estado activo. Lo
dice el mismo Financial Times (03-04-2020): “Los gobiernos deben aceptar un rol
más activo en la economía. Deben ver
los servicios públicos como una inversión y no como un lastre, y buscar modos
para que el mercado del trabajo no sea tan inseguro”. 27.04.2020"
(Roberto Pizarro. Economista, con estudios de
posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva
Economía. Fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile,
ministro de Planificación durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle; Other News, 27/04/20)
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